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Cien metros para el cementerio

Hace poco más de un año conocí a Irantzu Valencia. Por aquel entonces ya hacía unos meses que había dejado La Buena Vida y el grupo seguía su andadura en masculino.

Irantzu desprende algo especial, tan sencilla como se presenta y siendo a la vez tan grande. Hablamos de bastantes cosas, que, con vuestro permiso, prefiero guardar para mí. Lo que sí que os puedo decir es que fue ella quien me habló de Kawabata, escritor japonés al que leía y admiraba por su sensibilidad y la forma en la que redactaba sus libros.

Viniendo la recomendación de alguien como ella, me compré algunos libros del autor. Ayer terminé “País de Nieve“, que no es el que más me ha gustado de todos, pero sí que me ha dejado una sonrisita al haber descubierto “algo”.

He buscado en internet (y a pesar de que hay quien cree lo contrario, sí que sé buscar cosas en Google) y no he visto ninguna referencia al respecto, así que me aventuro a contaros que es posible que la canción que cierra el “LP2″ de Los Punsetes esté inspirada (sorprendentemente) por este libro.

Hacia el final del libro, una chica canta una canción tradicional infantil japonesa que dice lo siguiente:

¿Ves a lo lejos, a lo lejos,
tres cedros y tres perales,
seis en total? ¿Los ves?
Debajo, tienen nidos de cuervos,
y encima nidos de gorriones.
¿Sabrán algún nuevo canto?
Hakamairi Itchô, itchô, itchô ya.

Esta última frase, viene traducida a pie de página como “Onomatopeya que imita el canto de los pájaros y que significa literalmente “Cien metros hacia el cementerio, cien más, cien más, y ya estamos allá”.

Os imaginaréis el bote que pegué en la cama al leerlo, ¿no? Si te gustan Los Punsetes y has escuchado su último disco, estas palabras no pueden pasar desapercibidas cuando las lees de manos de alguien que las escribió en 1.948.

Me levanté de la cama, cogí el iPod y escuché la mencionada canción. Acto seguido para mí cobró sentido también eso de “Y las mariposas que había en la pared ya cubren la alfombra del cuarto del hotel”, frase sin sentido aparente (hasta hilarla con el libro) dentro de la canción pero que hace referencia a esa estación otoñal que vive el protagonista.

¿Por casualidad o intencionadamente? Sólo Los Punsetes lo saben…

PS: Edito para confirmar que según me comenta Anntona vía Twitter, mi suposición es cierta

Mi primera combustión

Hoy a todo el mundo le gustan los Love of Lesbian. Parece que se ha desatado una especie de locura colectiva con ellos. Me alegro por el grupo porque llevan ya unos cuantos añitos en la brecha.

No me alegro tanto por mí. Hace mucho que no se puede ir a un concierto suyo sin ese rollo karaoke que se vive últimamente cada vez que actúan. Se tiene o no se tiene, supongo.

A mí me gustaban más cuando John Boy no existía, “so hippie” no figuraba en mi agenda del móvil y su primera combustión parecía escrita para alguien de quien ahora apenas me acuerdo.

Soplaron las cenizas. Volaron las cenizas.

Fake French

Hay dos frases que suelo pronunciar cuando hablo de mi vida que, casualmente, provocan el mismo efecto en los hombres: una leve y mal disimulada sonrisita pícara.

La primera es “me contrataron en la empresa XXX por mi francés”. Literalmente, me contrataron porque tras largos años conseguí un nivel aceptable y es que a mí, el francés y otras lenguas se me dan, en general, bien.

La segunda es “iba en el coche y me dieron por detrás”. Claramente, me refiero a un accidente que sufrí en el verano de 2006, un choque múltiple que me obligó a estar con collarín y rehabilitación durante unos meses. Y sí, me dieron por detrás y también por delante, porque yo estaba en el medio.

Y no falla, eh. He hecho la prueba en varias ocasiones y al final de cada una de ellas siempre está ahí esa miradita propia de quien está pensando siempre en lo mismo. En lo único. En lo Miss Understood que soy cuando cuento mis historias ¿o en qué estábais pensando?

No te invité a dormir

Tenía un post preparado sobre la última canción de Nena Daconte (uno de mis guilty pleasures, qué le voy a hacer, no pienso negarlo).

