Archive for the 'Miss Descaros' Category

Körkarlen es mucho Körkarlen

Hacía tiempo que no me reía tanto. Claro que, bien pensado, hacía tiempo que no tenía una comida de celebración semejante a la de hoy.

Nos hemos juntado unos cuantos amigos para celebrar que hoy exactamente se cumplen 32.016 días desde el estreno de “Körkarlen” del gran Victor Sjöstrom.

Ha sido mucha la expectación creada estos días por unos y muy grande igualmente el mito alimentado por otros y estos otros.

Y es que señores, ¡Körkarlen es mucho Körkarlen!

No pensaba volver a mi vida en el blog con este tipo de post pero mis compañeros de celebración me han instado a hacerlo y ya se sabe que yo me debo a mis lectores.

Dicho esto, deseemos una larga vida a la película y esperemos que no pasen otros 32.016 días para volver a celebrar algo…

Solamente quiero a alguien normal… NOR-MAL

¡Jajaja!

Me muero de la risa tras ver este corto que me ha llegado vía @vanecrespo, que es la mejor y siempre está al pie del cañón al otro lado del teléfono o tomándose una cerveza para compartir historietas. ¡Gracias, nena!

Y mil gracias también a todos los personajes que pasan por nuestras vidas y nos facilitan tener estas conversaciones con nuestras amigas. De verdad, la vida no sería lo mismo sin vosotros. A vuestros pies, me quito el sombrero…

You’re the one for me, fatty

¿Os he contado que una vez me subí a un avión que no era? Por un cambio de puerta a última hora me subí a un avión equivocado. Hago un alto en la narración para denunciar que ninguno de los asistentes de vuelo se dio cuenta en los controles de que no era el mío. Era un viernes, eran las diez de la noche y me disponía a volver a Madrid después de toda la semana trabajando en Oviedo. Estaba muy cansada y con muchas ganas de llegar a casa a dormir.

Según avanzaba por el pasillo del avión, identifiqué mi asiento y… ¡oh, sorpresa! vi que alguien lo estaba ocupando. Fue la gota que colmó el vaso. Puse mi peor cara de perro y justo en el momento en que me disponía a atacar al personaje que me había usurpado el sitio, escuché por los altavoces del avión: “Señorita Understood, póngase en contacto con la tripulación”.

Mi cara de perro mutó en un color rojo tomate al sentir las miradas curiosas del resto del avión y me dirigí a la puerta. Allí, una amable azafata me “invitó” amablemente a abandonar el vuelo en el que estaba y subir al que verdaderamente tenía que subir, con destino Madrid.

Salí pitando de allí, totalmente abochornada por la escena que acababa de vivir y a tiempo para coger el vuelo correcto. Nunca he vuelto a equivocarme de puerta, manías que se le quedan a una después de estas cosas.

Pues bien, esta mañana he leído una noticia sobre Kevin Smith que me ha dejado con la boca abierta y me ha hecho recordar el bochornoso incidente que viví hace unos años. Parece ser que está demasiado gordo y al no caber en un único asiento, una aerolínea le obligó a bajar del avión antes de despegar.

Y es que el bueno de Kevin suele comprar dos asientos en lugar de uno para poder volar “a sus anchas” pero debido a un cambio en el vuelo y a que éste iba bastante lleno, sólo pudo acceder a una plaza libre, lo que dio lugar al fatal desenlace.

Vaya desde aquí mi solidaridad con los entraditos en carnes (ya sabéis que para mí un hombre sin tripita no es un hombre) y vaya también desde aquí mi queja más enérgica sobre el derecho a lucir el tipín que cada uno considere.

¿Es que estos señores no saben que acaban de terminar las Navidades y que son muy malas fechas para los kilos? ¿Es que esta compañía aérea no sabe que oficialmente hasta marzo no empieza la operación bikini? ¿Es que no le podían haber cambiado de asiento? Por Dios, ¡que es Kevin Smith!

