Archive for the 'Miss Teorías' Category

Under the bridge

Ya os he hablado alguna vez de Goa-man, a quien con suerte veo una hora a la semana cuando el trabajo me lo permite pero de quien normalmente saco ideas para mucho más tiempo.

Estos días he estado pensando en una historia que nos contó sobre la construcción de puentes. Sí, como lo leéis, de estas cosas solemos hablar.

El caso es que para construir un puente sobre un río, se tiene que empezar por cada una de las orillas para terminar juntándolas en el centro.

De nada sirve hacer todo el trabajo desde un único lado porque el puente nunca llegará a la orilla contraria. Caerá (imagino) vencido por su propio peso. Tampoco sirve de mucho que se trabaje más desde una de las partes, construyendo más de la mitad del puente y dejando que la parte contraria trabaje menos, precisamente por la misma razón: se caería.

Es decir, que la construcción del puente tiene que estar organizada, coordinada y todas las partes deben colaborar por igual.

En la vida todos los días tenemos puentes que construir: en el trabajo con tus compañeros, en la familia con tus responsabilidades, en la amistad con tus compromisos y en el amor con tu implicación.

¿Y sabéis qué? Que lo único importante es saber parar a tiempo. Lo único que te mantiene a salvo de disgustos y dolores de cabeza es construir tu parte de puente hasta el centro del río y quedarte esperando allí arriba. Y desde ese punto, hay que mirar hacia la otra orilla y preguntar al que está en el otro lado: “¿Vas a venir? Yo ya he hecho mi parte, ¿vas a hacer tú la tuya?”.

Así es esto de simple.

Ni que decir tiene que, si tras un tiempo esperando la otra mitad del puente no tiene visos de ser construida, vale la pena desandar el camino, volver a la orilla y empezar a construir otro puente un poco más alejado y con otro equipo de arquitectos.

¿Y dónde estoy yo ahora? Por el momento estoy resguardada debajo de uno.

Sick and tired

Además de una canción super antigua de The Cardigans, “Sick and tired” (traducido: “enferma y cansada”, esto es para mis padres, que también me leen y no siempre tienen un Collins a mano) es como estoy estos días en casa.

Señores, estoy por primera vez de baja laboral. Nada serio, no temais por mi vida porque tengo cuerda para rato.

Desde hace un par de días tengo tiempo de sobra para peinar la red y entretenerme con la única ayuda del ADSL. Twitter, está siendo mi mayor desahogo y fuente de diversión.

Para quien a estas alturas aún no sepa qué es Twitter, lo explicaré como lo hago a los que fruncen el ceño al oir el palabro: “¿Tú sabes en Facebook ese cuadro donde puedes poner lo que piensas? Pues Twitter es una aplicación que sirve para ponerlo continuamente”. Bendito Facebook, que ha servido para que hasta el fan menos fan de las redes sociales entienda conceptos como “actualizar un estado”.

Y en Twitter, como en Facebook, se lee de todo. Hoy lo he comentado con un par de amigos, precisamente. Es indudable que resulta muy sencillo estar en el sofá de casa y sin embargo anunciar a la twittesfera que estás de copas en el bar más cool de la ciudad, o decir que estás viendo la ultimísima presentación made in Apple (no veáis el ruido que hubo ayer en Twitter con el dichoso iPad) cuando en realidad no despegas el ojo de la final de Gran Hermano.

Así son las cosas, amigos, y hecha la ley, hecha la trampa. Por eso ayer me hizo gracia esta historieta que encontré en Geek in Love

Real como la vida misma, ¿verdad? A mí me vienen rápidamente a la cabeza un par de personas que siguen esta estrategia a rajatabla.

Lo curioso del tema es que la gente que actúa así en la red, se comporta (intuyo) de la misma manera en la vida real. Los comentarios grandilocuentes y las hazañas de fin de semana están a la orden del día.

Fácilmente identificables los personajes, me encanta la red porque siempre está la opción de hacer un unfollow o de borrar de tu lista de amigos a estos embellecedores de realidades. Difícilmente en el día a día es tan simple quitarse a un pelmazo de encima.

Pulsando el Play: The Cardigans - Sick and tired

Tú hueles mejor

Esta mañana al entrar en el ascensor me he encontrado con el portero de la casa. Pensaba que estaba limpiándolo pero no, en lugar de eso estaba colocando ambientadores sobre la rejilla del techo.

En ese momento he reparado en que había ya por lo menos otros cuatro ejerciendo la misma función pero, en boca del portero, “a veces, según quién entre, no son suficientes”.

