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Chicago

Estoy aún aterrizando del Primavera Sound y creo que hasta mañana no estaré del todo recuperada de estos días por Barcelona.

Han sido, como siempre, días intensos e inolvidables. No voy a  hacer un resumen de los conciertos que he visto, ni voy a volver a enumerar los muchísimos problemas que ha habido con las tarjetas de acceso, las colas, las escasas barras, las colas, los desplazamientos kilométricos y sí, las colas. Eso lo dejo para profesionales y aficionados con criterio.

Me quedo con mis historietas. De los festivales lo que más me gusta es que cada uno vive el suyo a su manera. No hay dos iguales.

He decidido que si algún día me caso, quiero que Jarvis Cocker pare un concierto para que me pongan el anillo. Se acabó eso de hincar rodilla en lugares recónditos. Quiero a Jarvis (y esto es en todos los sentidos).

El hotel de este año ha sido mi victoria particular, justo a la salida del Forum, para poder caerme muerta al mínimo signo de cansancio. Así se pueden vivir 100 años. O bueno, a lo mejor 100 no, pero sí 40. Eso nos ha contado mi amiga Cordobita: al parecer los abuelos de una amiga suya llevan 40 añazos viviendo en un hotel. Menudas risas nos echamos imaginándonos el momento en el que en recepción les preguntasen si “habían tomado algo del minibar” (enorme Mister Canas).

A lo mejor no es tan gracioso contado así, tomaos 3 Moritz y supongo que algo os ayudará. Y sí, por fin la he probado y sí, me ha gustado mucho. A quien corresponda: quiero un festival patrocinado por esta cerveza. Gracias.

En cualquier caso, lo que sí que he saciado ha sido mi sed de famoseo. Ya sabéis que soy tremendamente groupie, mitómana o fan (llamadlo como queráis). Se me escapó Jarvis el sábado por la mañana saliendo del hotel pero a cambio fiché por allí a La Bien Querida, a Felipe (Fresones, Cola Jet Set, etc), los Hidrogenesse recomendándonos qué vinilos comprar y cómo no, a mis adoradísimas Nosoträsh, que me dedicaron un disco y con las que estuvimos hablando un rato. Nunca sabes de lo que vas a hablar con alguien de quien eres admiradora así que jamás imaginamos que hablaríamos con ellas de nuestros problemas con los empachos y de lo mayores que nos hacemos.

Las que no han envejecido (o al menos lo han hecho de una forma estupenda) han sido las canciones del “Popemas”, que sonaron maravillosas y casi me sacan una lagrimilla. Para mí ha sido uno de los momentos más especiales del festival, al lado de amigos que iban a venir desde el principio (love you!) y otros que se apuntaron en el último momento y creo que  no se arrepintieron.

Fenomenal también Sufjan Stevens (¡para mi próximo truco necesito unas alas gigantes!), la magia de PJ Harvey, los bailes que nos echamos con Javiera Mena, la bola gigante de The Flaming Lips, la cara de alguno viendo a Grinderman,…

Y cómo no, va a ser imposible olvidar a todos los que nos encontramos por allí: amigos venidos desde Mexico o Londres e incluso desde Bilbao, tuiteros a los que puse cara, tuiteros a los que quise ver y al final no vi (hay que organizarse mejor la próxima vez), tuiteros a los que leí y cómo no, el trío más maravilloso que se puede una encontrar en una habitación de hotel. ¡Que vivan los Gin&Tonics después de una buena paella!

¿Sabéis qué le decía Isabel Pantoja a Paquirri cuando volvía de cazar? “-Paco, los zapatos”.

All things go, all things go…

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Agur

Mala noticia la del día de hoy: se ha ido Pedro. Me he quedado bastante impactada.

Los que me conocéis y/o alguna vez me habéis leído, sabéis de sobra que La Buena Vida es un grupo que me encanta y siempre me acompaña.

Además de la música a mí me deja una sonrisa al recordar ese día de noviembre en el que se pasó el rato hablándonos en perfecto inglés de Oxford. Enorme.

Goian bego.

