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Podría volver

Podría volver pero este post no va de eso.

He entrado al blog por primera vez en diez meses, toda una proeza el haber aguantado este tiempo sin contar nada por aquí. Supongo que todo eso que solía dejar aquí escrito ha evolucionado hacia otro formato. Los 140 caracteres de Twitter enganchan y mucho.

Podría volver pero este post no significa nada.

En estos meses he hecho cientos de cosas. Si me habéis seguido en @miss_twitts seguro que lo sabéis. He viajado, he cambiado de actividad en el trabajo (que no de empresa), he empezado por fin a coser y me he apuntado a un curso de esos intensivos que te dejan sin fines de semana. Estoy contenta, la verdad. Precisamente por ese curso he vuelto a este sitio. Esto no es más que un ejercicio para clase.

Podría volver pero este post sólo certifica que no sé si quiero volver.

A veces siento añoranza de tiempos pasados. Luego me tomo una cerveza con alguien de Twitter al otro lado de la pantalla y se me pasa. O me pongo a ver alguna serie o a escuchar algún disco nuevo y se me pasa. O me acuerdo de todos los hombres tontos que he conocido este año y entonces no se me pasa y deseo volver a refugiarme aquí.

Podría volver, sí.

Podría volver by Los Planetas on Grooveshark

Si es que hay suerte

Ya es casi mitad de año y me ha dado por hacer balance. No es que el balance lo haya hecho hoy. En realidad, yo pienso en lo que me ocurre casi a diario, más que nada por si hubiera oportunidad de enmendar los errores cometidos.

Estoy cansada de lo de siempre.

Hoy cierro una etapa para abrir otra.

Como decía Julia Roberts en “Pretty Woman”: quiero el cuento completo. Y lo tendré si es que hay suerte.

Hoy me he dado cuenta
de que es hora de hacer las maletas
he pasado tanto tiempo en el mismo lugar…
Ya tengo recuerdos suficientes, tantas fotos tuyas
y en ninguna de ellas salgo yo.

Esta vez me voy en coche,
estoy cansada de volar,
a través de los cristales te diré bye bye.

Mi vida parece una película
y es ahora ahí donde yo quiero estar.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
o anunciando unas cuchillas de afeitar.

Y es verdad te querré siempre
que haya tierra suficiente,
de por medio juntos ya no podemos estar.

Dentro de unos años volveremos a encontrarnos
en un bar y por casualidad,
tú estarás tal calvo y tan gordito,
yo tan guapa
nos tendremos tanto que contar.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
o anunciando unas cuchillas de afeitar.

Me verás si es que hay tele
echando mi amor a suertes,
disfrutando de este siglo como nadie más.

Me verás si es que hay suerte
dando el tiempo por la tele,
aquí sol, ¡ay! cómo llueve en tu ciudad.

Miss_tits

Hay dos cosas que odio tener que ir a comprar: pantalones y sujetadores.

Los primeros porque hasta encontrar unos que me queden bien puedo tardar días. Les tengo manía. Apenas los llevo, yo soy una Miss de ésas que siempre van con falda o vestido.

Los segundos porque tampoco los encuentro fácilmente y es muy habitual que me lleve a casa algo que acabe muerto de risa en algún cajón.

Normalmente la función “compra de sujetadores” y su código comentado (entre paréntesis) suele ser así:

- Hola, quería un sujetador

- Muy bien, ¿qué talla tienes?

- Tengo una talla un poco rara, mucha copa y poco contorno. Utilizo la talla XXX (a ver si os creíais que iba a poner aquí cómo me las gasto en cuestiones de pecho…)

- Ah, pues no hay muchas casas que fabriquen esa talla (esto lo único que significa es: “te va a costar una pasta”)

- Lo sé, soy consciente de mi “problema” (que no es tal “problema”, simplemente me dibujaron así)

- ¿Lo quieres con relleno?