Según cuenta la noticia, su Twitter echa humo tras el incidente (no lo he podido verificar por mí misma porque a estas horas se encuentra “over capacity”) y me pregunto si habrá una próxima saga de películas en las que Jay y Silent Bob abandonen las tiendas, los centros comerciales o a Alanis Morissette al frente de la religión para regalarnos alguna otra historia, basada esta vez en los bizarras liturgias por las que hay que pasar para subir a un avión o en las desventuras de un pobre adicto a la comida basura (o de metabolismo lento, que no todo en la vida del gordito es por comer y beber).

Yo por si acaso este año he empezado antes con la operación bikini, concretamente la empecé al terminar agosto, es decir, que nunca la he llegado a dejar. Bien pensado, me está ahorrando muchos disgustos y es que no podría soportar que me echaran por segunda vez en la vida de un avión con destino a Madrid.

Pulsando el Play: Morrisey - You’re the one for me, fatty

Where is my mind?

Me preguntaban el otro día por la técnica que sigo para escribir mis posts: ¿escribo y luego elijo la canción (y por lo tanto, el título del post)? o ¿escucho una canción que me inspira y escribo un post relacionado?

Generalmente, hago lo primero.

Las ideas para los posts me llegan de cualquier cosa: una conversación con alguien, algo que vea en la calle, un sentimiento que tenga dentro y necesite sacar o un pensamiento que me apetezca compartir.

Hoy ha sido al revés: esta semana he vuelto a oir esta canción y su estribillo me martillea sin cesar. No es que yo sea precisamente una fan de los Pixies pero reconozco que este tema se salva (sé que con esta frase me la estoy jugando y tendré algún comentario al respecto).

Desde hace unos días no estoy centrada en nada y estoy un poco desubicada: trabajo para Rusia y Alemania, chateo con Sri Lanka y Bruselas, hablo por teléfono con la India, twitteo con Londres, leo las aventuras en Facebook de un señorito que a recorre el sudeste asiático, comento las fotos en Flickr de una australiana a la que compré unos vestidos, me divierto en Madrid y pienso en Bilbao.

Releyendo el anterior párrafo saco varias conclusiones:

  • No sé ni cómo me queda tiempo para trabajar
  • Estoy enganchadísima a muchas aplicaciones a las que me resultaría difícil renunciar
  • Sigo siendo capaz de relacionarme con gente cara a cara, con lo que he evitado el riesgo de convertirme en un ente de la “cosa” dospuntocerista.
  • No me explico cómo sobrevive la gente que puede estar días sin conectarse

… y la más importante todas ellas:

  • Mis amigos son igual de “modernos” que yo.

Supongo que ellos tampoco saben muy bien dónde tienen su cabeza y supongo que mientras yo aclaro mi situación, ellos irán poco a poco volviendo a sus orígenes (y por lo tanto, facilitándome la labor).

¿Que dónde tengo la cabeza? “Sobre los hombros” es lo más acertado que puedo decir.

Pulsando el Play: Pixies - Where is my mind?

Glasses & Sweaters (parte 2)

Pues sí, más de un mes después de la parte 1, llega la segunda. No voy a decir que he estado ocupada con otras cosas porque creo que es más que obvio. Diré que he tenido otras prioridades más urgentes.

Como no me gustan las cosas a medias, voy a terminar lo que inicié la última vez que aparecí por aquí. En realidad, el hecho que motivó que creara un post dedicado a mi ropa ya no es relevante porque ha desaparecido. Casi he olvidado cuál era la conclusión a la que llegué en su día, incluso.

Hace un mes mi armario me habló. Vamos a ver, no me habló en el sentido literal de la palabra hablar, sino que lo que hizo literalmente fue “vomitar” camisetas a modo de queja por el peso que sin duda estaba soportando.