Barbra Streisand

Despertarte una mañana con un señor a tu lado.

El señor apunta buenas maneras y has pasado una noche lo suficientemente agradable como para que cuando se levante para ir a la cocina, al pasar por delante del equipo de música y te pregunte “¿Puedo poner a Barbra Streisand?”, tú te imagines que es un romántico empedernido y que quiere escuchar contigo temazos tipo “Memory“, “Woman in Love” o “The way we were“.

Decirle que sí, que ponga lo que quiera. Y acompañarlo de una sonrisa.

Sonar Barbra Streisand, pero no la artista sino la canción de Duck Sauce.

Bajársete todo.

(Y aunque suene a topicazo, esto le pasó a una amiga mía)

Cien metros para el cementerio

Hace poco más de un año conocí a Irantzu Valencia. Por aquel entonces ya hacía unos meses que había dejado La Buena Vida y el grupo seguía su andadura en masculino.

Irantzu desprende algo especial, tan sencilla como se presenta y siendo a la vez tan grande. Hablamos de bastantes cosas, que, con vuestro permiso, prefiero guardar para mí. Lo que sí que os puedo decir es que fue ella quien me habló de Kawabata, escritor japonés al que leía y admiraba por su sensibilidad y la forma en la que redactaba sus libros.

Viniendo la recomendación de alguien como ella, me compré algunos libros del autor. Ayer terminé “País de Nieve“, que no es el que más me ha gustado de todos, pero sí que me ha dejado una sonrisita al haber descubierto “algo”.

He buscado en internet (y a pesar de que hay quien cree lo contrario, sí que sé buscar cosas en Google) y no he visto ninguna referencia al respecto, así que me aventuro a contaros que es posible que la canción que cierra el “LP2″ de Los Punsetes esté inspirada (sorprendentemente) por este libro.

Hacia el final del libro, una chica canta una canción tradicional infantil japonesa que dice lo siguiente:

¿Ves a lo lejos, a lo lejos,
tres cedros y tres perales,
seis en total? ¿Los ves?
Debajo, tienen nidos de cuervos,
y encima nidos de gorriones.
¿Sabrán algún nuevo canto?
Hakamairi Itchô, itchô, itchô ya.

Esta última frase, viene traducida a pie de página como “Onomatopeya que imita el canto de los pájaros y que significa literalmente “Cien metros hacia el cementerio, cien más, cien más, y ya estamos allá”.

Os imaginaréis el bote que pegué en la cama al leerlo, ¿no? Si te gustan Los Punsetes y has escuchado su último disco, estas palabras no pueden pasar desapercibidas cuando las lees de manos de alguien que las escribió en 1.948.

Me levanté de la cama, cogí el iPod y escuché la mencionada canción. Acto seguido para mí cobró sentido también eso de “Y las mariposas que había en la pared ya cubren la alfombra del cuarto del hotel”, frase sin sentido aparente (hasta hilarla con el libro) dentro de la canción pero que hace referencia a esa estación otoñal que vive el protagonista.

¿Por casualidad o intencionadamente? Sólo Los Punsetes lo saben…

PS: Edito para confirmar que según me comenta Anntona vía Twitter, mi suposición es cierta

Mi primera combustión

Hoy a todo el mundo le gustan los Love of Lesbian. Parece que se ha desatado una especie de locura colectiva con ellos. Me alegro por el grupo porque llevan ya unos cuantos añitos en la brecha.

No me alegro tanto por mí. Hace mucho que no se puede ir a un concierto suyo sin ese rollo karaoke que se vive últimamente cada vez que actúan. Se tiene o no se tiene, supongo.

A mí me gustaban más cuando John Boy no existía, “so hippie” no figuraba en mi agenda del móvil y su primera combustión parecía escrita para alguien de quien ahora apenas me acuerdo.

Soplaron las cenizas. Volaron las cenizas.