- Ehhh… no (a poco que me mires te darás cuenta de que no necesito más relleno)

- Tengo estos tres modelos

- ¡Genial! (lo mismo me eternizo probándomelos… #no)

… bucle probador, donde i representa el número de sujetadores …

for (i=0; i<=3; i++)

Ponte el sujetador, ajusta la tira para abrocharlo, ajusta los tirantes, mírate por delante, mírate de perfil, mírate por detrás, agáchate hacia delante para ver si todo se queda en su sitio, salta (sí, yo salto) para ver si todo se queda en su sitio tras los botes, siéntate, ponte una camiseta encima para ver el efecto con ropa, mírate por delante, mírate de perfil, mírate por detrás.

… fin del bucle probador …

Con suerte, habré salido airosa y con un sujetador listo para venirse conmigo a casa.

Con más suerte, tras llevarlo el primer día decidiré que se queda en el cajón de “ropa interior apta para ser usada”.

Con incluso más suerte, será tan buena la elección que no tendré que volver a por otro en un tiempo, fecha para la que por supuesto habrán dejado de fabricar ese modelo y tendré que volver a empezar.

Nadie dijo que fuera fácil ser chica…

Chicago

Estoy aún aterrizando del Primavera Sound y creo que hasta mañana no estaré del todo recuperada de estos días por Barcelona.

Han sido, como siempre, días intensos e inolvidables. No voy a  hacer un resumen de los conciertos que he visto, ni voy a volver a enumerar los muchísimos problemas que ha habido con las tarjetas de acceso, las colas, las escasas barras, las colas, los desplazamientos kilométricos y sí, las colas. Eso lo dejo para profesionales y aficionados con criterio.

Me quedo con mis historietas. De los festivales lo que más me gusta es que cada uno vive el suyo a su manera. No hay dos iguales.

He decidido que si algún día me caso, quiero que Jarvis Cocker pare un concierto para que me pongan el anillo. Se acabó eso de hincar rodilla en lugares recónditos. Quiero a Jarvis (y esto es en todos los sentidos).

El hotel de este año ha sido mi victoria particular, justo a la salida del Forum, para poder caerme muerta al mínimo signo de cansancio. Así se pueden vivir 100 años. O bueno, a lo mejor 100 no, pero sí 40. Eso nos ha contado mi amiga Cordobita: al parecer los abuelos de una amiga suya llevan 40 añazos viviendo en un hotel. Menudas risas nos echamos imaginándonos el momento en el que en recepción les preguntasen si “habían tomado algo del minibar” (enorme Mister Canas).

A lo mejor no es tan gracioso contado así, tomaos 3 Moritz y supongo que algo os ayudará. Y sí, por fin la he probado y sí, me ha gustado mucho. A quien corresponda: quiero un festival patrocinado por esta cerveza. Gracias.

En cualquier caso, lo que sí que he saciado ha sido mi sed de famoseo. Ya sabéis que soy tremendamente groupie, mitómana o fan (llamadlo como queráis). Se me escapó Jarvis el sábado por la mañana saliendo del hotel pero a cambio fiché por allí a La Bien Querida, a Felipe (Fresones, Cola Jet Set, etc), los Hidrogenesse recomendándonos qué vinilos comprar y cómo no, a mis adoradísimas Nosoträsh, que me dedicaron un disco y con las que estuvimos hablando un rato. Nunca sabes de lo que vas a hablar con alguien de quien eres admiradora así que jamás imaginamos que hablaríamos con ellas de nuestros problemas con los empachos y de lo mayores que nos hacemos.

Las que no han envejecido (o al menos lo han hecho de una forma estupenda) han sido las canciones del “Popemas”, que sonaron maravillosas y casi me sacan una lagrimilla. Para mí ha sido uno de los momentos más especiales del festival, al lado de amigos que iban a venir desde el principio (love you!) y otros que se apuntaron en el último momento y creo que  no se arrepintieron.