¡Toma ya! Cuatro ambientadores no son capaces de difuminar el rastro hediondo que deja algún vecino. Ni sé quién es ese vecino, ni (obviamente) quiero saberlo.

Yo es que soy muy maniática con los olores y tengo mucha memoria olfativa, para lo bueno y para lo malo.

Entre mis peores recuerdos se encuentran la vez que se pudrieron unas patatas (asqueroso), aquella vez que el pollo se puso malo en el frigorífico (repugnante), el día en que se llenó el bote sifónico (espeluznante), la casa de una vecina de mi abuela que (no me preguntéis por qué) siempre olía a col hervida y la terrible combinación de algunas mañanas yendo a la Universidad con el metro atestado y ciertas gentes-sin-duchar justo en el momento en que pasa por debajo de la ría de Bilbao y hay marea baja. Vale, es rizar el rizo, pero es que la vida es así.

Los buenos olores fijados en mi memoria afortunadamente son muchísimo más numerosos. Desde la panadería a la que iba a comprar el pan cuando era pequeña, al olor a mar que descubro ahora cada vez que vuelvo a casa (y que antes era incapaz de distinguir porque vivía allí y estaba acostumbrada), las maravillosas trattorias en Italia, el olor de azahar de los Reales Alcázares de Sevilla una noche de junio y claro, cómo no, alguna piel de esas que tienes tan cerca que es imposible olvidar.

¡Qué potente es el poder de la piel! ¡Y cómo engancha! Parece mentira que algo tan frágil esconda tanta persuasión y tantas ganas de tener más. Llámalo colonia, llámalo feromonas, llámalo X.

El que inventó aquello de que el roce hace el cariño creo que sabía de lo que hablaba.

Pulsando el Play: Anntona - Tú hueles mejor

Deshojando la margarita

Visto en el fantástico blog de Montt:

Y es que en esto del amor, nunca se sabe cómo acertar…

Aquí vivía yo

Ayer tuve la tradicional reunión de Navidad con mis amigas de Madrid. Nuestra cena mensual, que celebramos ya desde hace siete largos años, se sigue manteniendo en plena forma. ¡Larga vida a la SCCS!

Después de los postres, tocó el inevitable balance que se hace cada año por estas fechas. La mayoría de ellas están felices con lo que les ha deparado el 2009: maridos, bebés, vidas en pareja, nuevos trabajos y en general, buenos momentos. Merecidísimos todos ellos, así que, bienvenidos sean.

Yo no supe muy bien cómo calificar este año que nos abandona en apenas diez días.

Ya lo comentaba hace tiempo: este año he vivido una larga etapa de tiempos convulsos. Por una parte, el 2009 me ha dejado recuerdos como la boda de mi hermana, viajes, muchísimos conciertos y planes con amigos, la vuelta a mi adolescencia en verano, el reencuentro con viejas amistades y ya, hacia el final de año, una mentalidad más positiva y con ganas de recibir al 2010 con la mejor de mis sonrisas.

Si todo esto es bueno, el 2009 también me ha dejado momentos muy amargos. Ha sido un año de choque, de desilusiones personales, de grandes decepciones llegadas de la mano de amigos que consideraba mejores. He estado a punto de perder a una buenísima amiga mía por culpa de una enfermedad terrible que hoy (por fin, hoy es ESE día) damos por superada. Yo también me he sentido enferma tres meses, débil, triste y temerosa. En realidad esto último no es malo: me ha servido para pensar, para darme cuenta de infinitos detalles, para ser plenamente consciente de quién soy y de dónde quiero estar.

Hay quien llama a esto madurar. Yo prefiero decir que por fin puedo ver, que me han quitado la venda que cubría mis ojos y que ya puedo distinguir todas las tonalidades de color, hasta el punto (por ejemplo) de que la maldición del azul indigo que pesaba sobre mi, jamás volverá a surtir efecto.

El caso es que se habla mucho de la crisis de los 40 pero yo creo que también existe una crisis tácita -y no aceptada como tal- a los treintaypocos: una crisis más revolucionaria en lo personal, una revolución más directa de lo íntimo, una autoconsciencia implacable.

Muchos de mis amigos en esta franja de edad han sufrido este año grandes cambios personales motivados, precisamente, por responderse honestamente a estas preguntas: ¿quién soy?, ¿qué estoy haciendo? y ¿qué quiero hacer?

El abrumador resultado se resume en: rupturas amorosas, cambios de ciudad, abandono de la vida conocida para dedicarse a la autocomplacencia, giro laboral hacia trabajos que colaboren a salvar “este mundo en el que vivimos”.

