Nunca he sido muy fan de Nicole Kidman. Ni cuando era pelirroja, ni ahora que es rubia platino. Ni cuando tenía pecas, ni ahora que tiene la cara cual muñeca de porcelana. Ni cuando cantó con Ewan McGregor (ahí sólo la envidié un poco), ni cuando cantó con Robbie Williams.
A pesar de no ser su fan, reconozco que esta semana me ha parecido la más grande (con permiso, claro está, de “la más grande”).
Leo en los periódicos unas declaraciones suyas asombrosas sobre aguas mágicas australianas que han hecho que se quede embarazada. Embarazada y loca, añado.
Vamos a ver, vamos a ver…¿cómo puede una persona aparentemente cabal pensar que se ha quedado embarada porque se ha sumergido en unas misteriosas aguas que han ayudado en su fertilidad?
Nicole ¿no será que acostumbrada a tu ex-marido supuestamente sacarino (de los que endulzan pero no engordan) ya no contabas con quedarte embarazada? ¿No será que has tenido mucho tiempo libre durante el rodaje y te has dedicado a los placeres de la carne, al igual que tus otras compañeras de reparto? Y claro, tanto va el cántaro a la fuente…
En mi opinión, esto tiene pinta de montaje publicitario pro-turismo y a partir de ahora las famosas aguas se van a convertir en una especie de Meca del embarazo. Tiempo al tiempo.
Así que si de mi dependiera, Nicole iba a pasarse sentadita unas horas viendo ese anuncio de la tele que parece que ella jamás vio. Sí, sí, el de “papá pone una semillita en mamá…” porque a estas alturas de la vida, me da un poco de miedo que en un futuro hable de que su próximo hijo lo ha traido una cigüeña volando de Paris.
Un poquito de rigor, Nicole, un poquito de rigor…





Comentan