Fenomenal también Sufjan Stevens (¡para mi próximo truco necesito unas alas gigantes!), la magia de PJ Harvey, los bailes que nos echamos con Javiera Mena, la bola gigante de The Flaming Lips, la cara de alguno viendo a Grinderman,…

Y cómo no, va a ser imposible olvidar a todos los que nos encontramos por allí: amigos venidos desde Mexico o Londres e incluso desde Bilbao, tuiteros a los que puse cara, tuiteros a los que quise ver y al final no vi (hay que organizarse mejor la próxima vez), tuiteros a los que leí y cómo no, el trío más maravilloso que se puede una encontrar en una habitación de hotel. ¡Que vivan los Gin&Tonics después de una buena paella!

¿Sabéis qué le decía Isabel Pantoja a Paquirri cuando volvía de cazar? “-Paco, los zapatos”.

All things go, all things go…

chicago-sufjan-stevens

Agur

Mala noticia la del día de hoy: se ha ido Pedro. Me he quedado bastante impactada.

Los que me conocéis y/o alguna vez me habéis leído, sabéis de sobra que La Buena Vida es un grupo que me encanta y siempre me acompaña.

Además de la música a mí me deja una sonrisa al recordar ese día de noviembre en el que se pasó el rato hablándonos en perfecto inglés de Oxford. Enorme.

Goian bego.

Junk of the hearts

Yo espero enterarme de cuando esté enamorada. Y también espero enterarme si dejara de estarlo. Hay veces en las que dos cosas tan aparentemente sencillas de identificar no son tan evidentes.

Vía Makoto he llegado al blog de Juan Berrio, del que he rescatado esta ilustración.

Pulsando aquí está la canción del título.

Confianza ciega

Elegir a una persona amiga de las dobleces y dejar que actúe libremente.

Coger un pizquín una pizca de Lady Gaga y Beyoncé en este vídeo, concretamente la que dice que “la confianza es como un espejo: puedes arreglarlo si está roto pero seguirás pudiendo ver la grieta en el reflejo” (05:21).

Añadir la sabia voz de mi amigo el de los sueños polares, recomendándome que nunca debería fiarme de quien una vez no me quiso como yo me merecía.

Preparar una disolución a partes iguales de lágrimas de rabia y lágrimas de decepción. Mezclarla con los ingredientes anteriores. Se obtendrá una masa homogénea y explosiva que pasará a denominarse “entuerto”.

Dejar reposar el entuerto unos días, a la espera (ilusa) de que se deshaga solo con el tiempo o, en el mejor de los casos, de que se te olvide y tu vida continue al margen del mismo.

Si pasado un tiempo prudencial el entuerto no tiene pinta de hacer ninguna de las dos cosas arriba mencionadas, se recomienda pasar a un nuevo plan de acción. No olvidemos que el entuerto por su carácter explosivo podría saltar por los aires en cualquier momento.

Así pues, se pasará a juntar a un par de amigas y compartir con ellas la receta. Ellas te orientarán sobre los fallos en la ejecución de la misma y te darán pistas para mejorar tus artes y que esto no vuelva a sucederte en el futuro.

Tras el akelarre, dirigirse a la persona que se ha elegido al inicio de este post y plantearle una partida de tute, a ver si con un poco de suerte le puedes cantar las cuarenta.

Deshecho el entuerto con esta acción, se procederá a finalizar la receta con la lección aprendida y una nueva por delante: ser feliz al margen de infelices.

La boda de Muriel

Esta semana empecé a escribir un post sobre la desconfianza, muy largo y muy serio, de los que me cuesta redactar y más revisar. Le daré una vuelta durante el fin de semana, a ver si consigo publicarlo en breve. Mientras tanto, y si me leeis en Twitter lo sabréis, estoy centrada y concentrada en el escalofriante mundo de las despedidas de soltera.

Ignoro si algún día me casaré. Ignoro en qué circunstancias me casaré, llegado el caso. Lo que sí que sé y quiero dejar por escrito en este momento (como un testamento de la soltería) es todo aquello que no quiero tener en mi despedida de soltera. Como hace mucho tiempo que no hago una lista, voy a recuperar la tradición.

