Esta semana empecé a escribir un post sobre la desconfianza, muy largo y muy serio, de los que me cuesta redactar y más revisar. Le daré una vuelta durante el fin de semana, a ver si consigo publicarlo en breve. Mientras tanto, y si me leeis en Twitter lo sabréis, estoy centrada y concentrada en el escalofriante mundo de las despedidas de soltera.
Ignoro si algún día me casaré. Ignoro en qué circunstancias me casaré, llegado el caso. Lo que sí que sé y quiero dejar por escrito en este momento (como un testamento de la soltería) es todo aquello que no quiero tener en mi despedida de soltera. Como hace mucho tiempo que no hago una lista, voy a recuperar la tradición.
Respetando todas las opciones de despedida porque entiendo que se hacen con todo el cariño del mundo, estas son…
…las 10 cosas que no quiero en mi despedida de soltera
1.- Mi novio: no hay cosa que me guste menos que una despedida de soltera conjunta. Es decir, podría pasar por el aro de celebrar un “algo” con mi novio siempre y cuando tuviera también una fiesta sólo para mí. Para dar una fiesta común se creó la boda.
2.- Mi familia: entiéndase “mi familia” como las generaciones anteriores a la mía. Mi hermana o mi prima se aceptan. Mi madre o mi tía no se aceptan. Adoro a mi madre porque es mi madre. Y sinceramente, no la veo en un local de esos de despedidas…
3.- Un boy: no, no es mi sueño ir a un local a ver a hombres musculados semi desnudos. No me gustan los musculados y no me gustan los semi desnudos. Menos aún me gusta la fauna que se junta en estos sitios. Decididamente, el boy es un rotundo “no”.
4.- Un disfraz: yo ya he dicho en otras ocasiones que me encanta disfrazarme pero no lo veo para mi despedida. Me parece una chabacanería, una forma de poner en evidencia a la homenajeada, una vergüenza innecesaria, vaya… nada de disfraces.
5.- Carteles: forrando las paredes de la ciudad de la despedida, con foto vergonzante y mensaje tipo “se busca a Miss Understood porque está a punto de cometer el mayor delito de su vida: pasar por la vicaría”. Sin comentarios.
6.- Pruebas: por si no fuera poco lo del disfraz, los carteles y el boy, hay quien piensa que una despedida de soltera consiste en que la novia tiene que entretener el resto de la noche a todos los asistentes, para lo cual inventan docenas de pruebas ridículas so pretexto de entregar un regalo si todas ellas son cumplidas con éxito. O de cómo reírse abiertamente de alguien.
7.- Karaoke: por favor señores, seamos serios. Los karaokes están muy bien para echarse unas risas e incluso demostrar las dotes interpretativas micrófono en mano. Ahora bien, meter un karaoke en una despedida es un arma de destrucción masiva con la que varias señoras en estado de embriaguez hacen el baile más ridículo del mundo mientras agitan su micrófono haciendo gestos pseudo-eróticos-pornográficos. Un clásico.
8.- Pastelería erótica: primero y fundamental, porque al 99% de posibilidades, en mi despedida de soltera estaré a régimen (como si lo viera). Segundo porque al principio la pastelería erótica tuvo su gracia, su nicho de mercado y era original. Ahora, que está más que visto y es menos atrevido que nunca, con suerte quedará para tu recuerdo una instantánea del día en que te metiste en la boca una polla (y perdón por la palabra, que nunca digo, pero en este post es necesario) de chocolate y enseñaste a tus amigas lo bien que se te da poner cara de actriz porno.
9.- Viaje: me encanta viajar pero no sé si viajaría con todas las personas que podrían asistir a mi despedida de soltera. Es más, aunque así fuera, las despedidas obligan a una felicidad perpetua con gente que apenas conoces (sólo la novia conoce a todas) durante un par de días. Es innecesario. Con los años he aprendido que no hay nada mejor que despertarte en tu casa después de una noche de fiesta.
10.- Las pollas: aquí también es necesario el término. Lo he dejado para el final porque en realidad sé que lo estábais pensando desde el principio. Pues sí: las pollas en la cabeza, en un chupa-chups, en un collar, en un delantal, en una varita mágica o en donde narices quieran ponerlas, es la cosa más terrible que se ha inventado. Me pregunto qué hombre decidió que a las mujeres para divertirnos nos hacía falta eso. La idea es patética y de un chonismo total la que se lo pone.
Llegados hasta aquí, creo que ha quedado claro que si algún día algún hombre decide hincar rodilla y ponerme un pedrusco en el dedo, mis amigas me van a organizar para vengarse una despedida en la que los 10 puntos aquí mencionados se cumplan uno tras otro. Y si no, al tiempo.
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