Muchos cambios en el trabajo y muchos planes de fin de semana hicieron llevadero Julio. De lo primero salí (creo) airosa y de lo segundo (sé) feliz: llegó Olivia, CBM, paella en el norte y mi grupo de amigos festivaleros con los que pude, por fin, ver al último de los playboys internacionales. ¡Qué hombre! Enorme.
Y en Agosto, al fin vacaciones. Tras la decepción Kravitz-RIR y con necesidad de coger ideas para mi recién iniciado blog (gracias!), no pude hacer otra cosa más que poner rumbo a tierras cálidas y aguas cristalinas. Horas y horas de sol sin hacer n-a-d-a. Maravillosa combinación para unas vacaciones. Y mientras descubríamos los paraísos que nos aguardaban, sonaba Giusy.
La vuelta en Septiembre como todos los años fue dura. Para remediarlo, decidí matricularme de árabe (por si mi vida hasta el momento no tenía suficiente emoción). También llegó Casilda. Me quedé (me quedaron) sin saber quién es en realidad esta chica y me dediqué por lo tanto a planificar el resto de mi agenda hasta el fin de año.
En Octubre vino mi hermanísima unos días: pase-amos, restaurante-amos, compr-amos y aún así nos quedó tiempo para acercarnos a ver un concierto a la desaparecida (?) Riviera. Mítico día, por lo inusual de la compañía. De todas formas, y lejos del circuito menos convencional, me sigo quedando con Amaral y ese final de tintes afrancesados con Refree sentado al piano de cola. Fue, parafraseando otro de sus temas, el momento perfecto y el lugar correcto.
Y con Noviembre llegó (más) la crisis y se empezaron a notar (más) los efectos de que el ocio nocturno interesa a los responsables cuando interesa. Eso sí, sigue sin interesar a los que velan por nuestra salud y permiten las intoxicaciones a las que nos someten con ese alcohol de tercera regional que pagamos a precio de oro. Yo creo que no fui la única que se dedicó casi exclusivamente a las cervezas aquel día de concierto, en un intento de preservar el aparato digestivo.
Si me léeis de vez en cuando, ya sabréis que Diciembre llegó cargado de bodas y de anuncios de futuras nupcias. Diciembre también llegó cargado de cenas con amigos y compañeros, de amigos invisibles y sobre todo de endiablados amigos visibles una noche de cocido.
En resumen, un 2008 cargado de horas de trabajo que he intentado contrarrestar con cuantos planes interesantes han estado a mi alcance. Me alegro al menos de haber mantenido constante mi puntuación del frikitest, que no es poco. El 2009 viene igual de fuerte así que yo, por el momento, voy a coger fuerzas estos días de remate del año.
A todos los que habéis llegado hasta aquí: ¡Feliz 2009! ¡Nos vemos en la red!
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