Un aluvión de mensajes navideños es lo que he recibido entre ayer y hoy.
Se está poniendo de moda hacer felicitaciones al más puro estilo de la realeza: los niños, unos cuantos adornos navideños…et voilà, felicitación al canto.
Como yo el año pasado ya inicié esta costumbre, no puedo hacer menos en este 2009.
La familia ha crecido y esta vez las niñas estrenan ropita: Lola con camiseta de Santa Claus, Casilda con un vestido navideño que recuerda a un bastón de caramelo y Olivia con un disfraz de reno. ¡Me costó un montón que estuvieran quietas!
¿No están preciosas? Sí, lo están. De todas maneras, entiendo que a algunos de vosotros os intimiden esos ojos que tan fijamente miran.
Creo que en este vídeo que me ha enviado Makotogim está la respuesta al respeto que os infundan mis inocentes niñas. Disfrutadlo porque es precioso. Ah, la música es de Mastretta.
Paso un ratito por este hueco que tengo en la red para saludaros, daros las gracias por la aceptación que han tenido las chapas de aniversario (el sábado me llega ya la segunda tirada) y para deciros que me han emocionado mucho vuestros mensajes.
Volví ayer de pasar unos días en Lanzarote, preciosa isla que desde aquí recomiendo, y estoy todavía con las pilas bajas. Sinceramente, espero que no se me revolucione el biorritmo más de lo estrictamente necesario hasta dentro de unas semanas, que he venido tan relajada que no me lo creo ni yo.
Hay algo que, sin embargo, sí quiero hacer hoy y es presentaros a Lola, la pequeña de la casa. Llego al mundo, curiosamente, en Algorta pero esta historia os la contaré otro día.
Por hoy la foto de presentación oficial:
Se ve que aunque llegó toda punky, se ha ido “transformando” poco a poco y ahora está un poquito más sesenterilla. Mucho mejor así, ¿no creeis?
Si ya lo hice con Olivia, ¿cómo no voy a hacerlo con Casilda?
Hoy, 6 de septiembre, celebramos el cumpleaños de la pequeña de la casa. Casilda llegó hace doce meses exactos, en una mañana soleada en la que no esperaba la visita del cartero.
Sonó el timbre y vi a través de la mirilla un enorme paquete en manos del que en ese momento consideré “la mejor persona del día”.
Esta rubísima femme fatale sin escrúpulos ha sido desde entonces una de las alegrías del último año.
Tras conocer un poquito el norte, no pude (por problemas logísticos) llevármela a Nueva York así que le queda pendiente acompañarme al próximo gran viaje que haga.
Eso sí, he procurado en todo momento que la niña vaya de lo más chic: si su madre se compró una camiseta de Paul Frank en la gran manzana, ella ha hecho lo mismo en la preciosa Boutique de Lupi, que es una de nuestras tiendas preferidas en internet.
No me suele gustar eso de que madres e hijas vistan igual, pero por esta vez he hecho una excepción. Como se suele decir que vale más una imagen que mil palabras, podéis comprobar por vosotros mismos el efecto logrado.
Poco más que añadir, ¿no os parece?
Simplemente, deseemos a Casilda un feliz cumpleaños y que cumpla muchos más.
Pues así es, amigos, así es: Tokio ya no nos quiere.
Ni a esta Miss que escribe, ni a la pequeña familia que conforman Olivia y Casilda.
Para ponernos en situación y por si acaso alguno aún no se ha enterado, a principios de julio vi el boceto de lo que me pareció una preciosa Blythe que se pondría a la venta a finales de agosto.
Morena, cantante de un grupo y con una carita angelical que recuerda a la de sus hermanas (¡cómo no!), caí rendida a sus encantos como Ulises con una sirena cualquiera.
Decidí que Lola sería su nombre. L-O-L-A (leído como “el-ou-el-ei-louuula”) como la canción de los Kinks. Lola, como la zombie O’Riordan.
Hice el preorder (que es como cuando estás en lista en la puerta de un garito al que quieres entrar y con esto te aseguras un sitio) y me confirmaron que llegaría directa desde la mejor tienda on-line japonesa hasta mi casa, su casa, nuestra casa.
Nada más lejos de la realidad: un día antes del viaje de la nueva niña recibí un correo de la mencionada tienda avisándome de que, finalmente, no me enviarían nada porque el fabricante no les había suministrado todas las unidades que habían solicitado (que es como cuando a pesar de estar en lista en la puerta de un garito, el encargado de dejarte entrar te dice que el aforo está completo y que no puede saltarse la normativa para prevenir una posible multa del ayuntamiento de turno).