La #egbindie

Cuando Makoto nos pidió a Körkarlen, a Morgan y a mí alguna recomendación musical, el señor Körkarlen creó el concepto #egbindie. Desde entonces, nos hemos dedicado todo el curso a “enseñarle” nuevos grupos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa. No negaré que Makoto es un buen alumno y apunta maneras. Ha escuchado todo lo que le hemos propuesto y ahora tiene entre sus manos entradas para un par de festivales. Sin embargo, a mí aún me quedan dudas sobre si podemos pasarle a segundo curso o si tendrá que repetir primero.

Dicho esto, propongo un juego que sirva para demostrar los conocimientos de cada uno. Es un juego abierto a todos los que queráis participar. Quien consiga identificar el mayor número de nombres de entre los 20 grupos escondidos en el siguiente texto (inventado 100%, aviso), tendrá un detallito made in Miss Understood. Los nombres pueden estar puestos de forma exacta o adaptados (traducidos, por ejemplo).

Los comentarios, los podéis dejar debajo. Las respuestas con los grupos, si no queréis dejarlas visibles, las podéis enviar a miss@missunderstood.es

¡Empecemos!

“¡Por fin es martes y puedo tachar un día para que llegue el fin de semana! Este año coincide con la festividad de los difuntos, así que podríamos llamarle “El fin de semana de los vampiros”. Personalmente, la fiesta me parece un espanto. No colaboro disfrazándome pero entiendo que los bares y las tiendas de disfraces hagan su agosto en pleno noviembre.

El año pasado fui, precisamente, a casa de Makoto. Empezamos con unos vinos en La Buena Vida (venga, este es fácil!!!) y después nos fuimos a tomar unos cortos por el barrio Húmedo. No hay que perder de vista que estos chicos son los reyes de León y se conocen la noche como la palma de sus manos. Como suele sucederme, en la cola del baño conocí a una chica. Dijo llamarse Simone. Parecía una rubia australiana y se podría haber dicho de ella que era de Neguri, de los Smith de toda la vida aunque como ella más tarde reconoció “Soy de Barcelona”.

Nos pusimos a hablar. Era del tipo de personas que mezcla palabras en inglés con otras en castellano en su discurso, así que no me sorprendió que me preguntara que “si seguía single o que si por el contrario tenía family”. Muy cool. Muy kitsch. Le respondí (en un intento de parecer tan divina como ella) que me dedicaba a mis amantes y que yo así estaba deluxe.

Se rió y me respondió que ella creía firmemente en la existencia de hombres en todos los planetas y que nos estábamos perdiendo muchas aventuras por culpa de los escasos avances en la fabricación de cohetes.

¡Toma ya! Mi interlocutora resultó ser una soñadora. O eso fue lo que pensé yo cuando añadió (muy en su línea) “Oh! What a lovely luna”. Icé mi linda mirada (así de mona soy yo, jiji) al cielo, momento que aprovechó para robarme la cartera.

Y no sé si fue la tontería del momento o más bien las copas del momento, pero el caso es que no me di ni cuenta y me despedí de ella con un sentido “Adios, Simone”.

El final de la historia os lo podéis imaginar: ni se llamaba Simone, ni era de Barcelona, ni nada de nada. La chica era una maga de los robos y una vieja conocida de la policía, huída de la justicia desde hace años y en busca y captura por algún delito digno de película de Tarantino.

La están buscando en Phoenix (Arizona) aunque parece que tienen otra posible pista en Niza. Sinceramente, por mucho que busquen, a ésta no la encuentra ni la Interpol. Parece que en esta ocasión, Dios sí que ayuda a las chicas.”

Eleanor Rigby puts her boots on?

Leo hoy en el periódico que se ha muerto Lucy, la de los diamantes en el cielo.

Mi amigo Sueños Polares me preguntó una vez cuál era mi canción favorita de los Beatles. Difícil pregunta, ¿verdad?

Él tiene una teoría curiosa. Si se le pregunta por su canción preferida de los Beatles su respuesta será: “la última que he escuchado”. Dice, y no le falta parte de razón, que son tan buenos que cada vez que oyes una canción piensas que es la mejor y, si acto seguido escucharas otra, volverías a pensar “ah, no, ésta es la mejor, ésta es mi preferida”. Algo que, como es de suponer, se caería por tierra con la siguiente canción que escucharas.

