Archive for the 'Miss Descaros' Category

Si es que hay suerte

Ya es casi mitad de año y me ha dado por hacer balance. No es que el balance lo haya hecho hoy. En realidad, yo pienso en lo que me ocurre casi a diario, más que nada por si hubiera oportunidad de enmendar los errores cometidos.

Estoy cansada de lo de siempre.

Hoy cierro una etapa para abrir otra.

Como decía Julia Roberts en “Pretty Woman”: quiero el cuento completo. Y lo tendré si es que hay suerte.

Hoy me he dado cuenta
de que es hora de hacer las maletas
he pasado tanto tiempo en el mismo lugar…
Ya tengo recuerdos suficientes, tantas fotos tuyas
y en ninguna de ellas salgo yo.

Esta vez me voy en coche,
estoy cansada de volar,
a través de los cristales te diré bye bye.

Mi vida parece una película
y es ahora ahí donde yo quiero estar.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
o anunciando unas cuchillas de afeitar.

Y es verdad te querré siempre
que haya tierra suficiente,
de por medio juntos ya no podemos estar.

Dentro de unos años volveremos a encontrarnos
en un bar y por casualidad,
tú estarás tal calvo y tan gordito,
yo tan guapa
nos tendremos tanto que contar.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
o anunciando unas cuchillas de afeitar.

Me verás si es que hay tele
echando mi amor a suertes,
disfrutando de este siglo como nadie más.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
aquí sol, ¡ay! cómo llueve en tu ciudad.

Chicago

Estoy aún aterrizando del Primavera Sound y creo que hasta mañana no estaré del todo recuperada de estos días por Barcelona.

Han sido, como siempre, días intensos e inolvidables. No voy a  hacer un resumen de los conciertos que he visto, ni voy a volver a enumerar los muchísimos problemas que ha habido con las tarjetas de acceso, las colas, las escasas barras, las colas, los desplazamientos kilométricos y sí, las colas. Eso lo dejo para profesionales y aficionados con criterio.

Me quedo con mis historietas. De los festivales lo que más me gusta es que cada uno vive el suyo a su manera. No hay dos iguales.

He decidido que si algún día me caso, quiero que Jarvis Cocker pare un concierto para que me pongan el anillo. Se acabó eso de hincar rodilla en lugares recónditos. Quiero a Jarvis (y esto es en todos los sentidos).

El hotel de este año ha sido mi victoria particular, justo a la salida del Forum, para poder caerme muerta al mínimo signo de cansancio. Así se pueden vivir 100 años. O bueno, a lo mejor 100 no, pero sí 40. Eso nos ha contado mi amiga Cordobita: al parecer los abuelos de una amiga suya llevan 40 añazos viviendo en un hotel. Menudas risas nos echamos imaginándonos el momento en el que en recepción les preguntasen si “habían tomado algo del minibar” (enorme Mister Canas).

A lo mejor no es tan gracioso contado así, tomaos 3 Moritz y supongo que algo os ayudará. Y sí, por fin la he probado y sí, me ha gustado mucho. A quien corresponda: quiero un festival patrocinado por esta cerveza. Gracias.

En cualquier caso, lo que sí que he saciado ha sido mi sed de famoseo. Ya sabéis que soy tremendamente groupie, mitómana o fan (llamadlo como queráis). Se me escapó Jarvis el sábado por la mañana saliendo del hotel pero a cambio fiché por allí a La Bien Querida, a Felipe (Fresones, Cola Jet Set, etc), los Hidrogenesse recomendándonos qué vinilos comprar y cómo no, a mis adoradísimas Nosoträsh, que me dedicaron un disco y con las que estuvimos hablando un rato. Nunca sabes de lo que vas a hablar con alguien de quien eres admiradora así que jamás imaginamos que hablaríamos con ellas de nuestros problemas con los empachos y de lo mayores que nos hacemos.

Las que no han envejecido (o al menos lo han hecho de una forma estupenda) han sido las canciones del “Popemas”, que sonaron maravillosas y casi me sacan una lagrimilla. Para mí ha sido uno de los momentos más especiales del festival, al lado de amigos que iban a venir desde el principio (love you!) y otros que se apuntaron en el último momento y creo que  no se arrepintieron.

