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No need to argue

Nunca hubiera podido estudiar Derecho. Me hubiera vuelto loca en el intento.

Los tochos de teoría nunca han sido de mi agrado. Como diría una amiga mía, lo mío son los “calculismos” y las ideas felices.

Y digo esto porque hace unos días pude comprobar con regocijo que hice lo correcto alejándome hacia el lado de las ciencias.

Para entrar en materia contaré que hace un tiempo tuve lo que algún amigo calificaría, siempre de coña, como “sexy”: me dieron por detrás (con un coche) y yo di al de delante (a otro coche).

Debido a estos líos que las compañías de seguros se traen entre manos, no sé muy bien por qué pero acabé presentándome en un Juzgado como demandada (yo, demandada!!!).

Así que ese día me vestí para la ocasión, me peiné toda mona y traté de relajarme ante lo que sin duda se ha convertido en una de las experiencias más bizarras de mi vida.

Tras hablar un rato con mi abogado, entré a la sala. (Nota mental: hacer un post sobre las togas)

Dió igual, repito, dió igual haberme tragado todos los capítulos de Ally McBeal porque sin duda, éste fue infinitamente más intenso.

Decía que estaba yo en la sala: abogados a un lado y a otro, el Juez de frente, alguien de prácticas a su lado (que en esta vida hasta los Jueces pasan por la fase becario) y la clásica señora que se dedica a escribir todo lo que ocurre en un ordenador (que ya se han modernizado y han dejado atrás la maquina de escribir de las pelis).

Y empezó la función el juicio. Un “con la venia” inauguró el ir y venir de comentarios en un lenguaje indescifrable e irrepetible ahora mismo por escrito. Yo alucinada, claro. Me sentí como en clase de árabe, que no me entero de nada pero al menos me queda el consuelo de que hablan en otro idioma.

Y estaba yo con lo que creo que era mi cara de pánfila ante lo que estaba sucediendo cuando veo que mi abogado me hace una señal para que me acerque al micrófono a… ¡declarar!

Esto fue lo más de lo más. Yo en el micro, atendiendo a los abogados, cada uno con sus preguntitas y sus acusacioncitas, pero tranquila. Tenía claro que en un juicio cada uno hace su papel y yo confío ciegamente en la verdad y en la justicia, así que ¿por qué estar nerviosa?

Minutos más tarde encontré un motivo para estarlo. Deciden llamar al testigo Fulanito de Tal para que entre a declarar. En ese momento veo desfilar ante mis ojos al conductor del coche contra el que me estampé. Se dirigió al micrófono y prestó declaración.

Conseguí calmarme pero cuál sería mi sorpresa cuando llamaron a declarar a otro testigo de excepción: Menganito de Cual. ¿Y quién créeis que apareció allí? El que me dió por detrás (con esta frase del relato puedo asegurar que el 80% de los hombres que me leen han esbozado una sonrisa)

Igual que había sucedido antes, prestó declaración y se sentó. Los abogados siguieron hablando en su idioma inventado y el juicio terminó (creo, yo es que estaba un poco perdida).

Lo escalofriante del asunto fue el reencuentro de los tres implicados en el accidente y no por malos rollos, ni malas caras, ni nada por el estilo. Realmente lo penoso fue que unos años después les vi cambiados, les vi mayores, noté el paso del tiempo por ellos. ¿Lo notarían ellos también en mí? Ay, no quiero ni pensarlo…

De verdad, me senti como en una de esas películas en las que los malos se encuentran años después y comentan lo sucedido con un halo de misterio y voces entrecortadas. Es decir, así pero en real y en cutre, claro.

Hoy al llegar a casa me he encontrado en el buzón una nota de Correos. Me ha llegado una (nueva) notificación del Juzgado… a ver qué pasa ahora, la verdad es que estoy atónita y expectante ante el desarrollo del proceso que tengo abierto…

To be continued.