Monthly Archive for January, 2010

Sick and tired

Además de una canción super antigua de The Cardigans, “Sick and tired” (traducido: “enferma y cansada”, esto es para mis padres, que también me leen y no siempre tienen un Collins a mano) es como estoy estos días en casa.

Señores, estoy por primera vez de baja laboral. Nada serio, no temais por mi vida porque tengo cuerda para rato.

Desde hace un par de días tengo tiempo de sobra para peinar la red y entretenerme con la única ayuda del ADSL. Twitter, está siendo mi mayor desahogo y fuente de diversión.

Para quien a estas alturas aún no sepa qué es Twitter, lo explicaré como lo hago a los que fruncen el ceño al oir el palabro: “¿Tú sabes en Facebook ese cuadro donde puedes poner lo que piensas? Pues Twitter es una aplicación que sirve para ponerlo continuamente”. Bendito Facebook, que ha servido para que hasta el fan menos fan de las redes sociales entienda conceptos como “actualizar un estado”.

Y en Twitter, como en Facebook, se lee de todo. Hoy lo he comentado con un par de amigos, precisamente. Es indudable que resulta muy sencillo estar en el sofá de casa y sin embargo anunciar a la twittesfera que estás de copas en el bar más cool de la ciudad, o decir que estás viendo la ultimísima presentación made in Apple (no veáis el ruido que hubo ayer en Twitter con el dichoso iPad) cuando en realidad no despegas el ojo de la final de Gran Hermano.

Así son las cosas, amigos, y hecha la ley, hecha la trampa. Por eso ayer me hizo gracia esta historieta que encontré en Geek in Love

Real como la vida misma, ¿verdad? A mí me vienen rápidamente a la cabeza un par de personas que siguen esta estrategia a rajatabla.

Lo curioso del tema es que la gente que actúa así en la red, se comporta (intuyo) de la misma manera en la vida real. Los comentarios grandilocuentes y las hazañas de fin de semana están a la orden del día.

Fácilmente identificables los personajes, me encanta la red porque siempre está la opción de hacer un unfollow o de borrar de tu lista de amigos a estos embellecedores de realidades. Difícilmente en el día a día es tan simple quitarse a un pelmazo de encima.

Pulsando el Play: The Cardigans - Sick and tired

Where is my mind?

Me preguntaban el otro día por la técnica que sigo para escribir mis posts: ¿escribo y luego elijo la canción (y por lo tanto, el título del post)? o ¿escucho una canción que me inspira y escribo un post relacionado?

Generalmente, hago lo primero.

Las ideas para los posts me llegan de cualquier cosa: una conversación con alguien, algo que vea en la calle, un sentimiento que tenga dentro y necesite sacar o un pensamiento que me apetezca compartir.

Hoy ha sido al revés: esta semana he vuelto a oir esta canción y su estribillo me martillea sin cesar. No es que yo sea precisamente una fan de los Pixies pero reconozco que este tema se salva (sé que con esta frase me la estoy jugando y tendré algún comentario al respecto).

Desde hace unos días no estoy centrada en nada y estoy un poco desubicada: trabajo para Rusia y Alemania, chateo con Sri Lanka y Bruselas, hablo por teléfono con la India, twitteo con Londres, leo las aventuras en Facebook de un señorito que a recorre el sudeste asiático, comento las fotos en Flickr de una australiana a la que compré unos vestidos, me divierto en Madrid y pienso en Bilbao.

Releyendo el anterior párrafo saco varias conclusiones:

  • No sé ni cómo me queda tiempo para trabajar
  • Estoy enganchadísima a muchas aplicaciones a las que me resultaría difícil renunciar
  • Sigo siendo capaz de relacionarme con gente cara a cara, con lo que he evitado el riesgo de convertirme en un ente de la “cosa” dospuntocerista.
  • No me explico cómo sobrevive la gente que puede estar días sin conectarse

… y la más importante todas ellas:

  • Mis amigos son igual de “modernos” que yo.

Supongo que ellos tampoco saben muy bien dónde tienen su cabeza y supongo que mientras yo aclaro mi situación, ellos irán poco a poco volviendo a sus orígenes (y por lo tanto, facilitándome la labor).

¿Que dónde tengo la cabeza? “Sobre los hombros” es lo más acertado que puedo decir.

Pulsando el Play: Pixies - Where is my mind?

Tú hueles mejor

Esta mañana al entrar en el ascensor me he encontrado con el portero de la casa. Pensaba que estaba limpiándolo pero no, en lugar de eso estaba colocando ambientadores sobre la rejilla del techo.

En ese momento he reparado en que había ya por lo menos otros cuatro ejerciendo la misma función pero, en boca del portero, “a veces, según quién entre, no son suficientes”.

¡Toma ya! Cuatro ambientadores no son capaces de difuminar el rastro hediondo que deja algún vecino. Ni sé quién es ese vecino, ni (obviamente) quiero saberlo.

Yo es que soy muy maniática con los olores y tengo mucha memoria olfativa, para lo bueno y para lo malo.

Entre mis peores recuerdos se encuentran la vez que se pudrieron unas patatas (asqueroso), aquella vez que el pollo se puso malo en el frigorífico (repugnante), el día en que se llenó el bote sifónico (espeluznante), la casa de una vecina de mi abuela que (no me preguntéis por qué) siempre olía a col hervida y la terrible combinación de algunas mañanas yendo a la Universidad con el metro atestado y ciertas gentes-sin-duchar justo en el momento en que pasa por debajo de la ría de Bilbao y hay marea baja. Vale, es rizar el rizo, pero es que la vida es así.

Los buenos olores fijados en mi memoria afortunadamente son muchísimo más numerosos. Desde la panadería a la que iba a comprar el pan cuando era pequeña, al olor a mar que descubro ahora cada vez que vuelvo a casa (y que antes era incapaz de distinguir porque vivía allí y estaba acostumbrada), las maravillosas trattorias en Italia, el olor de azahar de los Reales Alcázares de Sevilla una noche de junio y claro, cómo no, alguna piel de esas que tienes tan cerca que es imposible olvidar.

¡Qué potente es el poder de la piel! ¡Y cómo engancha! Parece mentira que algo tan frágil esconda tanta persuasión y tantas ganas de tener más. Llámalo colonia, llámalo feromonas, llámalo X.

El que inventó aquello de que el roce hace el cariño creo que sabía de lo que hablaba.

Pulsando el Play: Anntona - Tú hueles mejor

Deshojando la margarita

Visto en el fantástico blog de Montt:

Y es que en esto del amor, nunca se sabe cómo acertar…