Monthly Archive for October, 2010

La #egbindie

Cuando Makoto nos pidió a Körkarlen, a Morgan y a mí alguna recomendación musical, el señor Körkarlen creó el concepto #egbindie. Desde entonces, nos hemos dedicado todo el curso a “enseñarle” nuevos grupos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa. No negaré que Makoto es un buen alumno y apunta maneras. Ha escuchado todo lo que le hemos propuesto y ahora tiene entre sus manos entradas para un par de festivales. Sin embargo, a mí aún me quedan dudas sobre si podemos pasarle a segundo curso o si tendrá que repetir primero.

Dicho esto, propongo un juego que sirva para demostrar los conocimientos de cada uno. Es un juego abierto a todos los que queráis participar. Quien consiga identificar el mayor número de nombres de entre los 20 grupos escondidos en el siguiente texto (inventado 100%, aviso), tendrá un detallito made in Miss Understood. Los nombres pueden estar puestos de forma exacta o adaptados (traducidos, por ejemplo).

Los comentarios, los podéis dejar debajo. Las respuestas con los grupos, si no queréis dejarlas visibles, las podéis enviar a miss@missunderstood.es

¡Empecemos!

“¡Por fin es martes y puedo tachar un día para que llegue el fin de semana! Este año coincide con la festividad de los difuntos, así que podríamos llamarle “El fin de semana de los vampiros”. Personalmente, la fiesta me parece un espanto. No colaboro disfrazándome pero entiendo que los bares y las tiendas de disfraces hagan su agosto en pleno noviembre.

El año pasado fui, precisamente, a casa de Makoto. Empezamos con unos vinos en La Buena Vida (venga, este es fácil!!!) y después nos fuimos a tomar unos cortos por el barrio Húmedo. No hay que perder de vista que estos chicos son los reyes de León y se conocen la noche como la palma de sus manos. Como suele sucederme, en la cola del baño conocí a una chica. Dijo llamarse Simone. Parecía una rubia australiana y se podría haber dicho de ella que era de Neguri, de los Smith de toda la vida aunque como ella más tarde reconoció “Soy de Barcelona”.

Nos pusimos a hablar. Era del tipo de personas que mezcla palabras en inglés con otras en castellano en su discurso, así que no me sorprendió que me preguntara que “si seguía single o que si por el contrario tenía family”. Muy cool. Muy kitsch. Le respondí (en un intento de parecer tan divina como ella) que me dedicaba a mis amantes y que yo así estaba deluxe.

Se rió y me respondió que ella creía firmemente en la existencia de hombres en todos los planetas y que nos estábamos perdiendo muchas aventuras por culpa de los escasos avances en la fabricación de cohetes.

¡Toma ya! Mi interlocutora resultó ser una soñadora. O eso fue lo que pensé yo cuando añadió (muy en su línea) “Oh! What a lovely luna”. Icé mi linda mirada (así de mona soy yo, jiji) al cielo, momento que aprovechó para robarme la cartera.

Y no sé si fue la tontería del momento o más bien las copas del momento, pero el caso es que no me di ni cuenta y me despedí de ella con un sentido “Adios, Simone”.

El final de la historia os lo podéis imaginar: ni se llamaba Simone, ni era de Barcelona, ni nada de nada. La chica era una maga de los robos y una vieja conocida de la policía, huída de la justicia desde hace años y en busca y captura por algún delito digno de película de Tarantino.

La están buscando en Phoenix (Arizona) aunque parece que tienen otra posible pista en Niza. Sinceramente, por mucho que busquen, a ésta no la encuentra ni la Interpol. Parece que en esta ocasión, Dios sí que ayuda a las chicas.”

Loser

Esta mañana, estando en la cama y mientras me debatía entre venir al trabajo o no por mi incipiente gripe, he escuchado la noticia sobre los cambios en el Gobierno.

No es éste un lugar para hablar de política (bien sabéis que yo no me suelo pronunciar en ese aspecto) pero no he podido dejar de hacerme la pregunta del millón de euros: ¿Cómo puede tener esa chica un Ministerio sólo para ella? (y yo, con todo lo que valgo, no).

