Febrero de 2009
Querida Miss Carrusel:
Llegaste con el frío pero llena de vida y alegría. Habías pasado estos últimos inviernos al calor de un infierno y luchaste a muerte por salir de él.
Renaciste al fin, como todas las flores, en primavera. Ya estabas curada, tu demonio particular seguía lejos y sabes que no hablo sólo de un mapa. Se te veía feliz y llena de planes y sin embargo, encontraste el tiempo suficiente para ir levantando el invisible muro que se alza hoy entre nosotras.
Tras un verano fatal, unos meses de reflexión y presa de la más profunda decepción, opto por despedirme de tí aquí, con palabras silenciosas porque me dolería decirlas en alto.
El muro crece y crece. Nuestros corazones se alejan y se alejan. Apenas nos quedan los restos del naufragio de lo que fuimos y (creo) nunca más seremos. Sólo te pido un favor: cuando no tengas nada que hacer y yo pase por tu cabeza conviérteme en un ser tan invisible como lo que hoy nos separa, que la gente que no suma, en realidad resta. Haré caso a Nacho y aceptaré que esto, en realidad, siempre se ha tratado de morir o matar.
Así que es hora de recapitular las ostias penas que me ha dado no el mundo sino la amistad que me has brindado. Recapitular y pasar página, comenzar de nuevo sin tí. Siempre me han gustado los comienzos, un tiempo precioso en cualquier historia.
Y si algún día me extrañas y vienes a buscarme, seguiré aquí, al norte de mí. Hablaremos del tiempo, acaso del Gobierno, quién sabe todo lo que puede pasar en ocho años y medio…
¿Volverás cuando estés limpia y yo no te haga falta? Con todo mi cariño: que te vaya bien, Miss Carrusel.
Miss Understood

0 Responses to “Que te vaya bien, Miss Carrusel”