Mi respuesta es menos ambigua ya que desde que la escuché por primera vez, y a pesar de que hay muchas (muchísimas) que me gustan, mi preferida siempre ha sido “Eleanor Rigby”. Me gusta la letra, me gustan las cuerdas que suenan en la canción y me gusta cómo la canta Paul. Es una canción triste pero me atrapa cada vez que suena.

Otra Eleanor, la de las botas, también me engancha cuando la oigo, esta vez en boca de Franz Ferdinand. Algo melancólica, la canción se sale del habitual y más enérgico estilo del grupo. Desde luego, es diferente. Supongo que por eso me gusta.

A la misma Eleanor está dedicado “Sound bites“, el libro de Alex Kapranos (cantante del grupo). Dejando a un lado el hecho de que nadie le haya corregido para decirle que se dice pintxos en lugar de pinxos cuando se habla de San Sebastian, el libro es todo un anecdotario gastronómico recogido a lo largo de un año de gira mundial.

Sebas dice que serán los U2 del futuro. Yo preferiría que fueran los Beatles del futuro con sus Eleanor comunes y así dejamos el puesto de U2 a los Killers, ¿no? Estoy deseando ver a Joaquín Reyes haciendo un Celebrities del señor Flowers…

The 90’s

¡Ay, los 90!

Aquella maravillosa época de hombreras y vaqueros Bonaventure con chapitas en los bolsillos de detrás que nos tocó vivir a algunas.

Plena época del instituto, primeros años de Universidad, en fin, qué os voy a contar: tiempos inolvidables e irrepetibles.

En lo musical se podrían hacer incontables posts pero como para eso ya existe prensa especializada, pues casi que lo voy a dejar a un lado.

Sin embargo esta tarde, entre un e-mail y un documento, me he puesto a surfear por la red y he encontrado aquí una viñeta que me ha llevado de vuelta a las cintas de cassette y los flequillos imposibles.

Aviso: es friki a más no poder (al menos eso me han dicho mis compañeros).

Llegados a este punto, un guiño de ojo a todos los que lo hayáis entendido ;-)

Y llegados a este punto, una explicación a todos los que no lo hayáis entendido:

Corrían los primeros ‘90 cuando un señor rapero llamado M.C. Hammer arrasó en ventas con su archiconocido “U can’t touch this”.

Prácticamente a la vez, otro rapero (blanco, para más señas) apodado Vanilla Ice hacía lo propio con su celebrado “Ice Ice Baby”.

¿Qué tienen las dos canciones en común? Que en algún punto de las mismas se mencionaba la palabra “Stop”.

¿Adivináis cómo continuaba la de M.C. Hammer? Ni más ni menos que con un “hammertime”. Oh la la, ya lo vais adivinando, ¿no? Después de la palabra “Stop” la canción de Vanilla Ice seguía con un “collaborate and listen”.

Bien, ya he dicho que era algo friki pero es que me ha vuelto loca el chiste.

Y si algún incrédulo ha conseguido llegar hasta el final, os diré que podéis comprobar aquí lo del “U can’t touch this” (02:10) y aquí lo del “Ice Ice baby” (00:25)

No puedo prometer que el próximo post sea menos rarito, ya sabéis que las ideas vienen (parafraseando a mi ex-empresa y sus posters en las paredes) “en cualquier momento” y yo me limito a dar buena cuenta de ellas.

La princesa está triste

De nuevo lunes tras un gran fin de semana de conciertos con mi amiga Loreal (”con lo que nosotras valemos”).

Una vieja conocida entre los que subieron al escenario: Lourdes estuvo más Russian (por fría) y más Red (no hay más que ver la iluminación que le pusieron) que nunca.

Estuvo triste, estuvo sosa, estuvo sin ganas de estar. Hizo un concierto aburrido como pocos he visto yo en la vida. Fijaos si fue aburrido que sus fans de primera fila abandonaron antes de que terminara la actuación por miedo, sin duda, a caer dormidos igual que si les hubiese picado una mosca tse tse.

Todo esto me ha dado qué pensar.