Respetando todas las opciones de despedida porque entiendo que se hacen con todo el cariño del mundo, estas son…

…las 10 cosas que no quiero en mi despedida de soltera

1.- Mi novio: no hay cosa que me guste menos que una despedida de soltera conjunta. Es decir, podría pasar por el aro de celebrar un “algo” con mi novio siempre y cuando tuviera también una fiesta sólo para mí. Para dar una fiesta común se creó la boda.

2.- Mi familia: entiéndase “mi familia” como las generaciones anteriores a la mía. Mi hermana o mi prima se aceptan. Mi madre o mi tía no se aceptan. Adoro a mi madre porque es mi madre. Y sinceramente, no la veo en un local de esos de despedidas…

3.- Un boy: no, no es mi sueño ir a un local a ver a hombres musculados semi desnudos. No me gustan los musculados y no me gustan los semi desnudos. Menos aún me gusta la fauna que se junta en estos sitios. Decididamente, el boy es un rotundo “no”.

4.- Un disfraz: yo ya he dicho en otras ocasiones que me encanta disfrazarme pero no lo veo para mi despedida. Me parece una chabacanería, una forma de poner en evidencia a la homenajeada, una vergüenza innecesaria, vaya… nada de disfraces.

5.- Carteles: forrando las paredes de la ciudad de la despedida, con foto vergonzante y mensaje tipo “se busca a Miss Understood porque está a punto de cometer el mayor delito de su vida: pasar por la vicaría”. Sin comentarios.

6.- Pruebas: por si no fuera poco lo del disfraz, los carteles y el boy, hay quien piensa que una despedida de soltera consiste en que la novia tiene que entretener el resto de la noche a todos los asistentes, para lo cual inventan docenas de pruebas ridículas so pretexto de entregar un regalo si todas ellas son cumplidas con éxito. O de cómo reírse abiertamente de alguien.

7.- Karaoke: por favor señores, seamos serios. Los karaokes están muy bien para echarse unas risas e incluso demostrar las dotes interpretativas micrófono en mano. Ahora bien, meter un karaoke en una despedida es un arma de destrucción masiva con la que varias señoras en estado de embriaguez hacen el baile más ridículo del mundo mientras agitan su micrófono haciendo gestos pseudo-eróticos-pornográficos. Un clásico.

8.- Pastelería erótica: primero y fundamental, porque al 99% de posibilidades, en mi despedida de soltera estaré a régimen (como si lo viera). Segundo porque al principio la pastelería erótica tuvo su gracia, su nicho de mercado y era original. Ahora, que está más que visto y es menos atrevido que nunca, con suerte quedará para tu recuerdo una instantánea del día en que te metiste en la boca una polla (y perdón por la palabra, que nunca digo, pero en este post es necesario) de chocolate y enseñaste a tus amigas lo bien que se te da poner cara de actriz porno.

9.- Viaje: me encanta viajar pero no sé si viajaría con todas las personas que podrían asistir a mi despedida de soltera. Es más, aunque así fuera, las despedidas obligan a una felicidad perpetua con gente que apenas conoces (sólo la novia conoce a todas) durante un par de días. Es innecesario. Con los años he aprendido que no hay nada mejor que despertarte en tu casa después de una noche de fiesta.

10.- Las pollas: aquí también es necesario el término. Lo he dejado para el final porque en realidad sé que lo estábais pensando desde el principio. Pues sí: las pollas en la cabeza, en un chupa-chups, en un collar, en un delantal, en una varita mágica o en donde narices quieran ponerlas, es la cosa más terrible que se ha inventado. Me pregunto qué hombre decidió que a las mujeres para divertirnos nos hacía falta eso. La idea es patética y de un chonismo total la que se lo pone.

Llegados hasta aquí, creo que ha quedado claro que si algún día algún hombre decide hincar rodilla y ponerme un pedrusco en el dedo, mis amigas me van a organizar para vengarse una despedida en la que los 10 puntos aquí mencionados se cumplan uno tras otro. Y si no, al tiempo.

Sex and the city

Dicen los expertos que en Twitter se folla mucho. Sí, eso es lo que dicen.

