Monthly Archive for February, 2011

Confianza ciega

Elegir a una persona amiga de las dobleces y dejar que actúe libremente.

Coger un pizquín una pizca de Lady Gaga y Beyoncé en este vídeo, concretamente la que dice que “la confianza es como un espejo: puedes arreglarlo si está roto pero seguirás pudiendo ver la grieta en el reflejo” (05:21).

Añadir la sabia voz de mi amigo el de los sueños polares, recomendándome que nunca debería fiarme de quien una vez no me quiso como yo me merecía.

Preparar una disolución a partes iguales de lágrimas de rabia y lágrimas de decepción. Mezclarla con los ingredientes anteriores. Se obtendrá una masa homogénea y explosiva que pasará a denominarse “entuerto”.

Dejar reposar el entuerto unos días, a la espera (ilusa) de que se deshaga solo con el tiempo o, en el mejor de los casos, de que se te olvide y tu vida continue al margen del mismo.

Si pasado un tiempo prudencial el entuerto no tiene pinta de hacer ninguna de las dos cosas arriba mencionadas, se recomienda pasar a un nuevo plan de acción. No olvidemos que el entuerto por su carácter explosivo podría saltar por los aires en cualquier momento.

Así pues, se pasará a juntar a un par de amigas y compartir con ellas la receta. Ellas te orientarán sobre los fallos en la ejecución de la misma y te darán pistas para mejorar tus artes y que esto no vuelva a sucederte en el futuro.

Tras el akelarre, dirigirse a la persona que se ha elegido al inicio de este post y plantearle una partida de tute, a ver si con un poco de suerte le puedes cantar las cuarenta.

Deshecho el entuerto con esta acción, se procederá a finalizar la receta con la lección aprendida y una nueva por delante: ser feliz al margen de infelices.

La boda de Muriel

Esta semana empecé a escribir un post sobre la desconfianza, muy largo y muy serio, de los que me cuesta redactar y más revisar. Le daré una vuelta durante el fin de semana, a ver si consigo publicarlo en breve. Mientras tanto, y si me leeis en Twitter lo sabréis, estoy centrada y concentrada en el escalofriante mundo de las despedidas de soltera.

Ignoro si algún día me casaré. Ignoro en qué circunstancias me casaré, llegado el caso. Lo que sí que sé y quiero dejar por escrito en este momento (como un testamento de la soltería) es todo aquello que no quiero tener en mi despedida de soltera. Como hace mucho tiempo que no hago una lista, voy a recuperar la tradición.

Respetando todas las opciones de despedida porque entiendo que se hacen con todo el cariño del mundo, estas son…

…las 10 cosas que no quiero en mi despedida de soltera

1.- Mi novio: no hay cosa que me guste menos que una despedida de soltera conjunta. Es decir, podría pasar por el aro de celebrar un “algo” con mi novio siempre y cuando tuviera también una fiesta sólo para mí. Para dar una fiesta común se creó la boda.

2.- Mi familia: entiéndase “mi familia” como las generaciones anteriores a la mía. Mi hermana o mi prima se aceptan. Mi madre o mi tía no se aceptan. Adoro a mi madre porque es mi madre. Y sinceramente, no la veo en un local de esos de despedidas…

3.- Un boy: no, no es mi sueño ir a un local a ver a hombres musculados semi desnudos. No me gustan los musculados y no me gustan los semi desnudos. Menos aún me gusta la fauna que se junta en estos sitios. Decididamente, el boy es un rotundo “no”.

4.- Un disfraz: yo ya he dicho en otras ocasiones que me encanta disfrazarme pero no lo veo para mi despedida. Me parece una chabacanería, una forma de poner en evidencia a la homenajeada, una vergüenza innecesaria, vaya… nada de disfraces.

5.- Carteles: forrando las paredes de la ciudad de la despedida, con foto vergonzante y mensaje tipo “se busca a Miss Understood porque está a punto de cometer el mayor delito de su vida: pasar por la vicaría”. Sin comentarios.

6.- Pruebas: por si no fuera poco lo del disfraz, los carteles y el boy, hay quien piensa que una despedida de soltera consiste en que la novia tiene que entretener el resto de la noche a todos los asistentes, para lo cual inventan docenas de pruebas ridículas so pretexto de entregar un regalo si todas ellas son cumplidas con éxito. O de cómo reírse abiertamente de alguien.

7.- Karaoke: por favor señores, seamos serios. Los karaokes están muy bien para echarse unas risas e incluso demostrar las dotes interpretativas micrófono en mano. Ahora bien, meter un karaoke en una despedida es un arma de destrucción masiva con la que varias señoras en estado de embriaguez hacen el baile más ridículo del mundo mientras agitan su micrófono haciendo gestos pseudo-eróticos-pornográficos. Un clásico.

