Monthly Archive for December, 2008

Use your illusion II

Muchos cambios en el trabajo y muchos planes de fin de semana hicieron llevadero Julio. De lo primero salí (creo) airosa y de lo segundo (sé) feliz: llegó Olivia, CBM, paella en el norte y mi grupo de amigos festivaleros con los que pude, por fin, ver al último de los playboys internacionales. ¡Qué hombre! Enorme.

Y en Agosto, al fin vacaciones. Tras la decepción Kravitz-RIR y con necesidad de coger ideas para mi recién iniciado blog (gracias!), no pude hacer otra cosa más que poner rumbo a tierras cálidas y aguas cristalinas. Horas y horas de sol sin hacer n-a-d-a. Maravillosa combinación para unas vacaciones. Y mientras descubríamos los paraísos que nos aguardaban, sonaba Giusy.

La vuelta en Septiembre como todos los años fue dura. Para remediarlo, decidí matricularme de árabe (por si mi vida hasta el momento no tenía suficiente emoción). También llegó Casilda. Me quedé (me quedaron) sin saber quién es en realidad esta chica y me dediqué por lo tanto a planificar el resto de mi agenda hasta el fin de año.

En Octubre vino mi hermanísima unos días: pase-amos, restaurante-amos, compr-amos y aún así nos quedó tiempo para acercarnos a ver un concierto a la desaparecida (?) Riviera. Mítico día, por lo inusual de la compañía. De todas formas, y lejos del circuito menos convencional, me sigo quedando con Amaral y ese final de tintes afrancesados con Refree sentado al piano de cola. Fue, parafraseando otro de sus temas, el momento perfecto y el lugar correcto.

Y con Noviembre llegó (más) la crisis y se empezaron a notar (más) los efectos de que el ocio nocturno interesa a los responsables cuando interesa. Eso sí, sigue sin interesar a los que velan por nuestra salud y permiten las intoxicaciones a las que nos someten con ese alcohol de tercera regional que pagamos a precio de oro. Yo creo que no fui la única que se dedicó casi exclusivamente a las cervezas aquel día de concierto, en un intento de preservar el aparato digestivo.

Si me léeis de vez en cuando, ya sabréis que Diciembre llegó cargado de bodas y de anuncios de futuras nupcias. Diciembre también llegó cargado de cenas con amigos y compañeros, de amigos invisibles y sobre todo de endiablados amigos visibles una noche de cocido.

En resumen, un 2008 cargado de horas de trabajo que he intentado contrarrestar con cuantos planes interesantes han estado a mi alcance. Me alegro al menos de haber mantenido constante mi puntuación del frikitest, que no es poco. El 2009 viene igual de fuerte así que yo, por el momento, voy a coger fuerzas estos días de remate del año.

A todos los que habéis llegado hasta aquí: ¡Feliz 2009! ¡Nos vemos en la red!

Use your illusion I

A punto de cerrar el año, me he propuesto hacer un particular y personal repaso a estos últimos meses. El resumen se hace fácil: trabajo, música y amigos, perdón AMIGOS, con mayúscula. Las conclusiones vendrán al final, aunque ya preveo por dónde van a ir los tiros…

Empecé Enero como cada año con cientos de buenos propósitos y planes. A esto podemos sumar el nerviosismo paralelo por lo que pasaba a mi alrededor, laboralmente hablando. Demasiadas novedades en poco tiempo a las que sobreviví con horas y horas seguidas de, para mi sorpresa, una canción de los monos que me gusta y sonó incansablemente y a tope en mis cascos.

Febrero no fue mucho mejor, intervención en quirófano incluída. Colaboraron algo a mejorar la cosa Sune y Sharin un helador domingo por la noche. Mi ovación para mis amigos, que esperaron una hora a que recogiera el abrigo del ropero pudiendo ellos irse a casa ¡alucinante! Meses después volvimos a verles, pero ésa ya es otra historia.