¡Ojo! No todo es tan drástico. También tengo amigos que resumen su honesto resultado en planes de futuro totalmente en línea con lo que viven en la actualidad.

Quizá porque me ha pasado un poco de todo, no sepa muy bien cómo calificar a este 2009. Creo que lo voy a dejar como un año de transición entre etapas. Será el año en que vi la luz, el año en que una alcantarilla se cruzó en mi camino, el año triste y feliz, el año feliz y triste. Una especie de símbolo de yin-yang perfecto y armónico en el que han convivido buenos y malos momentos por igual.

Emulando a esas portadas que Aramburu hizo para Le Mans, cierro este post con la primera de las letras.

Pulsando el Play: Le Mans - Aquí vivía yo

You rock! You rule!

Siempre me ha encantado esta viñeta de Jennifer Berman que hoy viene a cuento porque, tal y como hablaba ayer con Mistinguette, la amistad es algo que muchas veces damos tan por sentada que no valoramos como se merece.

Amistades viejas y otras más recientes, no por ello menos importantes; unas cerca y otras lejos, no por ello menos estrechas.

¿Que por qué somos amigos? Porque a pesar de todo “I rock and you rule”.

¿Por qué me tengo yo que enamorar?

Últimamente me entran escalofríos cada vez que oigo en boca de algún/a insensato/a una palabra que, a mi entender, se está poniendo de moda: bipolar.

Dice la Wikipedia que “el trastorno afectivo bipolar (TAB), conocido popularmente como trastorno bipolar y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva, es un trastorno del estado de ánimo que cuenta con períodos de depresión repetitivos (fases depresivas) que se alternan con temporadas de gran euforia (fases maníacas)”

Padecer una psicosis maníaco-depresiva suena (siendo lo mismo) infinitamente peor que sufrir un trastorno bipolar, ¿a que sí?

No siendo yo muy amiga de esta expresión, he de confesar que ayer lo pensé al llegar a casa y constatar que el comportamiento de algunos hombres no se merece otra palabra. Hasta el momento yo habría optado por un clásico “no hay quien le entienda”, un tajante “tiene unos cambios de humor insoportables” o incluso un benévolo “será géminis y por eso tiene dos caras”.

Ayer, sin embargo, la palabra “bipolar” se iluminó en mi cerebro como si de un cartel de neón se tratara.

Y es que por lo que se ve, algunos pasan del frío al calor en un santiamén, otros pasan olímpicamente de una servidora y sin embargo me sueltan unas chapas sólo aptas para novias curtidas en estas lides. Da igual lo que yo entrene porque la realidad es que NUNCA conseguiré entenderles y como explicación a la mayoría de estos comportamientos la frase del “ni contigo ni sin tí” ya me empieza a parecer una tortura.

Señores, como diría Mafalda: “paren el mundo, que me quiero bajar”.

Me borro de algunas dinámicas que no conducen a nada y me doy de baja del servicio de suscripción de interminables (por falsas) peroratas a la luz de la luna. Por las noches quiero dormir. Sola, para más señas.

Y luego alguno se pregunta por qué tengo muñecas… la respuesta es bien sencilla: básicamente porque no hablan pero también porque no escriben correos absurdos, ni me llaman con tonterías, ni contactan por el messenger con alguna excusa infumable, ni nada de nada. Son lo que son, en persona (o en plástico, más bien) y no hay más que lo que se ve: sin dobleces, sin intenciones ocultas, sin “bipolaridades”.

De verdad, estoy deseando que llegue pronto el frío, a ver si a alguno se le congelan los dedos y les deja incomunicados una buena temporada.

Pulsando el Play: Los Fresones Rebeldes - ¿Por qué me tengo yo que enamorar?

I will survive

31 de agosto, Día del blog, sería una falta considerable por mi parte no aparecer hoy por aquí.

Hace un calor insoportable en esta ciudad. Cada día es más insoportable, no sé si el calor o la ciudad en sí misma. Vivir Madrid es divertido. Vivir en Madrid, la mayoría de las veces, es divertido. Y cuando no lo es, esta ciudad te traga, te hace sentir sola, te revuelve por dentro hasta convertirte en un animal en constante lucha por la supervivencia.

Sobrevivir a los miedos, sobrevivir a la hipocresía… sobrevivir en lugar de vivir.

Gente de paso abarrota la ciudad. Se vive rápido, se sonríe rápido, se hacen amigos rápido. Y en consecuencia, la decepción llega rápido y las amistades mueren con prisa, en pos de nuevas caras a las que complacer un tiempo.