8.- Pastelería erótica: primero y fundamental, porque al 99% de posibilidades, en mi despedida de soltera estaré a régimen (como si lo viera). Segundo porque al principio la pastelería erótica tuvo su gracia, su nicho de mercado y era original. Ahora, que está más que visto y es menos atrevido que nunca, con suerte quedará para tu recuerdo una instantánea del día en que te metiste en la boca una polla (y perdón por la palabra, que nunca digo, pero en este post es necesario) de chocolate y enseñaste a tus amigas lo bien que se te da poner cara de actriz porno.

9.- Viaje: me encanta viajar pero no sé si viajaría con todas las personas que podrían asistir a mi despedida de soltera. Es más, aunque así fuera, las despedidas obligan a una felicidad perpetua con gente que apenas conoces (sólo la novia conoce a todas) durante un par de días. Es innecesario. Con los años he aprendido que no hay nada mejor que despertarte en tu casa después de una noche de fiesta.

10.- Las pollas: aquí también es necesario el término. Lo he dejado para el final porque en realidad sé que lo estábais pensando desde el principio. Pues sí: las pollas en la cabeza, en un chupa-chups, en un collar, en un delantal, en una varita mágica o en donde narices quieran ponerlas, es la cosa más terrible que se ha inventado. Me pregunto qué hombre decidió que a las mujeres para divertirnos nos hacía falta eso. La idea es patética y de un chonismo total la que se lo pone.

Llegados hasta aquí, creo que ha quedado claro que si algún día algún hombre decide hincar rodilla y ponerme un pedrusco en el dedo, mis amigas me van a organizar para vengarse una despedida en la que los 10 puntos aquí mencionados se cumplan uno tras otro. Y si no, al tiempo.

Sex and the city

Dicen los expertos que en Twitter se folla mucho. Sí, eso es lo que dicen.

Sinceramente, llevo en esta red casi 3 años y a estas alturas sólo puedo decir que alguien se está quedando con lo mío.

Siendo honesta, tampoco es que el que se esté quedando con lo mío se esté llevando una cantidad abrumadora de noches de pasión, pero al fin y al cabo, esos encuentros deberían ser para mí, ¿o no?

Pues no, se ve que no. Yo mantengo la teoría de que la vida me ha dado unas cartas con las que he tenido que jugar como he podido. Las cosas como son.

Para empezar, nací en Bilbao. Y aunque sea cierto que el tópico más común sobre los de Bilbao es que nacemos donde nos da la gana, el hecho es que nací allí. ¿Y cuál es el segundo tópico más extendido sobre los bilbaínos? Efectivamente: que no follan. Y esto es tal cual, no os engañeis. A ver si os pensáis que los rumores salen de la nada, que ya lo dice el refranero español “cuando el río suena, agua lleva”.

Pues eso, básicamente, que entre que nosotras somos como somos (ay, las cuadrillas de chicas) y ellos son como son (ay, las cuadrillas de chicos), interesa más comer y beber que el noble arte del apareamiento.

Y con esta genética con la que cargaba yo, ¿podía ir la cosa a peor? Pues sí, fue a peor. ¿Por qué iba yo a estudiar algo como Medicina o Enfermería? No, hombre, no, yo fui a elegir la Ingeniería Industrial… una carrera preciosa y que sin duda repetiría pero, amigos, allí se iba a estudiar y a hacer prácticas en laboratorios hasta altas horas de la noche. Las chicas íbamos “cómodas” para aguantar horas y horas de clases, osciloscopios y circuitos integrados. Y los chicos iban a coger nuestros apuntes mientras suspiraban por las de Derecho, que iban siempre guapísimas y maquilladas porque no se les caía la gota gorda con el calor de los soldadores. Seamos realistas, los ingenieros no somos el top de la seducción.

Y os parecerá una chorrada pero la realidad es que series como “House” o “Anatomía de Grey” tienen lugar en un hospital y no es por casualidad. ¿Cuántas series de enredo amoroso habéis visto que tengan como escenario empresas de ingeniería? Venga, pensad otra vez… seguro que llegáis a la misma conclusión que yo: ninguna.

Así que viendo este panorama, al terminar la carrera (que no tuve la oportunidad de hacer fuera con el consabido ambientillo de colegios mayores) y dado que ni siquiera me dejaron en casa irme de Erasmus, no me quedó más remedio que venir a vivir a Madrid, con la esperanza de que esto cambiara. ¿Y cuál fue mi siguiente genialidad? Entrar en una consultora, en una de esas grandes en las que hay código de vestir y normas no escritas adicionales como que está prohibido tener una pareja dentro de la empresa. Tal cual. Y claro, a mí me pones una norma y en el 99% de las ocasiones, la cumplo. Y mi trabajo no fue parte de ese 1% de ocasiones en las que me dejo llevar.

Tuve que salir de allí corriendo para poder encauzar de nuevo mi vida. Y en eso ando: me metí en Twitter porque me pareció divertido. Y dicen que en Twitter se folla mucho. Y a mí no me ha tocado nada de nada.

Os estáis poniendo las botas a mi costa, ¿no? Bribones…