Leo en el blog de un amigo que hoy es el BlogDay, así que me pongo manos a la obra a actualizar…
Quiero abrir una sección sobre las elecciones difíciles que se presentan de vez en cuando en la vida. No hablo de cosas como “mar o montaña?”, algo que no me plantea ningún tipo de dilema sino de realidades que de verdad importan.
Una de éstas apareció por casualidad en mis vacaciones en Italia. Paseando por el sitio más cool de todos los tiempos me encontré en un escaparate con un cojín decorativo que rezaba lo siguiente:
¡Toma ya! Live or Diet, ni más ni menos…
Ni que decir tiene que en Italia lo tienen claro, lo del “Diet”, digo. No deja de ser chocante que se planteen siquiera la otra opción, a juzgar por los cuerpos que pasean por allí.
Pero ¿y en el resto de los casos? ¿se puede prescindir de las terrazas en verano? ¿de las siempre bienvenidas cenas con amigos? ¿de las copas al salir de la oficina?
¿Se puede prescindir de las comilonas de trabajo? ¿quién es capaz de decir que no a unas aceitunas de ésas carnosas que acompañan a una cañita (o dos) bien tirada?
Y es que es muy grande el esfuerzo que supone para el cuerpo dedicarse a vivir. Igual de grande que el esfuerzo que supone para la cabeza dedicarse a hacer dieta.
Recién llegada del descanso veraniego y mirando con temblores en las piernas el tamaño de mi ropa de invierno, el dilema no es tal. Ya veremos qué pienso la semana que viene.
Lo dicho… live or diet


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