En Marzo me cayó la tercera decena. Algo curioso: por primera vez en mi vida no lo celebré. Algo curioso 2ª parte: por primera vez no me importó cumplir años. Digan lo que digan, el maquillado Robert se portó y yo me emocioné con algunas fotos tuyas.

Abril en el Panteon, abril con un tartuffo en Navona, abril con los zapatos mojados porque caía la lluvia sin parar. Roma con amigas y tiempo libre, no se puede pedir más. Y descubrí a Negramaro, que vinieron para quedarse. Y descubrí quién es Lorenzo Cherubini. Todo a la vez.

Recordaré Mayo como el mes en que la naturaleza se vengó de mí por mi poco apego hacia ella y me envió a toda suerte de bichos que me dejaron hecha un asquito. Genial esa partida de cluedo en directo y esos días de vacaciones en casa. Ya en Madrid, con las pilas cargadas, convencí a una amiga un domingo para acercarnos hasta una minúscula sala y nos fuimos a ver a Lourdes o Russian Red, que tanto da. Fue casi mágico, espectacular. Sólo ella, nosotros y el humo de los cigarrillos.

Junio marcó el comienzo de una etapa. Una barbacoa en Segovia tuvo para mí el mejor de los finales: redescubrir a una Reina. Fue, sin duda, un buen día. Y aunque a los Planetas les vimos un mes después, lo pongo aquí porque les vimos juntas. ¡Qué grande eres, nena!

Continuará…

It’s got to be…perfect!

Hoy he tenido un día difícil, de ésos que mortifican al espíritu. Un día de ésos en los que piensas en las vacaciones mil veces y te arrepientes más de un millón de ellas de no haber fingido un catarro para no salir de la cama en todo el día. Un día de ésos.

Y justo cuando pensaba que mi día ya no podía terminar mejor que acostándome con mi pijama y mis sábanas limpias (indudablemente una de las mejores sensaciones que conozco), he abierto el buzón y lo he visto: me ha llegado un CD que compré por internet hace unos días. ¡Genial! Ha sido toda una sorpresa y, por una vez a lo largo del día, agradable.

Así que ahora estoy con el disco sonando en casa y una copa de vino mientras leo a gente que no conozco y pienso en qué cosas meter en la maleta para mañana. Y aunque estoy muerta de cansancio, éste es, como diría un buen amigo, un momento perfecto: la soledad de la noche, la compañía de la música y el abandono del sueño.

Y al final ¿no son estos momentos perfectos los que completan de tal forma la vida que sabes sin lugar a dudas que quieres seguir viviéndola? Que ya sé que es un tópico decirlo y que el concepto está manido pero insisto ¿no son los pequeños momentos felices los que hacen que te olvides de enormes problemas?

En una especie de David contra Goliat de los momentos, la honda volvería a ponerse de parte del pequeño y bueno, venciendo al enorme y malo igual que en la historia bíblica.

Y a lo mejor es cierto que con el paso del tiempo me estoy volviendo conformista y cada vez exigo menos a mi vida (esto último sólo a lo mejor). Puede ser, no voy a hacer ahora el análisis porque no he bebido el suficiente vino como para estar mentalmente inspirada, pero es que estoy en un momento perfecto y mi vida inconformista, se ponga como se ponga, no tiene derecho a estropeármelo.

Everybody else is doing it, so why can’t we?

En estas fechas, me llena de orgullo y satisfacción parece que lo que toca es desear a todo el mundo unas felicísimas fiestas y una aún mejor salida y entrada del nuevo año.

Igual que las celebrities, he pensado que la mejor manera de hacerlo era con una foto de la familia al completo. Me ha costado un triunfo que se estuvieran quietas pero al final lo he conseguido. Aquí tenéis la foto de este año, mis dos nenas felicitando la Navidad:

Casilda está cansadísima estos días (ha trasnochado mucho) y no ha querido ponerse de pie para enseñar su precioso vestido rojo. Dice que ya sabe que lo hemos comprado a una chica de Japón y que es espectacular pero que ella necesita sobre todo estar tranquilita junto al árbol.