Así que ahí me quedé: compuesta y sin familia numerosa.
Ha pasado ya una semana desde el fatal desenlace y he empezado a asumir que si quiero a Lola tendré que buscarla por otra vía antes de que sea demasiado tarde porque ya sólo tengo ojos para ella… lo que sea por completar la familia, ¿no?
Pulsando el Play: Lori Meyers - Tokio ya no nos quiere
¡Qué mejor motivo para volver a este mi espacio que la celebración del cumpleaños de Olivia!
Así es, hace un año exactamente al llegar a casa el portero me tendió un paquete procedente de Korea. Ni corta ni perezosa, llamé a Janca, conecté la webcam y abrí el paquete con ella al otro lado del teléfono. Queda un poco friki al contarlo pero no fue para tanto, lo prometo. En su interior había una preciosa pelirroja.
Fue su madrina quien propuso el nombre de Olivia (sí, mis niñas tienen madrina). Además de gustarme mucho el nombre, me es muy cercano por ese perfume que tiene la mujer de Popeye.
Y así fue cómo un día de San Fermín nació ella, una Cáncer como curiosamente lo es una de mis mejores amigas.
El resto es de sobra conocido por todos: viajes, ropitas, cientos de fotos y su hermanita que llegaría en septiembre.
A partir de ahora la historia, como este blog, está por escribir. Retomo mi huequecito en la red con ganas y con ilusión tras un período de “tiempos convulsos” del que, cual Ave Fénix, espero renacer airosa.
A todos los que me habéis pedido una nueva historieta os dedico un enorme “¡muchas gracias!”.
En estas fechas, me llena de orgullo y satisfacción parece que lo que toca es desear a todo el mundo unas felicísimas fiestas y una aún mejor salida y entrada del nuevo año.
Igual que las celebrities, he pensado que la mejor manera de hacerlo era con una foto de la familia al completo. Me ha costado un triunfo que se estuvieran quietas pero al final lo he conseguido. Aquí tenéis la foto de este año, mis dos nenas felicitando la Navidad:
Casilda está cansadísima estos días (ha trasnochado mucho) y no ha querido ponerse de pie para enseñar su precioso vestido rojo. Dice que ya sabe que lo hemos comprado a una chica de Japón y que es espectacular pero que ella necesita sobre todo estar tranquilita junto al árbol.
Olivia sin embargo, está impaciente por salir a la calle con el patinete que nos ha regalado un amigo invisible al que todas deseamos lo mejor. Como es muy coqueta, se ha puesto el vestido de fiesta pero combinándolo con unas Converse a tono.
No puedo negar que se parecen a la madre. Ya sabéis “genio y figura…”
Por lo demás, he estado espiando la carta a los Reyes Magos que han escrito esta mañana. Además de cositas para ellas (Olivia quiere ir a la peluquería y Casilda quiere ponerse lentillas) se han acordado de mí y les han pedido que me traigan:
Un curso de fotografía o en su defecto unas nociones básicas de Photoshop para poder enseñar fotos más presentables que hasta ahora.
Un manual de instrucciones “for dummies” para poner un radioblog y no tener así que estar tirando de Youtube todo el día en esta página.
Una nueva Blythe (en esto yo no he querido decepcionarlas, pero lo veo muy complicado por el momento)
Por mi parte, poco más que añadir: felicidad para todos a raudales, no sólo para estos días sino para los que vienen y que todos podamos seguir viéndolos (los de unos y los de otros).
Termino por hoy con una canción navideña (¡cómo no!) cortesía de DCFC.
Hace algunos años, una noche en Barcelona aprendí una de las lecciones que más me han servido en la vida: “En una fiesta, lo que no puede fallar es el refresco”.
El pensamiento venía de un visionario que decidió predicar con el ilustrador ejemplo y su moraleja y acabó bebiéndose chupitos de vodka a pelo ante la falta de refresco. Acabó fatal. Y es que tenía toda la razón: en una fiesta se puede acabar el alcohol porque puedes beber sólo refresco pero no se puede acabar el refresco porque (normalmente) no puedes beber sólo alcohol.
Tanta sabiduría no podía venir más que de un amigo de Roglet. Ayer le ví otra vez, a Roglet, digo. Hacía mucho que no nos veíamos pero ayer fui a una boda en la que se(nos) reencontraron(mos) viejas glorias de tiempos pasados y… ¿mejores?