Cerca de treinta camisetas, varios pares de zapatos, diversos jerseys y algún pijama después, mi armario se vio liberado de parte de su carga y por fin la balda enferma pudo volver a su sitio.

No voy a entrar en discusiones acerca de si con treinta camisetas arriba o abajo se puede ser más o menos feliz. En mi caso, esas treinta camisetas me hicieron muy feliz en su día y reconozco que ha llegado el momento de dejarlas marchar.

Tampoco voy a entrar en discusiones acerca de ese síndrome de diógenes que parece que tengo y que me impide deshacerme de ropa que hace ya más de dos temporadas que no me pongo. Todas las modas vuelven, ¿cómo no voy a estar preparada, por ejemplo, para cuando se vuelvan a llevar los pantalones de lino?

Definitivamente, el señor Amancio Ortega con sus trapitos tan al alcance de la mano ha hecho estragos tanto en mi cuenta bancaria como en mis baldas. No se lo reprocho, al fin y al cabo, ¿cómo iba a completar si no este post?

Glasses & Sweaters (parte 1)

¿Alguno de vosotros ha probado a depilarse las cejas con unas gafas puestas? Yo sí y os digo que es una maniobra prácticamente imposible. En el poco espacio que queda entre la gafa y la ceja, hay que meter (y apuntar bien) la pinza para tirar del pelo exacto. Un pelo mal elegido y tu diseño cejil se va al carajo.

¿Sabéis cuál es el resultado de pasarte medio cegata una cuchilla mientras te duchas? Efectivamente: un mal afeitado de piernas. No nos engañemos, no conozco a nadie que se duche con gafas. Ni siquiera sé si mis gafas aguantarían sin oxidarse. Y no es por nada, pero las sorpresas que me llevo cuando veo el resultado son espeluznantes… ¡gafas para agua ya!

¿Se os ha ocurrido pensar alguna vez en el pánico que supone no saber quién te está llamando al móvil? Como no lleve las gafas puestas, no tengo ni idea de quién se asoma a esa pequeña ventanita. Últimamente he cogido el teléfono “a ciegas” unas cuantas veces (algo que no me pasaba desde tiempos pre-tecnológicos, cuando sólo había líneas fijas) . He sobrevivido a ello pero el corazón me ha dado más de un vuelco.

¿Os imaginais lo que me supone entrar a una tienda a ver ropa y no ver el precio de los trapitos que me gustan? El pesar que se siente al comprobar que algo no está hecho para tu monedero es indescriptible, máxime si ya te lo has probado y te favorece.

¿Sois conscientes de lo duro que es mirarte al espejo y verte de un tamaño para después, gafas en ristre, volver a mirarte y caer en la cuenta de que en realidad ocupas “un poquito más”? Yo una vez lo hice y me asusté tanto que me juré a mí misma que si no pago por ver una peli de terror en el cine, mucho menos lo voy a hacer gratis en mi casa.

Haciendo memoria, me pusieron gafas con 8 años. Eran rojas y eran preciosas. Entonces pocos niños llevaban gafas en clase y menos como las mías. Aparentemente mi “gran defecto de visión” (oculista dixit) mejoró y dejé de llevarlas unos años. Ahora tengo varios pares. Combinan con mi ropa y me encantan.

Tengo una colección maravillosa de gafas. Eso sí, cada día veo menos.

Ciega pero feliz.

Pulsando el Play: Brian Hunt - Glasses & Sweaters

Una de chapas

Me encanta poder anunciaros que hace ya más de un año que nació este blog y que, a pesar de las chapas que en ocasiones escribo, más de uno y más de dos seguís leyéndome de forma habitual.

Todo bloggero sabe que conseguir lectores es difícil pero más difícil es mantenerlos.

Por este motivo, he preparado una pequeña forma de agradeceros que en estos momentos estéis leyendo estas líneas. Mi amigo Attitude me ha ayudado enormemente y el resultado es el siguiente:

Regalo una chapa conmemorativa del primer aniversario a todo el que me la pida, así de sencillo.