Imaginad un día en vuestra vida en la que no os apetezca en absoluto ir a trabajar. Tampoco hay que echarle demasiada imaginación: pongamos tal día como hoy. ¿Qué hacer ante tal situación? En mi caso es sencillo: llego a mi sitio, saludo a mis compañeros, hago el chascarrillo justo sobre el fin de semana, enciendo el ipod y me meto en mi mundo a salvo de conversaciones no requeridas.

Entiendo que es un privilegio poder hacer esto ya que no trabajo de cara al público. También entiendo que estar siempre de buen humor cuando se trabaja de cara al público es algo imposible y que uno no siempre tiene ganas de estar ahí, dando lo mejor de sí mismo.

Y mi comprensión puede llegar lejos, pero cuando se trata de complacer a gente que ha pagado por verte, ay amiga…ahí la circunstancia es diferente: ni comprensión, ni nada de nada. En lugar de hacer de tripas corazón durante una hora (al fin y al cabo, ¿qué es una hora comparada con toda tu vida?), Lourditas apenas dio las gracias y presentó a su banda. Triste y floja, no me creí que de verdad estuviera “muy contenta de estar allí”.

Está claro que algo le ocurría y está claro que ella, a diferencia de mí, no puede enchufar el ipod y olvidarse de todo lo que pasa a su alrededor. O igual sí, y por eso fue una especie de funcionaria del escenario, que llegó, cumplió y a su hora se fue.

La princesa está triste ¿qué le pasa a la princesa?

No lo sé, la verdad. Lo que sí que sé es que yo me borro de ser su fan hasta que alguien me diga que ha vuelto a hacer un concierto pensando en su público, que lo tiene.

Como un fan

Otro momento Miss Understood a tope.

¿Que por qué decidí yo a mis 30 años ser la groupie que nunca fui con 17? Vaya usted a saber, a día de hoy yo me lo sigo preguntando.

Para poneros en situación describo el contexto en el que se desarrolló el patético incidente. Un viernes de enero cualquiera, un concierto en una pequeña sala de Madrid y varios amigos tomando cervezas.

Uno de ellos me comenta que “ha visto a Miren (Tulsa) entre el público”. Yo, que no dejo de preguntarme qué le habrá pasado a esta chica en la vida para haber hecho un disco tan amargo y tan precioso a la vez, sonrío con la simple ilusión de verla a unos metros de mí.

Finaliza el concierto, finaliza mi (creo) tercera cerveza y animada sin duda por la euforia etílica del momento y con la fuerza y subidón de moral que me da mi amiga la Reina para que me acerque a ella, pongo rumbo hacia la voz a la que sólo he tenido el placer de escuchar enlatadamente.

El momento groupie que allí se vivió fue penoso. Fui, lo que se dice, la peor versión de mí misma. Porque ¿qué necesidad había de preguntarle por sus letras o por su próximo disco? ¿qué necesidad había de decirle que me encanta su trabajo o que tiene una voz muy personal y un estilo poco común? ¿qué necesidad había de alabar sus cualidades como artista?

¿Qué necesidad había de todo eso cuando se puede ser tan pazguata como para balbucear, decir frases tontas dignas del más puro estilo teenager y aparentar un escaso criterio musical?

Efectivamente, ésa fui yo. La fan menos fan, rozando la vergüenza ajena con cada una de mis palabras.

Ella estuvo fantástica, igual que la Reina, que trató de salvar la situación lo mejor que pudo. Yo, nada más abandonar la bochornosa situación creo que tomé otra cerveza en un intento de borrar aquél insulso monólogo de mi mente.

La lectura positiva de todo esto es que a partir de entonces ya puedo hablar de que en mi vida, una vez me acerqué a uno de mis ídolos. Una cosa menos pendiente en mi lista de “must do” antes de morir.

Eso sí, una y no más: primera y última experiencia fanática de mi vida.

Si en abril Kapranos me pilla a mano no habrá nada ni nadie en este mundo capaz de convencerme para que me acerque a él. No puedo ni imaginarme repetir toda esta historia con el agravante del inglés…