Olivia sin embargo, está impaciente por salir a la calle con el patinete que nos ha regalado un amigo invisible al que todas deseamos lo mejor. Como es muy coqueta, se ha puesto el vestido de fiesta pero combinándolo con unas Converse a tono.

No puedo negar que se parecen a la madre. Ya sabéis “genio y figura…”

Por lo demás, he estado espiando la carta a los Reyes Magos que han escrito esta mañana. Además de cositas para ellas (Olivia quiere ir a la peluquería y Casilda quiere ponerse lentillas) se han acordado de mí y les han pedido que me traigan:

  • Un curso de fotografía o en su defecto unas nociones básicas de Photoshop para poder enseñar fotos más presentables que hasta ahora.
  • Un manual de instrucciones “for dummies” para poner un radioblog y no tener así que estar tirando de Youtube todo el día en esta página.
  • Una nueva Blythe (en esto yo no he querido decepcionarlas, pero lo veo muy complicado por el momento)

Por mi parte, poco más que añadir: felicidad para todos a raudales, no sólo para estos días sino para los que vienen y que todos podamos seguir viéndolos (los de unos y los de otros).

Termino por hoy con una canción navideña (¡cómo no!) cortesía de DCFC.

Dame estrellas o limones

Miro aburrida por el ventanal. Igual que esa genial Familia de Donosti.

En poco más de una semana estaré de vuelta: de vuelta a mi primera vida, de vuelta a mis amigos de siempre, de vuelta a casa. De vuelta.

Da la sensación de que allí las cosas no cambian. Es curioso porque parece que tampoco lo hacen en mi hogar adoptivo. Quizá ahí esté la gracia del asunto.

Dudo que salga mucho de casa esos días. Tengo mono de hogar y el frío me cansa, me agota. Tengo ganas de fiesta, de que acabe el invierno, de volver a nadar en el mar. En mi playa o en mi piscina, donde aún me recuerdan con mi corazón azul, de nadadora.

Serán sólo unos días, los suficientes para olvidarme de lo demasiado que pesan la rutina, el trabajo y la vida en la ciudad y añorar lo bien que se estaba allí, mientras estudiaba, con esa tonta sensación de libertad que se tiene cuando crees que eres mayor.

Aprendí de la canción que hay que cerrar siempre bien tu pequeño mundo porque en él podrás curar cualquier herida. Remedio eficaz donde los haya. Y aunque largo es el camino de regreso, mi pequeño mundo se cierra en casa: a salvo de problemas, a salvo de prisas, a salvo de madrugones.

En definitiva, unos días en los que volveré a ser la que era: sin plurks ni twitters, sin trabajo ni responsabilidades, sin consultores ni programadores, sin salir los martes ni los miércoles.

Miss Understood volviendo a Miss Understood, riéndome con mi risa infantil mientras veo cohetes naranjas y pinto estrellas de plata.

Tesoros del pensamiento

Hace algunos años, una noche en Barcelona aprendí una de las lecciones que más me han servido en la vida: “En una fiesta, lo que no puede fallar es el refresco”.

El pensamiento venía de un visionario que decidió predicar con el ilustrador ejemplo y su moraleja y acabó bebiéndose chupitos de vodka a pelo ante la falta de refresco. Acabó fatal. Y es que tenía toda la razón: en una fiesta se puede acabar el alcohol porque puedes beber sólo refresco pero no se puede acabar el refresco porque (normalmente) no puedes beber sólo alcohol.

Tanta sabiduría no podía venir más que de un amigo de Roglet. Ayer le ví otra vez, a Roglet, digo. Hacía mucho que no nos veíamos pero ayer fui a una boda en la que se(nos) reencontraron(mos) viejas glorias de tiempos pasados y… ¿mejores?