Fenomenal también Sufjan Stevens (¡para mi próximo truco necesito unas alas gigantes!), la magia de PJ Harvey, los bailes que nos echamos con Javiera Mena, la bola gigante de The Flaming Lips, la cara de alguno viendo a Grinderman,…

Y cómo no, va a ser imposible olvidar a todos los que nos encontramos por allí: amigos venidos desde Mexico o Londres e incluso desde Bilbao, tuiteros a los que puse cara, tuiteros a los que quise ver y al final no vi (hay que organizarse mejor la próxima vez), tuiteros a los que leí y cómo no, el trío más maravilloso que se puede una encontrar en una habitación de hotel. ¡Que vivan los Gin&Tonics después de una buena paella!

¿Sabéis qué le decía Isabel Pantoja a Paquirri cuando volvía de cazar? “-Paco, los zapatos”.

All things go, all things go…

chicago-sufjan-stevens

Fake French

Hay dos frases que suelo pronunciar cuando hablo de mi vida que, casualmente, provocan el mismo efecto en los hombres: una leve y mal disimulada sonrisita pícara.

La primera es “me contrataron en la empresa XXX por mi francés”. Literalmente, me contrataron porque tras largos años conseguí un nivel aceptable y es que a mí, el francés y otras lenguas se me dan, en general, bien.

La segunda es “iba en el coche y me dieron por detrás”. Claramente, me refiero a un accidente que sufrí en el verano de 2006, un choque múltiple que me obligó a estar con collarín y rehabilitación durante unos meses. Y sí, me dieron por detrás y también por delante, porque yo estaba en el medio.

Y no falla, eh. He hecho la prueba en varias ocasiones y al final de cada una de ellas siempre está ahí esa miradita propia de quien está pensando siempre en lo mismo. En lo único. En lo Miss Understood que soy cuando cuento mis historias ¿o en qué estábais pensando?

No te invité a dormir

Tenía un post preparado sobre la última canción de Nena Daconte (uno de mis guilty pleasures, qué le voy a hacer, no pienso negarlo).

El post hablaba de lo directa que me ha llegado la letra al reflejar casi con exactitud acontecimientos recientes. En realidad no sé de qué me sorprendo: mi vida está llena de momentos que llegan y se van, de trenes que pasan y no cojo porque no me entero de que están en la estación esperando a que suba, de oportunidades que, de puro obvias, se vuelven inexistentes.

¿Por qué no te invité a dormir? Esa es la cuestión, pero la canción, más que como pregunta, se plantea como un reproche, como un tirarse de los pelos por lo tonta que se ha sido en un momento concreto, por el giro que han dado las cosas desde ese instante.

He borrado el post. Y lo he borrado porque en mi vida también hay veces en los que podría titularse “Te invité a dormir”. Es decir, la situación opuesta: ¿Por qué te invité a dormir? ¿Por qué, con todas las cosas que podría haber hecho decidí dejarte entrar en mi vida? ¿Por qué en ese preciso momento no hice lo que mejor se me da (que es dejar pasar trenes)?

En positivo o en negativo, leedlo como más os guste. Estoy intentando analizar qué me hace decidirme hacia un lado u otro.

¿Por qué con Klaus & Kinski sí y con Tachenko no? ¿Por qué en Bilbao puede haber un futuro pero en Madrid no lo habrá jamás? ¿Por qué de Amélie me gustan hasta los enanos de jardín?

Mi vida está absolutamente dirigida por chorradas. Esa es la única conclusión.

La #egbindie

Cuando Makoto nos pidió a Körkarlen, a Morgan y a mí alguna recomendación musical, el señor Körkarlen creó el concepto #egbindie. Desde entonces, nos hemos dedicado todo el curso a “enseñarle” nuevos grupos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa. No negaré que Makoto es un buen alumno y apunta maneras. Ha escuchado todo lo que le hemos propuesto y ahora tiene entre sus manos entradas para un par de festivales. Sin embargo, a mí aún me quedan dudas sobre si podemos pasarle a segundo curso o si tendrá que repetir primero.