Y este pensamiento me ha llevado inevitablemente a esos momentos en los que te presentan a alguien que a todas luces es subnormal e, inexplicablemente, tiene pareja. Y entonces piensas: ¿Cómo puede tener pareja? (y yo, con todo lo que valgo, no).

Efectivamente, triste pero cierto, la vida a veces es así de injusta. O justa, según se mire.

Porque, seamos realistas, algo habrán hecho los subnormales para tener pareja, igual que la chica en cuestión habrá hecho algo para tener la Sanidad (así, con mayúsculas) en sus manos. O igual no, igual no han hecho nada y simplemente es una cuestión de que quien les elige como partenaire tiene las expectativas bajo mínimos.

En cualquier caso, algo hago yo mal en la vida porque a mí no me ofrecen ni Ministerios, ni subnormales, ni nada de nada. Bueno, ahora que lo pienso, de subnormales he andado sobrada últimamente y lamentablemente me los he buscado yo sola.

Y ¿qué es lo que se deduce de los dos anteriores párrafos? Que la causante de mi situación no soy yo, sino vosotros. Al parecer, vuestras expectativas hacia mi persona están más altas de lo que deberían y por eso no me ofrecéis nada jugosito.

“Typical Spanish” eso de echarle la culpa a los demás de los problemas personales. A los demás o al Gobierno. Hoy parece que tenemos excusa para lo segundo. Somos afortunados.

Me marcho a Canadá.

We can’t be friends

Hay veces (pocas, afortunadamente) en las que me quedo sin palabras. Hoy se las cojo prestadas a Aroah:

We can talk about it
we can laugh about it
we can cry about it alone in bed at night
we could be together
we could be each other
make love in the morning you could make me cry
but why am I so pleased with the way things are
it’s comfortable and kind so we cannot be friends
In my dreams I’ve had you
in my life I don’t
in my heart I’d keep you but on my mind I won’t
and that’s why I know that we cannot be friends
I’ll end up trapped in lies and breaking all my plans
I’d shed the skin of old me and close another door
become the type of girl I hate and I don’t know what for
So no, we cannot be friends anymore

El día que Miss vio la colaboración ciudadana al desnudo

Ayer, volviendo de pasar los días del puente con amigos, la batería del coche nos jugó una mala pasada. Tuvimos que llamar a la grúa para que viniera a enchufarnos unas pinzas que la hicieran revivir. Afortunadamente el resto del camino transcurrió sin novedades y llegamos a Madrid a una hora prudente. Y sí, las pinzas están muy bien pero eché en falta un poquito de colaboración ciudadana.

¿Por qué os cuento esto? Porque me recordó a un episodio que viví hace un mes escaso durante los días que pasé en Menorca.

A la isla me fui con el Indio, que por aquel entonces era mi chico (a estas alturas cualquier otro calificativo más cariñoso se me haría raro). Nada más llegar nos fuimos a una playa al sur de la isla. La estampa era digna de ser vista: una playa preciosa con poca gente y la luz de la tarde cayendo lentamente sobre nosotros.

Entre arrumacos andábamos cuando se acercó hasta nosotros un chico corriendo y pidiéndonos ayuda; se les había quedado un catamarán encallado en la playa, en la zona de rocas, y no podían moverlo ni con la ayuda de Salvamento Marino.

Ni cortos ni perezosos nos levantamos de la toaya, el Indio se puso una especie de pareo alrededor del cuerpo (he olvidado deciros que era nudista) y nos dirigimos hacia la zona del catamarán encallado.

Allí la consigna fue sencilla: “por favor, empujad el catamarán hasta que podamos sacarlo de las rocas”.

Acto seguido el Indio se despojó del pareo, me lo dio para que lo sujetara y se puso manos a la obra. A su alrededor, por lo menos una veintena de cuerpos masculinos igualmente desnudos haciendo fuerza para sacar la embarcación de su encierro playero. Y mientras tanto, la luz del sol seguía cayendo.

Y yo allí, petrificada viendo la magnífica imagen. Y no, no hablo de los cuerpos forjados en gimnasio durante el año, ni de esos traseros sin marcas, ni de esos fornidos brazos dorados al sol, sino de la maravillosa colaboración ciudadana que tanto eché en falta ayer.

¿Dónde están los hombres desnudos cuando se les necesita? ESA es la cuestión.