La semana pasada un twittero/plurkero puso esta canción (por cierto, ayer la oí en un anuncio en Cuatro) y al escuchar su letra me vino a la cabeza una teoría que comparto absolutamente con mi amiga Campanilla, que dicho sea de paso, es una gran sabia.
En la clásica historia chico-conoce-a-chica no puede haber más diferencias entre cómo se comportan ellos y cómo lo hacen ellas. Es impresionante ver (y vivir sufrir) la riada de sentimientos películas en la cabeza que se desencadena por una simple toma de contacto. Generalmente más en las mujeres que en los hombres. Bueno, qué digo generalmente… el 98% de las ocasiones en las mujeres frente al 2% en los hombres.
Y es que las mujeres tenemos esa asombrosa capacidad de ver algo donde no hay nada, de inventar pensamientos y voluntades de otros, de imaginar el futuro o de adivinar el motivo que lleva a alguien a reaparecer. Sí, sí, todas esas cosas somos capaces de hacer (es que tenemos poderes, por si no lo sabíais, chicos)
La gran y terrible consecuencia de todo esto es que en el hipotético caso en que él se decidiera por fin a plantearnos una cita nosotras ya llevaríamos una serie de semanas saliendo con él en nuestra cabeza.
¿Que por qué? Pues porque exactamente para ese momento habremos analizado cada palabra de su última señal de vida, se la habremos contado a nuestro círculo más íntimo de amigas (¿digamos unas 5?), probablement se lo habremos contado a nuestro amigo más cercano porque queremos la opinión de un hombre al respecto, habremos imaginado cómo sería su llamada, nos habremos cabreado porque no llamaba, habremos comentado con nuestro círculo más íntimo de amigas (ampliado ya a 10) que el impresentable todavía no se ha dignado a llamar, habremos mendigado una palabra de ánimo a ese amigo hombre, habremos salido a buscar en las tiendas algo que ponernos para ese día, habremos consultado el posible modelo con nuestro círculo más íntimo de amigas (esto ya alcanza por lo menos a 15 consejeras) y no habremos pedido el día libre en el trabajo para estar estupendas, pues casi de milagro…
Aunque algo exagerado (lo reconozco) parte de razón hay en el párrafo anterior. Ahora bien, y aquí voy a defender a las chicas, esta parafernalia de pensamiento que tenemos a veces os viene de maravilla a los hombres. Y os viene de maravilla porque lo mismo pensamos en positivo sobre nuestro futuro en común que pensamos en positivo sobre nuestro no-futuro en común.
Que levante la mano (o bueno, que lo deje escrito en los comentarios) toda aquella que en alguna ocasión haya pronunciado frases del tipo “seguro que está hasta arriba de trabajo y por eso no me llama” o “estoy convencida de que tenía algún compromiso ineludible y por eso no puede quedar”.
¡Ja! ¡Tonterías de las grandes! No llaman porque no quieren llamar y no quedan porque no quieren quedar y nosotras les excusamos a la mínima, con esa inventiva que Dios nos ha concedido. Y lo peor es que es precisamente esa inventiva que tenemos la que les hace seguir aprovechándose de la ventaja que les otorgamos… ¡Qué bien les viene a los hombres que seamos como somos!
La imaginación desbordante es la única explicación a que chicas hechas y derechas estén perdiendo el tiempo (sí, eso es lo que he dicho: perdiendo el tiempo) en inventarse historias que justifiquen lo injustificable.
Así que lindas flores, desde aquí mi consejo: son tiempos de aparición de historias. Elegid bien a vuestros zánganos, que es primavera y está el jardín lleno…

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