Dicho esto, propongo un juego que sirva para demostrar los conocimientos de cada uno. Es un juego abierto a todos los que queráis participar. Quien consiga identificar el mayor número de nombres de entre los 20 grupos escondidos en el siguiente texto (inventado 100%, aviso), tendrá un detallito made in Miss Understood. Los nombres pueden estar puestos de forma exacta o adaptados (traducidos, por ejemplo).

Los comentarios, los podéis dejar debajo. Las respuestas con los grupos, si no queréis dejarlas visibles, las podéis enviar a miss@missunderstood.es

¡Empecemos!

“¡Por fin es martes y puedo tachar un día para que llegue el fin de semana! Este año coincide con la festividad de los difuntos, así que podríamos llamarle “El fin de semana de los vampiros”. Personalmente, la fiesta me parece un espanto. No colaboro disfrazándome pero entiendo que los bares y las tiendas de disfraces hagan su agosto en pleno noviembre.

El año pasado fui, precisamente, a casa de Makoto. Empezamos con unos vinos en La Buena Vida (venga, este es fácil!!!) y después nos fuimos a tomar unos cortos por el barrio Húmedo. No hay que perder de vista que estos chicos son los reyes de León y se conocen la noche como la palma de sus manos. Como suele sucederme, en la cola del baño conocí a una chica. Dijo llamarse Simone. Parecía una rubia australiana y se podría haber dicho de ella que era de Neguri, de los Smith de toda la vida aunque como ella más tarde reconoció “Soy de Barcelona”.

Nos pusimos a hablar. Era del tipo de personas que mezcla palabras en inglés con otras en castellano en su discurso, así que no me sorprendió que me preguntara que “si seguía single o que si por el contrario tenía family”. Muy cool. Muy kitsch. Le respondí (en un intento de parecer tan divina como ella) que me dedicaba a mis amantes y que yo así estaba deluxe.

Se rió y me respondió que ella creía firmemente en la existencia de hombres en todos los planetas y que nos estábamos perdiendo muchas aventuras por culpa de los escasos avances en la fabricación de cohetes.

¡Toma ya! Mi interlocutora resultó ser una soñadora. O eso fue lo que pensé yo cuando añadió (muy en su línea) “Oh! What a lovely luna”. Icé mi linda mirada (así de mona soy yo, jiji) al cielo, momento que aprovechó para robarme la cartera.

Y no sé si fue la tontería del momento o más bien las copas del momento, pero el caso es que no me di ni cuenta y me despedí de ella con un sentido “Adios, Simone”.

El final de la historia os lo podéis imaginar: ni se llamaba Simone, ni era de Barcelona, ni nada de nada. La chica era una maga de los robos y una vieja conocida de la policía, huída de la justicia desde hace años y en busca y captura por algún delito digno de película de Tarantino.

La están buscando en Phoenix (Arizona) aunque parece que tienen otra posible pista en Niza. Sinceramente, por mucho que busquen, a ésta no la encuentra ni la Interpol. Parece que en esta ocasión, Dios sí que ayuda a las chicas.”

El día que Miss vio la colaboración ciudadana al desnudo

Ayer, volviendo de pasar los días del puente con amigos, la batería del coche nos jugó una mala pasada. Tuvimos que llamar a la grúa para que viniera a enchufarnos unas pinzas que la hicieran revivir. Afortunadamente el resto del camino transcurrió sin novedades y llegamos a Madrid a una hora prudente. Y sí, las pinzas están muy bien pero eché en falta un poquito de colaboración ciudadana.

¿Por qué os cuento esto? Porque me recordó a un episodio que viví hace un mes escaso durante los días que pasé en Menorca.

A la isla me fui con el Indio, que por aquel entonces era mi chico (a estas alturas cualquier otro calificativo más cariñoso se me haría raro). Nada más llegar nos fuimos a una playa al sur de la isla. La estampa era digna de ser vista: una playa preciosa con poca gente y la luz de la tarde cayendo lentamente sobre nosotros.