Simplemente enviadme un email a miss@missunderstood.es con vuestra dirección y la tendréis en el buzón de casa en unos días. ¡Pedid por esa boquita!

Chicas, queda monísima sobre cualquier chaqueta, camiseta, bolsa de tela, etc.

Chicos, si no es para vosotros, seguro que conoceis a alguna chica a la que regalársela y a la que le quedará monísima sobre cualquier chaqueta, camiseta, bolsa de tela, etc.

Por supuesto, si alguien pregunta tenéis toda la libertad del mundo la obligación moral de hablar de dónde y cómo habéis conseguido la chapa ;-)

Encuentros

El lunes me encontré con una nueva responsabilidad en el trabajo. Me va a suponer unas cuantas horas de más pero confío en que sean horas gratificantes. Yo al menos me lo planteo como algo más que positivo y como una nueva ilusión en mi día a día, una especie de reconocimiento al trabajo desempeñado hasta la fecha. Estoy contenta.

El martes me encontré con unas vacaciones inesperadas. A finales de octubre me iré a disfrutar del sol en las Canarias. Sólo serán unos días pero serán más que suficientes para recuperar tono de moreno (fundamental), descansar, hacer turismo, disfrutar de la familia y desconectar de todo. Estoy contenta.

El miércoles me encontré con una amiga del instituto. Algo inusual, ciertamente, ya que nos encontramos en la cola de la consulta de un médico. Fui a una visita rutinaria y la sorpresa fue enorme. Hacía años que no nos veíamos y el encuentro fue emocionante. Nos volveremos a ver en breve, sin depender del destino. Estoy contenta.

El jueves me encontré bien. Tampoco me lo esperaba pero así fue: no tuve nauseas, no tuve dolores, no tuve mala gana. Pude comer y pude volver a disfrutar comiendo. Ha sido, por descontado, la mejor noticia de la semana. Sigo mejorando y espero poder tomarme una cerveza el próximo fin de semana para celebrarlo. Estoy MUY contenta.

El viernes me encontré con Pi y Mr. Dana Lee en el concierto de Elvis Perkins. Estaba yo con Queens, charlando tranquilamente entre el telonero y el señor Perkins y de repente les divisé a escasos metros. Era lo último que hubiera esperado. Una sorpresa más que agradable que se prolongó hasta que, tras haber visto al mismísimo Parada, puse rumbo al cumpleaños de Campanilla. También encontré una futura prima para mis Blythe, pero ésa es otra historia. En cualquier caso, estoy contenta.

El sábado me encontré con un vestido nuevo. Fue algo no planeado, simplemente surgió el encuentro. En realidad me confundí y entré a una tienda pensando que entraba en otra (es lo que tiene ser una despistada de marca) así que ya que estaba dentro, no tuve más remedio que echar una ojeada. Y hete aquí que allí estaba el vestidito, esperando a ser encontrado. Me lo llevé a casa con todo el amor posible. Tengo que encontrar ahora la ocasión para llevarlo. Creo que esto me costará menos que haber encontrado el propio vestido. Esta nueva compra me deja, cómo no, contenta.

Hoy domingo me he encontrado con un e-mail diciéndome que Lola ya está en camino. Estoy contenta, estoy muy contenta y con esta noticia doy por terminada mi semana.

Os dejo la canción con la que abrió el viernes Elvis Perkins: While you were sleeping

Girls just want to have fun

Llegué a casa y apenas sin tiempo para sacar alguna cosa del bolso, salí corriendo para no llegar tarde a mi cita. Me esperaba mi queridísima BoraBora con unas amigas para iniciar nuestra ruta por el Fashion’s Night Out.

Seis chicas con la única intención de pasar un buen rato y, si se diese el caso, hacer alguna compra nocturna.