Y entre copa y copa escuché otra píldora de sabiduría, en este caso sobre la soltería en la treintena. Sabiamente dijo: “Para casarme pronto ya voy tarde así que esperaré a casarme mayor”.
Simplemente genial.
Pasando de teorías negativas y pesimistas sobre vestir santos y arroces pasados.
Pasando de clichés y topicazos sobre que los hombres huyen del compromiso.
Pasando de ideas catastrofistas sobre el no encontrar a esa supuesta media naranja que todos tenemos.
Simplemente genial.
Mientras escribo este post estoy con el pensamiento puesto en que lo lea todo aquél que ayer me preguntó que cuándo iba a ir por fin acompañada a una boda o aquél que me dijo que soy como una de esas viejas solteronas con miles de gatos en casa, sólo que sustituyendo los gatos por las Blythe.
Si me estáis leyendo, simplemente os digo lo siguiente: “yo es que para casarme joven voy algo tarde así que esperaré a casarme mayor, eso sí, tened por seguro que en mi boda habrá refresco a tope”.
Hoy me he levantado con ganas de enseñar a Casilda, la hermana de Olivia.
Lleva más de un mes con nosotras pero es que es muy tímida y no había querido dejarse ver hasta ahora.
Ahora bien, no hay que equivocarse. Es tímida pero a la vez es una rubia muy peligrosa, de ésas que te atrapan con su carita melancólica y sus grandes ojos. Ya dije en otro post que normalmente prefiero el pelito oscuro, pero es que esta melena platino me tiene loca.
Y por si os surge la duda, se lleva de maravilla con su hermana pelirroja.
Ayer tuve la suerte de comer con 5 grandes aficionados a las planchas Jata, irrepetible la comida, estos chicos son enormes. ¡Señores, vaya desde aquí mi homenaje!
Volviendo a temas más mundanos, entre las perlas que oí durante la comida, me enteré de que tienen por azar en su poder una foto del escote de Miss Understood. Evidentemente, es un robado. Pero robado de los de verdad, ¿eh?
Ni me sorprende (por lo habitual del escote en mi vestuario), ni me importa (por el mismo motivo). El pecho es algo que viene de serie y tengo cosas más urgentes por las que preocuparme.
Y quizá es porque no me preocupa en absoluto por lo que me llama la atención lo mucho que les preocupa a otras.
Estos días estoy leyendo un libro italiano que compré pensando que me reiría y está resultando un poco rollo autoayuda. El autor, un psicólogo que se está haciendo de oro, instruye a las lectoras para que se sientan a gusto consigo mismas y con su cuerpo y de esta manera puedan conseguir un marido rico (ya he dicho que el resumen de la contraportada prometía otro tipo de libro).
A lo que iba: a gusto con una misma es distinto para cada una, pero parece que sobre algunos aspectos físicos recae más responsabilidad que sobre otros.
Las cifras sobre operaciones de pecho en España crecen cada año y en su mayoría son aumentos de pecho. Totalmente a favor si eso hace feliz a la mujer que se mete al quirófano. Ahora bien, totalmente crítica si la única causa que empuja a alguien a hacerlo es la presión estética a la que nos vemos, sin querer, sometidas con nombres de series como el título de este post.
No me parece justo que nos vendan que con un escote de vértigo se puede tener todo en la vida. Y menos justo me parece que haya chicas que se sometan a una operación que no deja de tener un riesgo porque realmente lo consideran cierto.
Hasta el mundo de las Blythe ha llegado el silicona moment:
Hace un par de meses llegó a casa Olivia, una Blythe con el pelo fucsia y los ojos más grandes que el sol. Monísima, pero qué voy a decir yo, si soy su madre!!!
Impagables las caras de la gente al decir que a tus 30 añitos te has comprado una muñeca por eBay que viene desde Korea.
Impagables las miradas ajenas cuando la llevas de paseo y le haces fotitos en los lugares más insospechados.
Impagables las risas de “tía, estás pirada” al hablar de ella como si nada (y sí, soy consciente de que no es real, de que no soy madre y de que en realidad vivo sola)
Pero también impagables las horas en foros y flickrs, la ilusión de ir aprendiendo cada día más sobre este mundo y no sé si impagable pero sí irrecuperable lo poco que he dormido en vacaciones por hacerle vestidos…
Así que hoy al llegar a casa, cansadísima de todo el día, he visto a Olivia al entrar (siempre Olivia, nunca Oli), tan formal y tan sonriente que no he podido evitar dedicarle el post. Algunas se lo ganan…y además yo soy de corazón debilucho.
Comentan