A escasa media hora de mi segunda clase de gimnasia, estoy lo que se dice cagadita preparadísima pensando en los dolores que voy a tener mañana.
Por si acaso al salir no puedo ni con las pestañas, actualizo antes. No me vengáis luego con quejas o bueno, igual sí, porque no voy a tener ni fuerza para contestarlas.
Creo que nunca he contado que en uno de mis anteriores trabajos mis compañeros me pusieron el apodo de “mail-scroller”. A pesar de lo clarificador del mote, lo explico: mail viene de e-mail (obvio) y scroller viene de que escribía tales parrafadas que siempre había que bajar la barra (scroll) para terminar de leerlos.
Como siempre he sido un poco rebelde, jamás intenté corregir este defectillo (otro tema Miss Understood, para mí los mails tenían la longitud perfecta). Jamás intenté corregir este defectillo hasta que me uní a Twitter y después a Plurk.
¿Qué se siente cuando pasas de tener cientos de líneas en blanco para ti a disponer únicamente de 140 caracteres? aaaagggghhhh…..eso mismo pensé yo.
Pues nada, que me ha tocado aprender a resumir, que me ha tocado aprender a sintetizar, que me ha tocado aprender a vivir con 3 líneas…un horror, vaya.
A mi favor he de decir que me he corregido y ahora, al escribir e-mails de los de siempre soy más escueta.
A mi favor he de decir que a pesar de escribir sólo en 3 líneas, mantengo una corrección en el lenguaje y no he pasado a escribir jeroglíficamente.
A mi favor he de decir que mis amigos de la etapa “mail-scroller” me siguen queriendo a pesar de haber perdido parte de mi identidad.
Así que invito a todo el que tenga esta diferente visión de cantidad de texto necesario a que se una a estas redes de comunicación (o microbbloging, que es mucho más chula la palabra). A mí podéis encontrarme aquí.
¡Y que a nadie se le ocurra decirme que ha tenido que dar a la ruedita para leer el post entero!

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