Entre arrumacos andábamos cuando se acercó hasta nosotros un chico corriendo y pidiéndonos ayuda; se les había quedado un catamarán encallado en la playa, en la zona de rocas, y no podían moverlo ni con la ayuda de Salvamento Marino.

Ni cortos ni perezosos nos levantamos de la toaya, el Indio se puso una especie de pareo alrededor del cuerpo (he olvidado deciros que era nudista) y nos dirigimos hacia la zona del catamarán encallado.

Allí la consigna fue sencilla: “por favor, empujad el catamarán hasta que podamos sacarlo de las rocas”.

Acto seguido el Indio se despojó del pareo, me lo dio para que lo sujetara y se puso manos a la obra. A su alrededor, por lo menos una veintena de cuerpos masculinos igualmente desnudos haciendo fuerza para sacar la embarcación de su encierro playero. Y mientras tanto, la luz del sol seguía cayendo.

Y yo allí, petrificada viendo la magnífica imagen. Y no, no hablo de los cuerpos forjados en gimnasio durante el año, ni de esos traseros sin marcas, ni de esos fornidos brazos dorados al sol, sino de la maravillosa colaboración ciudadana que tanto eché en falta ayer.

¿Dónde están los hombres desnudos cuando se les necesita? ESA es la cuestión.

Körkarlen es mucho Körkarlen

Hacía tiempo que no me reía tanto. Claro que, bien pensado, hacía tiempo que no tenía una comida de celebración semejante a la de hoy.

Nos hemos juntado unos cuantos amigos para celebrar que hoy exactamente se cumplen 32.016 días desde el estreno de “Körkarlen” del gran Victor Sjöstrom.

Ha sido mucha la expectación creada estos días por unos y muy grande igualmente el mito alimentado por otros y estos otros.

Y es que señores, ¡Körkarlen es mucho Körkarlen!

No pensaba volver a mi vida en el blog con este tipo de post pero mis compañeros de celebración me han instado a hacerlo y ya se sabe que yo me debo a mis lectores.

Dicho esto, deseemos una larga vida a la película y esperemos que no pasen otros 32.016 días para volver a celebrar algo…

Solamente quiero a alguien normal… NOR-MAL

¡Jajaja!

Me muero de la risa tras ver este corto que me ha llegado vía @vanecrespo, que es la mejor y siempre está al pie del cañón al otro lado del teléfono o tomándose una cerveza para compartir historietas. ¡Gracias, nena!

Y mil gracias también a todos los personajes que pasan por nuestras vidas y nos facilitan tener estas conversaciones con nuestras amigas. De verdad, la vida no sería lo mismo sin vosotros. A vuestros pies, me quito el sombrero…

You’re the one for me, fatty

¿Os he contado que una vez me subí a un avión que no era? Por un cambio de puerta a última hora me subí a un avión equivocado. Hago un alto en la narración para denunciar que ninguno de los asistentes de vuelo se dio cuenta en los controles de que no era el mío. Era un viernes, eran las diez de la noche y me disponía a volver a Madrid después de toda la semana trabajando en Oviedo. Estaba muy cansada y con muchas ganas de llegar a casa a dormir.

Según avanzaba por el pasillo del avión, identifiqué mi asiento y… ¡oh, sorpresa! vi que alguien lo estaba ocupando. Fue la gota que colmó el vaso. Puse mi peor cara de perro y justo en el momento en que me disponía a atacar al personaje que me había usurpado el sitio, escuché por los altavoces del avión: “Señorita Understood, póngase en contacto con la tripulación”.

Mi cara de perro mutó en un color rojo tomate al sentir las miradas curiosas del resto del avión y me dirigí a la puerta. Allí, una amable azafata me “invitó” amablemente a abandonar el vuelo en el que estaba y subir al que verdaderamente tenía que subir, con destino Madrid.

Salí pitando de allí, totalmente abochornada por la escena que acababa de vivir y a tiempo para coger el vuelo correcto. Nunca he vuelto a equivocarme de puerta, manías que se le quedan a una después de estas cosas.

