Me muero de la risa tras ver este corto que me ha llegado vía @vanecrespo, que es la mejor y siempre está al pie del cañón al otro lado del teléfono o tomándose una cerveza para compartir historietas. ¡Gracias, nena!
Y mil gracias también a todos los personajes que pasan por nuestras vidas y nos facilitan tener estas conversaciones con nuestras amigas. De verdad, la vida no sería lo mismo sin vosotros. A vuestros pies, me quito el sombrero…
El género humano es apasionante y no deja nunca de sorprenderme.
Lo que más me gusta últimamente es observar y fijarme en las situaciones en las que dos personas interactúan aún a sabiendas de que en otra circunstancia esto sería imposible. Hay una especie de entendimiento momentaneo y mágico en el ambiente que difícilmente se repetirá. Quizá sea eso lo que hace único al momento, ¿no?
En mi Top 3 de situaciones se encuentran:
1. La señora sesentona que ha ido a nadar y está en el vestuario vistiéndose. Yo estoy cerca, haciendo lo mismo y pensando en volver pronto a la oficina porque tengo unas cosillas pendientes. En ésas estamos cuando ella se dirige a mí y me dice: “¡Qué rollo es esto del sujetador! Se engancha siempre”. Yo levanto la cabeza y veo a la pobre mujer desnuda intentando colocárselo de nuevo porque se le ha enrollado sobre sí mismo y le contesto: “pues sí, la verdad, es un horror”. Lo pienso de veras, no sabéis lo coñazo que es ponerse un sujetador cuando estás medio mojada y encima estás intentando no dar un espectáculo exhibicionista al resto de las presentes.
Y es que en paños menores se ve que todas tenemos los mismos problemas, pero jamás los compartiríamos un día cualquiera sin conocernos a no ser que nos uniera que somos aficionadas, por ejemplo, a nadar.
2. El chico trajeado y con un (aparente) trabajo super serio que va a la peluquería al salir de la oficina. El peluquero le pregunta: “¿qué quieres hacerte?” y el chico serio le responde: “quiero arreglármelo un poco”.
El peluquero se marcha a buscar una de esas batas de colores y cuando regresa, el cliente (con voz dudosa) se dirige de nuevo a él: “aunque en realidad me gusta cómo lo llevo, un poco larguito…¿tú cómo me ves?” a lo que el peluquero (gay, para más señas) le contesta “bien, yo creo que estás bien así”. El chico serio, sin duda animado por esta súbita confianza, abre su corazón y suelta: “mira, es que voy mañana a una entrevista de trabajo y tengo que dar imagen de ser un tío serio. ¿Tú cómo crees que voy a ir mejor?” y el peluquero, normalmente ajeno al mundillo trajeado y de oficinista del cliente, se mete en la piel del chico serio y le dice: “ah, entonces te voy a teñir para quitarte las canas y te voy a dejar el pelo más corto, para que tengas esa imagen”.
Si se vieran por la calle sin necesidad de hablar no se dirigirían ni una mirada pero un martes a las 8 de la tarde en una peluquería del centro, son uña y carne.
3. El empleado del depósito municipal encargado de entregar los coches allí retenidos a sus dueños. He de decir que yo tenía un cabreo considerable, que mi maltrecho orgullo asomaba en forma de lágrima contenida al borde de mis ojitos y que llegaba tarde a trabajar por culpa del injusto incidente y con 200 euros menos en la cuenta.
Totalmente sorprendida porque la grúa se hubiera llevado mi coche y ante la indefensión que sentí, no pude hacer otra cosa más que estar seria y con aires de (falsa) dignidad mientras duró el farragoso trámite de rescatar de allí lo que me pertenecía.
Y sin embargo, la persona más alejada a mí en todos los sentidos, el hombre de mediana edad metido todo el día en un garaje, caminando arriba y abajo, moviendo coches de una plaza a otra, fue el que empatizó conmigo pronunciando las siguientes palabras: “Tenga usted un buen día, señorita. De verdad que se lo deseo porque esto que le ha pasado es una putada, créame, yo lo sé. Por eso le deseo que tenga un buen día, porque después de esto, peor no puede ser”.
Me quedé muda, me metí en el coche y mientras salía de allí, la lagrimilla consiguió saltar hasta mi cara. Y ya no era de rabia sino de emoción…
Seguiré observando situaciones.
PD: Se ve que a los de goear les iba mal el negocio y han decidido meter publicidad en las canciones. Como a mí nadie me paga por la susodicha publi, vuelvo al antiguo sistema de vídeos en Youtube.
Lo dicho: pulsando el Play: The National - Mistaken for strangers
¿Os he contado que una vez me subí a un avión que no era? Por un cambio de puerta a última hora me subí a un avión equivocado. Hago un alto en la narración para denunciar que ninguno de los asistentes de vuelo se dio cuenta en los controles de que no era el mío. Era un viernes, eran las diez de la noche y me disponía a volver a Madrid después de toda la semana trabajando en Oviedo. Estaba muy cansada y con muchas ganas de llegar a casa a dormir.
Según avanzaba por el pasillo del avión, identifiqué mi asiento y… ¡oh, sorpresa! vi que alguien lo estaba ocupando. Fue la gota que colmó el vaso. Puse mi peor cara de perro y justo en el momento en que me disponía a atacar al personaje que me había usurpado el sitio, escuché por los altavoces del avión: “Señorita Understood, póngase en contacto con la tripulación”.
Mi cara de perro mutó en un color rojo tomate al sentir las miradas curiosas del resto del avión y me dirigí a la puerta. Allí, una amable azafata me “invitó” amablemente a abandonar el vuelo en el que estaba y subir al que verdaderamente tenía que subir, con destino Madrid.
Salí pitando de allí, totalmente abochornada por la escena que acababa de vivir y a tiempo para coger el vuelo correcto. Nunca he vuelto a equivocarme de puerta, manías que se le quedan a una después de estas cosas.
Y es que el bueno de Kevin suele comprar dos asientos en lugar de uno para poder volar “a sus anchas” pero debido a un cambio en el vuelo y a que éste iba bastante lleno, sólo pudo acceder a una plaza libre, lo que dio lugar al fatal desenlace.
¿Es que estos señores no saben que acaban de terminar las Navidades y que son muy malas fechas para los kilos? ¿Es que esta compañía aérea no sabe que oficialmente hasta marzo no empieza la operación bikini? ¿Es que no le podían haber cambiado de asiento? Por Dios, ¡que es Kevin Smith!
Según cuenta la noticia, su Twitter echa humo tras el incidente (no lo he podido verificar por mí misma porque a estas horas se encuentra “over capacity”) y me pregunto si habrá una próxima saga de películas en las que Jay y Silent Bob abandonen las tiendas, los centros comerciales o a Alanis Morissette al frente de la religión para regalarnos alguna otra historia, basada esta vez en los bizarras liturgias por las que hay que pasar para subir a un avión o en las desventuras de un pobre adicto a la comida basura (o de metabolismo lento, que no todo en la vida del gordito es por comer y beber).
Yo por si acaso este año he empezado antes con la operación bikini, concretamente la empecé al terminar agosto, es decir, que nunca la he llegado a dejar. Bien pensado, me está ahorrando muchos disgustos y es que no podría soportar que me echaran por segunda vez en la vida de un avión con destino a Madrid.
Pulsando el Play: Morrisey - You’re the one for me, fatty
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