El plan prometía: tiendas abiertas, djs por doquier, cava prácticamente en todas las tiendas y el inevitable famoseo. Impresionante la señorita Pilar Rubio al natural (muchísimo mejor que en la tele, que ya es decir). Muy curioso ver a Carmen Lomana (sí, realmente esa señora existe). Sorprendente ver a una ex-concursante de Super Modelo y enterarme de que es novia del Director-General-de-no-sé-dónde y que ahora es una asidua de la biblia del papel couché de nuestro país.

Mucha gente vestida para la ocasión (yo que iba directa del trabajo desentonaba, he de confesarlo) y mucha niña joven de vacaciones hasta el inicio del curso escolar.

Incidente número 1 de la noche: BoraBora hablando por teléfono y diciendo “estoy aquí, con las niñas” (refiriéndose a nosotras, claro). Acto seguido, una de esas veinteañeras se gira hacia sus amigas, se ríe y pronuncia lo siguiente: “sí, sí….las niñas”.

Bueno, vamos a ver, que hayamos salido ya de la pubertad no nos deja absolutamente fuera del mundo y tenemos derecho a existir, ¿no?

Con el ego alto (altísimo), riéndonos del comentario y pensando algo tipo “ya te gustaría a tí llegar a mi edad en mi estado”, seguimos el periplo.

Dejé fichados un abrigo y un vestido y volví a ver esos zapatos que me rondan la cabeza desde hace un tiempo. Me porté bien y mantuve atada la tarjeta, sacándola exclusivamente para aquéllo que “realmente” me hacía falta. En estos momentos me estoy viendo a mí misma como Becky la shopaholic…

Dudas existenciales aparte, continuamos la noche para acabar entrando en una atestadísima Loewe, sembrada de gente con unos imposibles estilismos y con pocas ganas de gastar. “In it for the free drink”.

Incidente número 2 de la noche: BoraBora acecha al coctelero y consigue tres copas para nuestra troupe ante las miradas y comentarios furiosos de un grupo de veinteañeros indignados con un inútil “hemos llegado antes”. ¡Ja! Además de ser mentira, la experiencia es un grado y a nosotras no nos roban una copa delante de nuestras narices cinco jovenzuelos.

Con el ego aún más alto (altísimo) y pensando algo tipo “¿juventud, divino tesoro?”, tuvimos charla para un buen rato, centrada fundamentalmente en torno a si nos iban a asaltar a la salida de la tienda para darnos nuestro merecido.

Nada de eso ocurrió, afortudamente. Salimos de la tienda, nos despedimos y cogimos un taxi para volver a casa. No olvidemos que hoy trabajábamos todas y estamos ya “mayores” como para andar haciendo excesos un jueves por la noche.

Fue una noche genial que espero repitamos y es que las chicas, sólo queremos divertirnos.

Pulsando el Play: Russian Red - Girls just want to have fun

I love noodles

¡Qué bien se está cuando se está bien!

Una frase que, aunque repetida hasta la saciedad, no cobra su verdadero sentido e importancia hasta que una mala racha se cruza en nuestro camino.

La vuelta de las vacaciones no está siendo muy buena para mí en lo tocante a la salud: nauseas, mareos y pérdida de apetito se han aliado maliciosamente con las noches de fuego y la bajada de moral para dejarme en un estado de debilidad pocas veces conocido.

Muy a mi pesar, parece que los tiros apuntan al estómago. Apenas puedo comer y estoy sobreviviendo a base de infusiones (benditas hierbas) y Aquarius. No recuerdo ya cuándo fue el último día que probé la cerveza, ni el último plato de comida que pude terminar. Un calvario, vaya.

Y es que para mí, comer es un placer. Y no poder comer es una venganza por algo que, sin duda, he hecho mal en otra vida.

Ayer mi amigo Blondie me habló de Cyanide and Happiness e investigando en la red encontré este vídeo. Os juro que jamás me había sentido tan identificada con el amor a un alimento.

Y a vosotros ¿os gustan los noodles?