El post hablaba de lo directa que me ha llegado la letra al reflejar casi con exactitud acontecimientos recientes. En realidad no sé de qué me sorprendo: mi vida está llena de momentos que llegan y se van, de trenes que pasan y no cojo porque no me entero de que están en la estación esperando a que suba, de oportunidades que, de puro obvias, se vuelven inexistentes.

¿Por qué no te invité a dormir? Esa es la cuestión, pero la canción, más que como pregunta, se plantea como un reproche, como un tirarse de los pelos por lo tonta que se ha sido en un momento concreto, por el giro que han dado las cosas desde ese instante.

He borrado el post. Y lo he borrado porque en mi vida también hay veces en los que podría titularse “Te invité a dormir”. Es decir, la situación opuesta: ¿Por qué te invité a dormir? ¿Por qué, con todas las cosas que podría haber hecho decidí dejarte entrar en mi vida? ¿Por qué en ese preciso momento no hice lo que mejor se me da (que es dejar pasar trenes)?

En positivo o en negativo, leedlo como más os guste. Estoy intentando analizar qué me hace decidirme hacia un lado u otro.

¿Por qué con Klaus & Kinski sí y con Tachenko no? ¿Por qué en Bilbao puede haber un futuro pero en Madrid no lo habrá jamás? ¿Por qué de Amélie me gustan hasta los enanos de jardín?

Mi vida está absolutamente dirigida por chorradas. Esa es la única conclusión.

La #egbindie

Cuando Makoto nos pidió a Körkarlen, a Morgan y a mí alguna recomendación musical, el señor Körkarlen creó el concepto #egbindie. Desde entonces, nos hemos dedicado todo el curso a “enseñarle” nuevos grupos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa. No negaré que Makoto es un buen alumno y apunta maneras. Ha escuchado todo lo que le hemos propuesto y ahora tiene entre sus manos entradas para un par de festivales. Sin embargo, a mí aún me quedan dudas sobre si podemos pasarle a segundo curso o si tendrá que repetir primero.

Dicho esto, propongo un juego que sirva para demostrar los conocimientos de cada uno. Es un juego abierto a todos los que queráis participar. Quien consiga identificar el mayor número de nombres de entre los 20 grupos escondidos en el siguiente texto (inventado 100%, aviso), tendrá un detallito made in Miss Understood. Los nombres pueden estar puestos de forma exacta o adaptados (traducidos, por ejemplo).

Los comentarios, los podéis dejar debajo. Las respuestas con los grupos, si no queréis dejarlas visibles, las podéis enviar a miss@missunderstood.es

¡Empecemos!

“¡Por fin es martes y puedo tachar un día para que llegue el fin de semana! Este año coincide con la festividad de los difuntos, así que podríamos llamarle “El fin de semana de los vampiros”. Personalmente, la fiesta me parece un espanto. No colaboro disfrazándome pero entiendo que los bares y las tiendas de disfraces hagan su agosto en pleno noviembre.

El año pasado fui, precisamente, a casa de Makoto. Empezamos con unos vinos en La Buena Vida (venga, este es fácil!!!) y después nos fuimos a tomar unos cortos por el barrio Húmedo. No hay que perder de vista que estos chicos son los reyes de León y se conocen la noche como la palma de sus manos. Como suele sucederme, en la cola del baño conocí a una chica. Dijo llamarse Simone. Parecía una rubia australiana y se podría haber dicho de ella que era de Neguri, de los Smith de toda la vida aunque como ella más tarde reconoció “Soy de Barcelona”.

Nos pusimos a hablar. Era del tipo de personas que mezcla palabras en inglés con otras en castellano en su discurso, así que no me sorprendió que me preguntara que “si seguía single o que si por el contrario tenía family”. Muy cool. Muy kitsch. Le respondí (en un intento de parecer tan divina como ella) que me dedicaba a mis amantes y que yo así estaba deluxe.

Se rió y me respondió que ella creía firmemente en la existencia de hombres en todos los planetas y que nos estábamos perdiendo muchas aventuras por culpa de los escasos avances en la fabricación de cohetes.