Y entre copa y copa escuché otra píldora de sabiduría, en este caso sobre la soltería en la treintena. Sabiamente dijo: “Para casarme pronto ya voy tarde así que esperaré a casarme mayor”.

Simplemente genial.

Pasando de teorías negativas y pesimistas sobre vestir santos y arroces pasados.

Pasando de clichés y topicazos sobre que los hombres huyen del compromiso.

Pasando de ideas catastrofistas sobre el no encontrar a esa supuesta media naranja que todos tenemos.

Simplemente genial.

Mientras escribo este post estoy con el pensamiento puesto en que lo lea todo aquél que ayer me preguntó que cuándo iba a ir por fin acompañada a una boda o aquél que me dijo que soy como una de esas viejas solteronas con miles de gatos en casa, sólo que sustituyendo los gatos por las Blythe.

Si me estáis leyendo, simplemente os digo lo siguiente: “yo es que para casarme joven voy algo tarde así que esperaré a casarme mayor, eso sí, tened por seguro que en mi boda habrá refresco a tope”.

Belleza robada

Hay una frase que hace tiempo que no digo: “Yo conozco a esta persona”. Antes la decía pero hace mucho que la he eliminado del repertorio porque considero que hay muy poca gente a la que conozco de verdad.

El ser humano tiene muchas miserias que oculta a los demás y paradójicamente aparecen en los momentos más inapropiados.

Una vez invité a unos amigos a cenar a casa. Lo pasamos bien, ésa es la verdad. Me reí mucho y consideré la reunión todo un éxito. Hasta el día siguiente, claro.

Cuando me puse a recoger me di cuenta de que “por arte de magia” habían desaparecido un vaso y un mantelito. Como dice mi amigo el Blondie que es muy feo acusar de robo, no voy a decir que me robaron un vaso y un mantelito; voy a decir simplemente que ambos objetos hicieron como el enano de Amélie y decidieron dar un nuevo rumbo a sus vidas. Ahora bien, creo que a nadie se le escapa (se ponga el Blondie como se ponga) que alguno se los quedó de recuerdo.

Algo parecido le ocurrió hace años a una de mis amigas. En aquella época salíamos con un grupito de chicos y una tarde mi amiga nos invitó a todos a su casa a ver una peli de ésas que nos sabemos los diálogos (ellos flipados con nuestros textos aprendidos de memoria, claro). Cuando la peli terminó, empezaron los vídeos que había grabados a continuación. Ése era su verdadero tesoro.

Por aquel entonces (cuando ignorábamos por completo que algún día existiría Youtube y podríamos ver todos los vídeos que quisiéramos) tener una canción grabada de la tele en el que aparece un modelo inglés con el que has compartido experiencias mientras estás trabajando en Londres para aprender el idioma, creedme, es mucho.

Los chicos, además de no entenderlo, consideraron que era más interesante un vídeo que apareció a continuación. Creo que eran Guano Apes.

Pues bien, igual que mi vaso y mi mantel, la cinta VHS decidió poner un nuevo rumbo a su vida y abandonar a mi amiga, que lloró (en sentido figurado) la pérdida del único recuerdo de aquél chico modelo y de la película que tantas veces había disfrutado.

Y digo yo: ¿Qué clase de amigo es capaz de semejante bajeza? De verdad, yo no entiendo nada (de nuevo Miss Understood…)

Afortunadamente no me ha vuelto a suceder algo parecido y sigo “jugándomela” invitando a gente a mi casa. La diferencia es que ahora les hago firmar un inventario de objetos que no presto de por vida.

Esto último pretendía ser irónico, por cierto.

En fin, que considero que he cumplido mi parte avisando de que la gente, a veces, hace cosas que ni esperas ni comprendes. Sin más, paso a dedicar a mi amiga su vídeo perdido. Chicas, sí, ¡¡ella le conoció!!