Pues está mal que yo lo diga pero la realidad es que hoy me he librado de una multa por el simple hecho de ser mujer.
Que sea cualquier día entre semana y que yo viva en una zona en la que abundan restaurantes y bares de primera copa es todo un problema a la hora de aparcar. Esta nefasta combinación hizo que ayer por la noche dejara el coche bien aparcado pero con “orden municipal” de llevármelo antes de las ocho de la mañana.
Craso error porque a mí las sábanas se me pegan más que un estribillo en verano. Así que con mi habitual tranquilidad en estas cosas me he plantado en el coche una hora más tarde de lo permitido.
Y ¿qué he visto al llegar? Ese monstruo que es mi peor pesadilla llamado “grúa municipal”, del que se ha bajado un “malhumorado municipal” con un agresivo “tono de voz municipal” dispuesto a plantarme un “multón municipal” con el consiguiente traslado de mi coche al “depósito municipal”.
Y esta Miss, que tiene ya experiencia en estas lides, ha sacado su mejor “cara de Miss” y su suave “tono de voz de Miss”, cubriendo los espacios entre palabras con su “sonrisa de Miss” y sus disculpas de “¡Mira señor Munipa, no te lleves mi coche que me haces un roto enorme y mañana me tengo que tomar unas copas!” disfrazadas de “no lo volveré a hacer, discúlpeme señor agente, usted sí que es el verdadero cumplidor de la ley y no yo, que no soy más que una tonta que ha dejado el coche mal aparcado”. ¡Y me la ha perdonado!
Tres veces, tres, he usado esta socorrida técnica en momentos previos a la papeleta y tres veces, tres, me he librado de ella. El perfil del guardia en cuestión es: hombre de mediana edad que o bien podría perfectamente tener una hija con la mía o bien estaría encantado de tener una pareja de mi edad… ¡no falla!
Si es que los hombres a veces son tan previsibles que asusta.
Hubo una cuarta vez en que puse en marcha el mecanismo antimultas y no conseguí nada. ¿La razón? el Municipal en esta ocasión era una mujer y las mujeres no perdonan a una de las suyas aunque les demuestres que eres la mejor tía del planeta…
Si es que las mujeres a veces son(mos) tan previsibles que asusta.
Todo esto viene a confirmar dos teorías: que con una sonrisa y educación se consigue mucho más que a las malas y que las mujeres entre nosotras somos muchas veces nuestras más feroces enemigas…triste pero cierto (lo segundo, no lo primero).
Todo esto viene a concluir dos nuevas opciones de futuro en mi vida: que sonreiré educamente siempre que pueda y que a partir de ahora me acicalaré más por las mañanas para estos hombres que velan por nuestras calles, no vaya a ser que tenga que tirar de manual de nuevo.
Y no me considero nada machista, pero es que total, si es “agenta” me pondrá la multa porque no le gusta alguna tontería como mi color de labios de ese día…



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