¡Toma ya! Mi interlocutora resultó ser una soñadora. O eso fue lo que pensé yo cuando añadió (muy en su línea) “Oh! What a lovely luna”. Icé mi linda mirada (así de mona soy yo, jiji) al cielo, momento que aprovechó para robarme la cartera.

Y no sé si fue la tontería del momento o más bien las copas del momento, pero el caso es que no me di ni cuenta y me despedí de ella con un sentido “Adios, Simone”.

El final de la historia os lo podéis imaginar: ni se llamaba Simone, ni era de Barcelona, ni nada de nada. La chica era una maga de los robos y una vieja conocida de la policía, huída de la justicia desde hace años y en busca y captura por algún delito digno de película de Tarantino.

La están buscando en Phoenix (Arizona) aunque parece que tienen otra posible pista en Niza. Sinceramente, por mucho que busquen, a ésta no la encuentra ni la Interpol. Parece que en esta ocasión, Dios sí que ayuda a las chicas.”

Loser

Esta mañana, estando en la cama y mientras me debatía entre venir al trabajo o no por mi incipiente gripe, he escuchado la noticia sobre los cambios en el Gobierno.

No es éste un lugar para hablar de política (bien sabéis que yo no me suelo pronunciar en ese aspecto) pero no he podido dejar de hacerme la pregunta del millón de euros: ¿Cómo puede tener esa chica un Ministerio sólo para ella? (y yo, con todo lo que valgo, no).

Y este pensamiento me ha llevado inevitablemente a esos momentos en los que te presentan a alguien que a todas luces es subnormal e, inexplicablemente, tiene pareja. Y entonces piensas: ¿Cómo puede tener pareja? (y yo, con todo lo que valgo, no).

Efectivamente, triste pero cierto, la vida a veces es así de injusta. O justa, según se mire.

Porque, seamos realistas, algo habrán hecho los subnormales para tener pareja, igual que la chica en cuestión habrá hecho algo para tener la Sanidad (así, con mayúsculas) en sus manos. O igual no, igual no han hecho nada y simplemente es una cuestión de que quien les elige como partenaire tiene las expectativas bajo mínimos.

En cualquier caso, algo hago yo mal en la vida porque a mí no me ofrecen ni Ministerios, ni subnormales, ni nada de nada. Bueno, ahora que lo pienso, de subnormales he andado sobrada últimamente y lamentablemente me los he buscado yo sola.

Y ¿qué es lo que se deduce de los dos anteriores párrafos? Que la causante de mi situación no soy yo, sino vosotros. Al parecer, vuestras expectativas hacia mi persona están más altas de lo que deberían y por eso no me ofrecéis nada jugosito.

“Typical Spanish” eso de echarle la culpa a los demás de los problemas personales. A los demás o al Gobierno. Hoy parece que tenemos excusa para lo segundo. Somos afortunados.

Me marcho a Canadá.

We can’t be friends

Hay veces (pocas, afortunadamente) en las que me quedo sin palabras. Hoy se las cojo prestadas a Aroah:

We can talk about it
we can laugh about it
we can cry about it alone in bed at night
we could be together
we could be each other
make love in the morning you could make me cry
but why am I so pleased with the way things are
it’s comfortable and kind so we cannot be friends
In my dreams I’ve had you
in my life I don’t
in my heart I’d keep you but on my mind I won’t
and that’s why I know that we cannot be friends
I’ll end up trapped in lies and breaking all my plans
I’d shed the skin of old me and close another door
become the type of girl I hate and I don’t know what for
So no, we cannot be friends anymore

El día que Miss vio la colaboración ciudadana al desnudo

Ayer, volviendo de pasar los días del puente con amigos, la batería del coche nos jugó una mala pasada. Tuvimos que llamar a la grúa para que viniera a enchufarnos unas pinzas que la hicieran revivir. Afortunadamente el resto del camino transcurrió sin novedades y llegamos a Madrid a una hora prudente. Y sí, las pinzas están muy bien pero eché en falta un poquito de colaboración ciudadana.

¿Por qué os cuento esto? Porque me recordó a un episodio que viví hace un mes escaso durante los días que pasé en Menorca.