Esto es un juego y como tal hay que tomárselo. O la ciudad o yo.

Vengo del cine de ver la última de Coixet con un amigo, uno de los de verdad, de los que están para quedarse, de los que se mantienen fieles a sí mismos, de los que (como yo) huye de lo que no es auténtico.

Parece que hoy soy más Miss Understood que nunca.

Me gusta.

Pulsando el play: Eels - Ordinary men (os dejo la letra como parte activa del post)

Well its another warm day
In a city of cold hearts
They all just play the part
Of who they are
And I’m here, On my own
Id rather be alone
than try to be someone that I’m not
And you seem like someone
Who could appreciate the fact
That I’m no ordinary man

And its misunderstood
What you’ve heard about me
I see why you would doubt me but know this
No one has a right
Until they’ve fought my fight
To understand just where I’m coming from
And its that fight that brought me here today
Exactly as i am
No ordinary man

Well its another warm day
In the city of cold hearts
It ends before it starts in their maze
But you, you’re not like that
You know where its at
The only rules you follow are your own
And you seem like someone
Who could appreciate the fact
That I’m no ordinary man

Love?

Tercera llamada que atiendo en el día en relación a mi reciente solicitud de portabilidad.

Tras diez largos años con la misma Operadora abandono el barco para irme a la competencia, en busca de un terminal mejor y una tarifa que me permita ahorrar lo suficiente como para, con suerte, darme algún caprichito en las tiendas de la trendy calle Ballesta cada mes.

Hasta hace un cuarto de hora estaba altamente indignada con el trato que mi todavía actual proveedora de servicios me estaba dispensando (que parece ser que diez años pagando no son nada).

Y digo que ha sido hasta hace un cuarto de hora porque la enésima señorita que me ha puesto en espera ha enchufado una canción que sin duda ha aligerado el momento. No me vais a creer pero resulta que la tenía elegida para un post aún por perfilar.

Dado que la ocasión la pintan calva, aquí voy: visto en xkcd hace unos días, me encantó esta singular definición del “estar bien con alguien”.

En contra del reloj, robando el mínimo tiempo al tiempo por estar contigo un poco más. ¿Se puede ser mejor ladrón?

Pulsando el Play: Sunflowers - Love?

1234

La semana pasada me enteraba por @chemaaa de que íbamos a vivir un momento único: a las 12:34:56h del viernes 7 de agosto (mes octavo) del año 2009 se daría la combinación única 123456789.

Curioso, curiosísimo. Al menos eso pensé yo.

Y como no podía ser de otra manera sabiendo lo que me gustan a mí los conjuros y los rituales se me ocurrió que a lo mejor ese momento mágico podría ser aprovechado como algo que atrajera la buena suerte y, por lo tanto, cualquier deseo formulado en ese instante se cumpliría.

Al final, de tan liada que estaba en el trabajo, el momento único llegó y pasó sin pena ni gloria. Una lástima, me quedé sin deseo cumplido.

Todo esto me ha traído a la cabeza un viaje que hice hace años con mis amigas, imaginad el plan: seis chicas en una furgoneta enorme, haciendo amigos en los atascos y dispuestas a pasar una semana de juerga por la costa mediterránea. Irrepetible.

E irrepetible fue también el momento en que pasamos por el Meridiano de Greenwich en la A2.

Una de mis amigas se sacó de la manga la historieta de que si al pasar por debajo del arco formulábamos un deseo y justo en ese preciso momento levantábamos los pies del suelo y poníamos en alto las manos, el deseo se cumpliría.

Yo no sé si íbamos aburridas o si es que todas teníamos ganas de que se nos concedira una especie de gracia divina pero el hecho es que al pasar por el punto marcado como “mágico” todas formulamos nuestro deseo. Y cuando digo todas, es todas, conductora incluída.

Así que ahí nos véis: seis jovenzuelas descerebradas pensando en imposibles, en una furgoneta enorme sin ningún tipo de control ni al volante, ni a los pedales (menos mal que era una recta).

Tuvimos diversión por lo menos para media hora de viaje con esta historia.

Yo ni me acuerdo de si el deseo se cumplió, eso es lo de menos. Lo que de verdad importa es que después de aquello, cada vez que paso por la A2 y me topo con el arco, formulo un deseo y levanto pies y manos con la esperanza casi infantil de que se cumpla. Enternecedor ¿a que sí?

Pues acordaos de mí la próxima vez que paséis por allí y aprovechad la ocasión, que nunca se sabe lo que los puntos mágicos son capaces de lograr…

Pulsando el Play: Feist - 1234