Hoy he tenido un día difícil, de ésos que mortifican al espíritu. Un día de ésos en los que piensas en las vacaciones mil veces y te arrepientes más de un millón de ellas de no haber fingido un catarro para no salir de la cama en todo el día. Un día de ésos.
Y justo cuando pensaba que mi día ya no podía terminar mejor que acostándome con mi pijama y mis sábanas limpias (indudablemente una de las mejores sensaciones que conozco), he abierto el buzón y lo he visto: me ha llegado un CD que compré por internet hace unos días. ¡Genial! Ha sido toda una sorpresa y, por una vez a lo largo del día, agradable.
Así que ahora estoy con el disco sonando en casa y una copa de vino mientras leo a gente que no conozco y pienso en qué cosas meter en la maleta para mañana. Y aunque estoy muerta de cansancio, éste es, como diría un buen amigo, un momento perfecto: la soledad de la noche, la compañía de la música y el abandono del sueño.
Y al final ¿no son estos momentos perfectos los que completan de tal forma la vida que sabes sin lugar a dudas que quieres seguir viviéndola? Que ya sé que es un tópico decirlo y que el concepto está manido pero insisto ¿no son los pequeños momentos felices los que hacen que te olvides de enormes problemas?
En una especie de David contra Goliat de los momentos, la honda volvería a ponerse de parte del pequeño y bueno, venciendo al enorme y malo igual que en la historia bíblica.
Y a lo mejor es cierto que con el paso del tiempo me estoy volviendo conformista y cada vez exigo menos a mi vida (esto último sólo a lo mejor). Puede ser, no voy a hacer ahora el análisis porque no he bebido el suficiente vino como para estar mentalmente inspirada, pero es que estoy en un momento perfecto y mi vida inconformista, se ponga como se ponga, no tiene derecho a estropeármelo.

0 Responses to “It’s got to be…perfect!”
Leave a Reply