A la isla me fui con el Indio, que por aquel entonces era mi chico (a estas alturas cualquier otro calificativo más cariñoso se me haría raro). Nada más llegar nos fuimos a una playa al sur de la isla. La estampa era digna de ser vista: una playa preciosa con poca gente y la luz de la tarde cayendo lentamente sobre nosotros.

Entre arrumacos andábamos cuando se acercó hasta nosotros un chico corriendo y pidiéndonos ayuda; se les había quedado un catamarán encallado en la playa, en la zona de rocas, y no podían moverlo ni con la ayuda de Salvamento Marino.

Ni cortos ni perezosos nos levantamos de la toaya, el Indio se puso una especie de pareo alrededor del cuerpo (he olvidado deciros que era nudista) y nos dirigimos hacia la zona del catamarán encallado.

Allí la consigna fue sencilla: “por favor, empujad el catamarán hasta que podamos sacarlo de las rocas”.

Acto seguido el Indio se despojó del pareo, me lo dio para que lo sujetara y se puso manos a la obra. A su alrededor, por lo menos una veintena de cuerpos masculinos igualmente desnudos haciendo fuerza para sacar la embarcación de su encierro playero. Y mientras tanto, la luz del sol seguía cayendo.

Y yo allí, petrificada viendo la magnífica imagen. Y no, no hablo de los cuerpos forjados en gimnasio durante el año, ni de esos traseros sin marcas, ni de esos fornidos brazos dorados al sol, sino de la maravillosa colaboración ciudadana que tanto eché en falta ayer.

¿Dónde están los hombres desnudos cuando se les necesita? ESA es la cuestión.

Under the bridge

Ya os he hablado alguna vez de Goa-man, a quien con suerte veo una hora a la semana cuando el trabajo me lo permite pero de quien normalmente saco ideas para mucho más tiempo.

Estos días he estado pensando en una historia que nos contó sobre la construcción de puentes. Sí, como lo leéis, de estas cosas solemos hablar.

El caso es que para construir un puente sobre un río, se tiene que empezar por cada una de las orillas para terminar juntándolas en el centro.

De nada sirve hacer todo el trabajo desde un único lado porque el puente nunca llegará a la orilla contraria. Caerá (imagino) vencido por su propio peso. Tampoco sirve de mucho que se trabaje más desde una de las partes, construyendo más de la mitad del puente y dejando que la parte contraria trabaje menos, precisamente por la misma razón: se caería.

Es decir, que la construcción del puente tiene que estar organizada, coordinada y todas las partes deben colaborar por igual.

En la vida todos los días tenemos puentes que construir: en el trabajo con tus compañeros, en la familia con tus responsabilidades, en la amistad con tus compromisos y en el amor con tu implicación.

¿Y sabéis qué? Que lo único importante es saber parar a tiempo. Lo único que te mantiene a salvo de disgustos y dolores de cabeza es construir tu parte de puente hasta el centro del río y quedarte esperando allí arriba. Y desde ese punto, hay que mirar hacia la otra orilla y preguntar al que está en el otro lado: “¿Vas a venir? Yo ya he hecho mi parte, ¿vas a hacer tú la tuya?”.

Así es esto de simple.

Ni que decir tiene que, si tras un tiempo esperando la otra mitad del puente no tiene visos de ser construida, vale la pena desandar el camino, volver a la orilla y empezar a construir otro puente un poco más alejado y con otro equipo de arquitectos.

¿Y dónde estoy yo ahora? Por el momento estoy resguardada debajo de uno.

Körkarlen es mucho Körkarlen

Hacía tiempo que no me reía tanto. Claro que, bien pensado, hacía tiempo que no tenía una comida de celebración semejante a la de hoy.

Nos hemos juntado unos cuantos amigos para celebrar que hoy exactamente se cumplen 32.016 días desde el estreno de “Körkarlen” del gran Victor Sjöstrom.

Ha sido mucha la expectación creada estos días por unos y muy grande igualmente el mito alimentado por otros y estos otros.

Y es que señores, ¡Körkarlen es mucho Körkarlen!

No pensaba volver a mi vida en el blog con este tipo de post pero mis compañeros de celebración me han instado a hacerlo y ya se sabe que yo me debo a mis lectores.

Dicho esto, deseemos una larga vida a la película y esperemos que no pasen otros 32.016 días para volver a celebrar algo…