Pues bien, esta mañana he leído una noticia sobre Kevin Smith que me ha dejado con la boca abierta y me ha hecho recordar el bochornoso incidente que viví hace unos años. Parece ser que está demasiado gordo y al no caber en un único asiento, una aerolínea le obligó a bajar del avión antes de despegar.

Y es que el bueno de Kevin suele comprar dos asientos en lugar de uno para poder volar “a sus anchas” pero debido a un cambio en el vuelo y a que éste iba bastante lleno, sólo pudo acceder a una plaza libre, lo que dio lugar al fatal desenlace.

Vaya desde aquí mi solidaridad con los entraditos en carnes (ya sabéis que para mí un hombre sin tripita no es un hombre) y vaya también desde aquí mi queja más enérgica sobre el derecho a lucir el tipín que cada uno considere.

¿Es que estos señores no saben que acaban de terminar las Navidades y que son muy malas fechas para los kilos? ¿Es que esta compañía aérea no sabe que oficialmente hasta marzo no empieza la operación bikini? ¿Es que no le podían haber cambiado de asiento? Por Dios, ¡que es Kevin Smith!

Según cuenta la noticia, su Twitter echa humo tras el incidente (no lo he podido verificar por mí misma porque a estas horas se encuentra “over capacity”) y me pregunto si habrá una próxima saga de películas en las que Jay y Silent Bob abandonen las tiendas, los centros comerciales o a Alanis Morissette al frente de la religión para regalarnos alguna otra historia, basada esta vez en los bizarras liturgias por las que hay que pasar para subir a un avión o en las desventuras de un pobre adicto a la comida basura (o de metabolismo lento, que no todo en la vida del gordito es por comer y beber).

Yo por si acaso este año he empezado antes con la operación bikini, concretamente la empecé al terminar agosto, es decir, que nunca la he llegado a dejar. Bien pensado, me está ahorrando muchos disgustos y es que no podría soportar que me echaran por segunda vez en la vida de un avión con destino a Madrid.

Pulsando el Play: Morrisey - You’re the one for me, fatty

Where is my mind?

Me preguntaban el otro día por la técnica que sigo para escribir mis posts: ¿escribo y luego elijo la canción (y por lo tanto, el título del post)? o ¿escucho una canción que me inspira y escribo un post relacionado?

Generalmente, hago lo primero.

Las ideas para los posts me llegan de cualquier cosa: una conversación con alguien, algo que vea en la calle, un sentimiento que tenga dentro y necesite sacar o un pensamiento que me apetezca compartir.

Hoy ha sido al revés: esta semana he vuelto a oir esta canción y su estribillo me martillea sin cesar. No es que yo sea precisamente una fan de los Pixies pero reconozco que este tema se salva (sé que con esta frase me la estoy jugando y tendré algún comentario al respecto).

Desde hace unos días no estoy centrada en nada y estoy un poco desubicada: trabajo para Rusia y Alemania, chateo con Sri Lanka y Bruselas, hablo por teléfono con la India, twitteo con Londres, leo las aventuras en Facebook de un señorito que a recorre el sudeste asiático, comento las fotos en Flickr de una australiana a la que compré unos vestidos, me divierto en Madrid y pienso en Bilbao.

Releyendo el anterior párrafo saco varias conclusiones:

  • No sé ni cómo me queda tiempo para trabajar
  • Estoy enganchadísima a muchas aplicaciones a las que me resultaría difícil renunciar
  • Sigo siendo capaz de relacionarme con gente cara a cara, con lo que he evitado el riesgo de convertirme en un ente de la “cosa” dospuntocerista.
  • No me explico cómo sobrevive la gente que puede estar días sin conectarse

… y la más importante todas ellas:

  • Mis amigos son igual de “modernos” que yo.

Supongo que ellos tampoco saben muy bien dónde tienen su cabeza y supongo que mientras yo aclaro mi situación, ellos irán poco a poco volviendo a sus orígenes (y por lo tanto, facilitándome la labor).

¿Que dónde tengo la cabeza? “Sobre los hombros” es lo más acertado que puedo decir.

Pulsando el Play: Pixies - Where is my mind?