Elegir a una persona amiga de las dobleces y dejar que actúe libremente.
Coger un pizquín una pizca de Lady Gaga y Beyoncé en este vídeo, concretamente la que dice que “la confianza es como un espejo: puedes arreglarlo si está roto pero seguirás pudiendo ver la grieta en el reflejo” (05:21).
Añadir la sabia voz de mi amigo el de los sueños polares, recomendándome que nunca debería fiarme de quien una vez no me quiso como yo me merecía.
Preparar una disolución a partes iguales de lágrimas de rabia y lágrimas de decepción. Mezclarla con los ingredientes anteriores. Se obtendrá una masa homogénea y explosiva que pasará a denominarse “entuerto”.
Dejar reposar el entuerto unos días, a la espera (ilusa) de que se deshaga solo con el tiempo o, en el mejor de los casos, de que se te olvide y tu vida continue al margen del mismo.
Si pasado un tiempo prudencial el entuerto no tiene pinta de hacer ninguna de las dos cosas arriba mencionadas, se recomienda pasar a un nuevo plan de acción. No olvidemos que el entuerto por su carácter explosivo podría saltar por los aires en cualquier momento.
Así pues, se pasará a juntar a un par de amigas y compartir con ellas la receta. Ellas te orientarán sobre los fallos en la ejecución de la misma y te darán pistas para mejorar tus artes y que esto no vuelva a sucederte en el futuro.
Tras el akelarre, dirigirse a la persona que se ha elegido al inicio de este post y plantearle una partida de tute, a ver si con un poco de suerte le puedes cantar las cuarenta.
Deshecho el entuerto con esta acción, se procederá a finalizar la receta con la lección aprendida y una nueva por delante: ser feliz al margen de infelices.



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