Ponga a Neptuno en su vida

Tendría yo unos 17 añitos cuando en unas fiestas de verano (qué tiempos aquellos!) las primas de un amigo de la época me contaron exaltadas que habían hecho un conjuro con el mar.

A pesar del nivel de alcohol de todas las que integrábamos la conversación, me acuerdo perfectamente del ritual:

1. Quitarse el sujetador
2. Aproximarse al borde del espigón
3. Levantar el sujetador y agitarlo en el aire como si fuera un lazo de rodeo texano
4. Gritar mientras se gira el sujetador: “¡Neptuno, Neptuno, mándame alguno!”
5. Lanzar el sujetador al mar en señal de ofrenda para que un caballero aparezca en breve y se rinda a tus pies

En aquel momento, esas dos eran unas locas que se pasaron el resto de la noche sin ropa interior y, evidentemente, si ligaron fue gracias a aquello y no a Neptuno. O eso creía yo…

Años después (muchos años después) se dio la circunstancia de que fui con unas amigas a pasar la noche de San Juan a un pueblo en la costa mediterránea.

Como de todos es sabido que la noche de San Juan es la noche más mágica del año y que no hay que dejar pasar la ocasión de formular deseos y conjuros y desterrar de tu vida todo lo malo, nos dedicamos a explorar en internet (bendito Google, yo no sé qué haríamos sin él) posibles versitos que recitar mientras veíamos las hogueras.

Y entre todo lo que investigamos, se me ocurrió contarles el famoso conjuro de Neptuno. Bueno, bueno, bueno…les encantó, cómo no, tiene su gracia la cosa, no se puede negar.

Pero como se quedaba un poco corto hacerlo con dos frasecitas, a una de mis amigas se le ocurrió ampliarla customizándola y adaptándola a nuestra época y necesidades añadiendo lo siguiente: “¡Escucha, escucha, que no sea trucha!”. Porque claro, con los tiempos que corren, a ver si Neptuno se ha quedado con el ojo flojo y nos manda uno tras hacerle la ofrenda pero nos lo manda de la otra acera…

Así que ahí se plantaron mis amigas la noche de San Juan dispuestas a hacer su ofrenda al mar. Yo me caí del experimento antes de empezarlo porque soy muy pudorosa y una no puede andar de aquella manera por la calle.

El resultado de la noche: risas a tutiplén, dos sujetadores tirados al mar pero recuperados después, dos amigas de camino a casa con un sujetador mojado en la mano y miles de peticiones hechas a hogueras, olas y dioses marinos.

¿Y Neptuno? Os preguntareis…pues Neptuno apareció un par de meses después. Al principio no le dimos importancia pero según fuimos viendo la magnitud del noviazgo, no nos cupo ninguna duda: ¡eso era el regalazo de nuestra divinidad favorita!

El conjuro funciona, lo prometo. Yo aún no me he animado a probarlo, repito eso de que soy pudorosa, pero lanzo desde aquí un llamamiento: si alguien conoce alguna pócima facilita que no implique desvestirse y que sea efectiva, por favor, que me la cuente, que si no soy yo, alguno de mis allegados la tendrá en cuenta.

2 Responses to “Ponga a Neptuno en su vida”


  1. 1 Janca

    Si nadie te propone otro ritual, siempre puedes hacer tu propia customización del Neptuno en la ducha, al fin y al cabo, toda esa agua llega al mar, ¿no?

  2. 2 Synn

    ¡qué divertido!
    Aunque lo del neptuno en la ducha yo no lo veo muy claro :)

  1. 1 Highway to hell at Miss Understood

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