Sinceramente, llevo en esta red casi 3 años y a estas alturas sólo puedo decir que alguien se está quedando con lo mío.

Siendo honesta, tampoco es que el que se esté quedando con lo mío se esté llevando una cantidad abrumadora de noches de pasión, pero al fin y al cabo, esos encuentros deberían ser para mí, ¿o no?

Pues no, se ve que no. Yo mantengo la teoría de que la vida me ha dado unas cartas con las que he tenido que jugar como he podido. Las cosas como son.

Para empezar, nací en Bilbao. Y aunque sea cierto que el tópico más común sobre los de Bilbao es que nacemos donde nos da la gana, el hecho es que nací allí. ¿Y cuál es el segundo tópico más extendido sobre los bilbaínos? Efectivamente: que no follan. Y esto es tal cual, no os engañeis. A ver si os pensáis que los rumores salen de la nada, que ya lo dice el refranero español “cuando el río suena, agua lleva”.

Pues eso, básicamente, que entre que nosotras somos como somos (ay, las cuadrillas de chicas) y ellos son como son (ay, las cuadrillas de chicos), interesa más comer y beber que el noble arte del apareamiento.

Y con esta genética con la que cargaba yo, ¿podía ir la cosa a peor? Pues sí, fue a peor. ¿Por qué iba yo a estudiar algo como Medicina o Enfermería? No, hombre, no, yo fui a elegir la Ingeniería Industrial… una carrera preciosa y que sin duda repetiría pero, amigos, allí se iba a estudiar y a hacer prácticas en laboratorios hasta altas horas de la noche. Las chicas íbamos “cómodas” para aguantar horas y horas de clases, osciloscopios y circuitos integrados. Y los chicos iban a coger nuestros apuntes mientras suspiraban por las de Derecho, que iban siempre guapísimas y maquilladas porque no se les caía la gota gorda con el calor de los soldadores. Seamos realistas, los ingenieros no somos el top de la seducción.

Y os parecerá una chorrada pero la realidad es que series como “House” o “Anatomía de Grey” tienen lugar en un hospital y no es por casualidad. ¿Cuántas series de enredo amoroso habéis visto que tengan como escenario empresas de ingeniería? Venga, pensad otra vez… seguro que llegáis a la misma conclusión que yo: ninguna.

Así que viendo este panorama, al terminar la carrera (que no tuve la oportunidad de hacer fuera con el consabido ambientillo de colegios mayores) y dado que ni siquiera me dejaron en casa irme de Erasmus, no me quedó más remedio que venir a vivir a Madrid, con la esperanza de que esto cambiara. ¿Y cuál fue mi siguiente genialidad? Entrar en una consultora, en una de esas grandes en las que hay código de vestir y normas no escritas adicionales como que está prohibido tener una pareja dentro de la empresa. Tal cual. Y claro, a mí me pones una norma y en el 99% de las ocasiones, la cumplo. Y mi trabajo no fue parte de ese 1% de ocasiones en las que me dejo llevar.

Tuve que salir de allí corriendo para poder encauzar de nuevo mi vida. Y en eso ando: me metí en Twitter porque me pareció divertido. Y dicen que en Twitter se folla mucho. Y a mí no me ha tocado nada de nada.

Os estáis poniendo las botas a mi costa, ¿no? Bribones…

Barbra Streisand

Despertarte una mañana con un señor a tu lado.

El señor apunta buenas maneras y has pasado una noche lo suficientemente agradable como para que cuando se levante para ir a la cocina, al pasar por delante del equipo de música y te pregunte “¿Puedo poner a Barbra Streisand?”, tú te imagines que es un romántico empedernido y que quiere escuchar contigo temazos tipo “Memory“, “Woman in Love” o “The way we were“.

Decirle que sí, que ponga lo que quiera. Y acompañarlo de una sonrisa.

Sonar Barbra Streisand, pero no la artista sino la canción de Duck Sauce.

Bajársete todo.

(Y aunque suene a topicazo, esto le pasó a una amiga mía)