¡Qué duro es cuidarse!
Pero duro, duro. Llegar a casa después de todo el día y tener que cenar poco o lo que es peor, sano (!!!), es un calvario por el que merecería tener abierto un proceso de beatificación.
Es como si lo viera: Santa Miss mártir, que murió oyendo los terroríficos gritos de su estómago hambriento y a la que la dieta despiadadamente hizo olvidar sabores como el del chocolate, la pizza o los cacahuetes.
¿Es o no es como para empezar a hablar con el Vaticano?
Menos mal que hoy mi querida Janca me ha mandado una idea para cuando quiera ser benévola conmigo misma y no me apetezca ver mis “avances” con el peso. A partir de ahora me pesaré así:
Y por si la viñeta me falla, añado el himno, la canción del anti-régimen, el subidón de autoestima pasando del espejo. A cargo de mis adoradísimas Nosoträsh, me toca cantar…”soy la number one!”…eso


jejeje Sabía que te iba a encantar la idea!!