Hay una frase que hace tiempo que no digo: “Yo conozco a esta persona”. Antes la decía pero hace mucho que la he eliminado del repertorio porque considero que hay muy poca gente a la que conozco de verdad.
El ser humano tiene muchas miserias que oculta a los demás y paradójicamente aparecen en los momentos más inapropiados.
Una vez invité a unos amigos a cenar a casa. Lo pasamos bien, ésa es la verdad. Me reí mucho y consideré la reunión todo un éxito. Hasta el día siguiente, claro.
Cuando me puse a recoger me di cuenta de que “por arte de magia” habían desaparecido un vaso y un mantelito. Como dice mi amigo el Blondie que es muy feo acusar de robo, no voy a decir que me robaron un vaso y un mantelito; voy a decir simplemente que ambos objetos hicieron como el enano de Amélie y decidieron dar un nuevo rumbo a sus vidas. Ahora bien, creo que a nadie se le escapa (se ponga el Blondie como se ponga) que alguno se los quedó de recuerdo.
Algo parecido le ocurrió hace años a una de mis amigas. En aquella época salíamos con un grupito de chicos y una tarde mi amiga nos invitó a todos a su casa a ver una peli de ésas que nos sabemos los diálogos (ellos flipados con nuestros textos aprendidos de memoria, claro). Cuando la peli terminó, empezaron los vídeos que había grabados a continuación. Ése era su verdadero tesoro.
Por aquel entonces (cuando ignorábamos por completo que algún día existiría Youtube y podríamos ver todos los vídeos que quisiéramos) tener una canción grabada de la tele en el que aparece un modelo inglés con el que has compartido experiencias mientras estás trabajando en Londres para aprender el idioma, creedme, es mucho.
Los chicos, además de no entenderlo, consideraron que era más interesante un vídeo que apareció a continuación. Creo que eran Guano Apes.
Pues bien, igual que mi vaso y mi mantel, la cinta VHS decidió poner un nuevo rumbo a su vida y abandonar a mi amiga, que lloró (en sentido figurado) la pérdida del único recuerdo de aquél chico modelo y de la película que tantas veces había disfrutado.
Y digo yo: ¿Qué clase de amigo es capaz de semejante bajeza? De verdad, yo no entiendo nada (de nuevo Miss Understood…)
Afortunadamente no me ha vuelto a suceder algo parecido y sigo “jugándomela” invitando a gente a mi casa. La diferencia es que ahora les hago firmar un inventario de objetos que no presto de por vida.
Esto último pretendía ser irónico, por cierto.
En fin, que considero que he cumplido mi parte avisando de que la gente, a veces, hace cosas que ni esperas ni comprendes. Sin más, paso a dedicar a mi amiga su vídeo perdido. Chicas, sí, ¡¡ella le conoció!!
Comentan